Hace
unos días, la prestigiosa revista Science Advances
(de la Asociación Americana para el Avance de la
Ciencia) dio a conocer los resultados de un estudio
coordinado por la Administración Nacional Oceánica y
Atmosférica que revela que tres cuartas partes de los
océanos del mundo están registrando una preocupante y
sorprendente aceleración. Este fenómeno, atribuido al
calentamiento global y que no se esperaba apareciera
sino hasta finales del siglo (cuando el calentamiento
fuera más avanzado), se manifiesta con vientos más
rápidos que están agregando más energía a la superficie
del océano e incrementando la velocidad de circulación
de la mayoría de las corrientes marinas.
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Una de las consecuencias más nítidas de este
hecho está siendo la redistribución de las zonas
de calor en todo el planeta, lo que causa ya la
muerte masiva de corales, la agitación en la
pesca, el derretimiento de las capas de hielo en
Groenlandia y la Antártida, olas de calor
intensas y el aumento acelerado del nivel del
mar. De acuerdo con Michael McPhaden,
investigador de la Administración Nacional
Oceánica y Atmosférica, el 76% del océano se
está acelerando en el nivel de los dos mil
metros superiores de su superficie, lo que es
más evidente en los mares tropicales y
particularmente en el Pacífico. Junto con la
Academia de Ciencias de China y otros expertos
de los Estados Unidos y Australia encontraron
que, desde la década de los noventa, la
velocidad del viento sobre el océano ha tenido
un aumento global de su velocidad del orden del
2% por década y en las corrientes marinas el
incremento en su velocidad ha sido del 5%
aproximadamente. |
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Probablemente, estos cambios en la superficie marina no
sean percibidos muy fácilmente si nos encontramos en la
proa de un barco; pero sí representan un cambio enorme y
un tremendo aporte de energía a los vientos en todo el
orbe.
La Tierra podría ser mucho más sensible al cambio
climático de lo que las simulaciones a través de modelos
atmosféricos muestran actualmente, pues a pesar de que
los científicos no pueden probar que el cambio que han
detectado se debe únicamente a los gases de efecto
invernadero, por otro lado, éstos sí son mucho mayores a
los asociados con la variabilidad o ciclos naturales de
los océanos.
Según lo explican científicos de la Universidad de Nueva
Gales del Sur, en Sydney, en los últimos 25 años el
nivel del mar se han elevado y su manifestación más
clara ha sido un aumento en la redistribución del calor
alrededor del planeta. Expertos de la Universidad de
Texas en Austin, aseguran que en la región del Atlántico
Norte la circulación de vuelco meridional -o AMOC, por
sus siglas en inglés- no se mueve más rápido, sino lo
hace más lento; lo que no es necesariamente
contradictorio dada la densidad del agua fría y su
potencial influencia para redistribuir el agua caliente
en otras zonas del planeta.

Lo que sigue es estudiar los impactos regionales que
tendrá, en el corto y mediano plazos, este fenómeno
identificado de manera global por los científicos; para
que, de esta manera, las regiones y naciones del mundo
comiencen a tomar decisiones sobre las medidas de
adaptación que habrá instrumentar de frente a, por
ejemplo, la transformación de las fronteras costeras, el
incremento de los vientos y el aumento de la fuerza
destructora de los huracanes o la presencia de
temperaturas extremas en regiones usualmente templadas.
Todos estos son desafíos que debemos estar contemplando
desde ahora para garantizar el bienestar de las
poblaciones actuales y futuras, lo que requiere -sin
lugar a duras- de la canalización de enormes recursos
económicos, materiales, tecnológicos y humanos. Por
ello, es urgente -ahora más que nunca- que elevemos la
prioridad de los criterios ambientales de nuestras
políticas públicas y en la toma de decisiones en todos
los ámbitos, públicos y privados, de la actividad
nacional.
“Éste es otro síntoma”, como se titula el artículo de la
revista Science Advances, y más nos vale tomarlo
en cuenta si a lo que aspiramos es a un desarrollo
saludable y sustentable para nuestro país.
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