Trastornos
psicológicos y daño físico, principales afectaciones de la
contaminación auditiva
Distorsiones en
la comunicación y en la convivencia social, cuando el ruido
rebasa los umbrales de tolerancia del oído humano
Noticiero Antena Radio / 107.9
de FM y 1220 de AM,
7 de mayo de 2008
Este sábado, a
través de Tele Fórmula y Radio Fórmula, y en el programa
El Show de la Belleza, conducido por Fernando Correa,
estuvo como invitado nuevamente el Lic. Francisco Calderón
Córdova, quien abordó algunos aspectos importantes sobre la
contaminación ambiental generada por el ruido, las
afectaciones que tiene en la convivencia social y los muy
diversos daños que causa en la salud humana.
El especialista
en temas ambientales explicó al auditorio que si bien la
contaminación auditiva no es percibida visualmente por el
ser humano, pues no se acumula como la contaminación del
aire o de los cuerpos de agua, por otra parte sí nos causa
molestias y daños a la salud igualmente peligrosos. Estas
afectaciones pueden darse tanto en el plano psicológico como
en el físico de las personas; el ruido interfiere en los
ciclos normales del sueño y, por tanto impiden el adecuado
descanso y la recuperación de la energía en el organismo.
Consecuentemente, el sistema nervioso comienza a tener
afectaciones que pueden evolucionar a padecimientos físicos
de consideración, diferentes a la afectación directa que
pudiera tener el oído (fatiga, estrés, trastornos
gastrointestinales, entre otros).
Fernando Correa
cuestionó la utilización de protectores para los oídos y
mencionó algunas molestias leves que resultan de su uso,
como -por ejemplo- en los viajes en avión. Francisco
Calderón comentó que recurrir a estos métodos tiene enormes
ventajas, sobre todo cuando en los lugares de trabajo
existen niveles muy altos de ruido generados por equipos
mecánicos y, además, no hay sistemas de amortiguamiento o
contención del ruido. Explicó que en muchas ocasiones el
rendimiento escolar de los niños es muy bajo y los padres no
pueden explicarse cuál es la razón, siendo la existencia de
ruido ambiental una causa potencial de la pérdida de
concentración, el desinterés en el estudio y la mala
comunicación entre las personas.

La intensidad del
sonido es ponderada a partir de la unidad de medida llamada
"decibel", explicó Calderón Córdova, y existe una escala que
explica los diferentes niveles de percepción y tolerancia
que tiene el oído humano de éste. Así, cuando el sonido
alcanza los 70 u 80 decibeles de intensidad, es cuando
potencialmente comienza a haber afectaciones psicológicas e
incluso ciertos daños físicos en el aparato auditivo. El
daño puede no ser percibido de manera inmediata por la
persona, ya que el oído humano comienza a adaptarse y
aumenta su tolerancia al ruido; sin embargo, al paso del
tiempo surgirán síntomas como la pérdida de la capacidad
auditiva o problemas de tipo neurológico. La frecuencia e
intensidad del ruido -explicó el especialista- son
determinantes para la magnitud del daño, pues si bien
podemos percibir que un ruido es muy leve pero estamos
expuestos a éste durante ocho o más horas, sin lugar a dudas
nos afectará. Cuando una persona alcanza y rebasa el umbral
de los 180 decibeles de ruido (lo equivalente a estar parado
atrás de un avión despegando), la pérdida total del oído es
un hecho, señaló.


Como medidas
preventivas para evitar consecuencias negativas sobre la
salud a causa del ruido, Francisco Calderón dijo que resulta
muy adecuado conocer la normatividad que en la materia
exista en el país o ciudad donde habitemos. En México, la
normatividad vigente establece límites muy claros -en grados
de decibeles- para aquellas fuentes generadoras de ruido
(como establecimientos comerciales y de servicios) y
mediante los que se busca, desde luego, proteger la salud de
la población. Sobre todo, subrayó, el ruido es un causante
protagónico de la pérdida de la comunicación y de fuertes
conflictos entre vecinos por su capacidad de alterar la
convivencia. Así, por ejemplo, si en una unidad habitacional
un grupo de jóvenes tienen un grupo musical y realizan sus
ensayos en un departamento, eso está muy bien y debemos
festejar su sana iniciativa; sin embargo, es ideal que, para
no afectar a sus vecinos con el alto volumen de los
instrumentos, se coloquen sistemas de reducción o absorción
del ruido (con materiales tan económicos como el unicel,
conglomerados esponjosos o los tradicionales cartones de
huevo).
En la Ciudad de
México, señaló Calderón Córdova, las personas que se sientan
afectadas por la contaminación auditiva pueden acudir a las
autoridades ambientales para denunciarlo y buscar así una
solución. Desafortunadamente, sabemos que más del 80% de la
contaminación auditiva que existe en las más importantes
ciudades del país y del mundo, es generada por el tráfico
vehicular en las calles, para lo que -en el mejor de los
casos- existe poca normatividad y menores sanciones. Como
una recomendación para los conductores de automotores, el
especialista invitó a no utilizar el claxon o aditamentos
ruidosos en los escapes de los vehículos.

En la parte final
de El Show de la Belleza, Francisco Calderón
respondió algunas dudas del auditorio. Respecto al uso de
los audífonos para escuchar música (una práctica muy
extendida entre los jóvenes), dijo que si es moderado y en
una escala de volumen adecuada para el oído, no hay la
posibilidad de tener afectaciones. Pero si de manera
permanente se oye la música muy alta, debemos recordar que
los efectos son acumulativos y tarde o temprano padeceremos
las consecuencias. En referencia al ruido generado en un
criadero de gallos y que molesta mucho a los vecinos, el
especialista recomendó acudir a las autoridades
correspondientes a fin de revisar si el establecimiento en
cuestión cuenta con los permisos de uso de suelo y/o
mercantiles. Finalmente, Calderón Córdova apeló al sentido
común y a la educación de la gente, pues sólo así se
entenderá la importancia de considerar el bienestar y la
calidad de vida de las personas con las que se convive
cotidianamente.▄