La
jardinería se ha considerado, por muchas generaciones,
una actividad que brinda tranquilidad y alegría a
quienes la realizan. De hecho, hay culturas -como la
inglesa- que tienen arraigada profundamente esa
práctica.
Resulta que esto tiene una seria explicación científica
y se ha descubierto que los microbios del suelo tienen
efectos similares en el cerebro a los que tienen
medicamentos como el Prozac, sin los efectos secundarios
negativos y sin el potencial de dependencia y síndrome
de abstinencia que éste causa. En el 2007, un estudio de
la Universidad de Bristol, en Inglaterra, liderado por
el doctor Christopher Lowry y publicado en la revista
científica Neuroscience, identificó que una
bacteria específica presente en los suelos con
condiciones saludables -Mycobacterium Vaccae- puede
aliviar la depresión.

La
investigación fue motivada, en primera instancia, por la
sugerencia formulada por algunos investigadores en el
sentido de que el fuerte aumento de los casos de asma y
alergias durante el siglo pasado podría deberse a
nuestra obsesión de vivir en espacios demasiado limpios
(obsesión alimentada por la publicidad de productos de
limpieza y en la que las bacterias -así, en general, se
convierten en el principal enemigo de las personas). Se
descubrió que los “microbios felices” que están en el
suelo causan un aumento en los niveles de citocinas, lo
que conduce directamente a una mayor producción de
serotonina (un importante químico y neurotransmisor en
el cuerpo humano que ayuda a regular el estado de ánimo,
el comportamiento social, el apetito, la digestión, el
sueño, la memoria, el deseo y la función sexual).
La
falta de serotonina en nuestro organismo está
directamente relacionada con la depresión, la ansiedad,
el trastorno obsesivo convulsivo (o TOC) y los
trastornos bipolares.
El
estudio de la Universidad de Bristol probó mediante la
inyección del Mycobacterium Vaccae en ratas, que la
capacidad cognitiva, el menor estrés y una mejor
concentración eran beneficios notables que duraban en
promedio tres semanas. Adicionalmente, hay
investigaciones sobre los beneficios de esta bacteria
para tratar la Enfermedad de Crohn e incluso la artritis
reumatoide.
En
resumen, los resultados de esta investigación sugieren
que simplemente con inhalar la Mycobacterium Vaccae (lo
que es posible dando un paseo por la naturaleza o
realizando jardinería), podría ayudar a lograr estados
mentales de mayor alegría. El doctor Graham Rook,
inmunólogo de la Universidad College London y coautor
del artículo que hoy comento, sugiere que también
podemos ingerir microbacterias a través de fuentes de
agua o comiendo plantas -como la lechuga o la zanahoria-
cultivadas en nuestro jardín o mediante métodos que no
impliquen una exagerada asepsia de los alimentos.

La Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que el 95% de nuestros alimentos son
directa o indirectamente producidos en el suelo; que los
suelos juegan un papel clave en el ciclo del carbono y
en la adaptación y combate del cambio climático (la
mayor parte del carbono orgánico del mundo está
almacenada en los suelos); que una tercera parte de los
suelos en el planeta están moderada o altamente
degradados; pero que el 28% de las tierras agrícolas del
mundo producen cultivos que se desperdicia y, de paso,
despilfarran 250 kilómetros cúbicos de agua.
En fin, ésta es sólo una breve reflexión para invitarnos
a replantear cuál es la relación que tenemos en estas
épocas modernas con el suelo y, sobre todo, el papel
fundamental que éste tiene en el equilibrio de nuestra
salud.
Así que, como prácticamente todos los sábados después
del programa de Zona Verde, me preparo ahora a comenzar
mis labores de jardinería con un poco de más
entendimiento del porqué esta actividad me resulta tan
placentera y me relaja como pocas otras cosas.
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