Aceleración de vientos y corrientes marinas propicia cambio en patrones climáticos 

 

  • Por el calentamiento global, el 76% del océano se está acelerando en el nivel de los dos mil metros superiores de su superficie, lo que es más evidente en los mares tropicales y particularmente en el Pacífico

  • Lo que sigue es estudiar los impactos regionales que tendrá, en el corto y mediano plazos, este fenómeno identificado de manera global por los científicos; urgen mayores recursos para acciones de adaptación en el país

 

ZONA VERDE / Radio Centro 1030  / Columna de Francisco Calderón Córdova / Grupo Radio centro /  8 de febrero de 2020.

 

Hace unos días, la prestigiosa revista Science Advances (de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia) dio a conocer los resultados de un estudio coordinado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica que revela que tres cuartas partes de los océanos del mundo están registrando una preocupante y sorprendente aceleración. Este fenómeno, atribuido al calentamiento global y que no se esperaba apareciera sino hasta finales del siglo (cuando el calentamiento fuera más avanzado), se manifiesta con vientos más rápidos que están agregando más energía a la superficie del océano e incrementando la velocidad de circulación de la mayoría de las corrientes marinas.

 

Una de las consecuencias más nítidas de este hecho está siendo la redistribución de las zonas de calor en todo el planeta, lo que causa ya la muerte masiva de corales, la agitación en la pesca, el derretimiento de las capas de hielo en Groenlandia y la Antártida, olas de calor intensas y el aumento acelerado del nivel del mar. De acuerdo con Michael McPhaden, investigador de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, el 76% del océano se está acelerando en el nivel de los dos mil metros superiores de su superficie, lo que es más evidente en los mares tropicales y particularmente en el Pacífico. Junto con la Academia de Ciencias de China y otros expertos de los Estados Unidos y Australia encontraron que, desde la década de los noventa, la velocidad del viento sobre el océano ha tenido un aumento global de su velocidad del orden del 2% por década y en las corrientes marinas el incremento en su velocidad ha sido del 5% aproximadamente.

Probablemente, estos cambios en la superficie marina no sean percibidos muy fácilmente si nos encontramos en la proa de un barco; pero sí representan un cambio enorme y un tremendo aporte de energía a los vientos en todo el orbe. 

La Tierra podría ser mucho más sensible al cambio climático de lo que las simulaciones a través de modelos atmosféricos muestran actualmente, pues a pesar de que los científicos no pueden probar que el cambio que han detectado se debe únicamente a los gases de efecto invernadero, por otro lado, éstos sí son mucho mayores a los asociados con la variabilidad o ciclos naturales de los océanos. 

Según lo explican científicos de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Sydney, en los últimos 25 años el nivel del mar se han elevado y su manifestación más clara ha sido un aumento en la redistribución del calor alrededor del planeta. Expertos de la Universidad de Texas en Austin, aseguran que en la región del Atlántico Norte la circulación de vuelco meridional -o AMOC, por sus siglas en inglés- no se mueve más rápido, sino lo hace más lento; lo que no es necesariamente contradictorio dada la densidad del agua fría y su potencial influencia para redistribuir el agua caliente en otras zonas del planeta. 

 

 

Lo que sigue es estudiar los impactos regionales que tendrá, en el corto y mediano plazos, este fenómeno identificado de manera global por los científicos; para que, de esta manera, las regiones y naciones del mundo comiencen a tomar decisiones sobre las medidas de adaptación que habrá instrumentar de frente a, por ejemplo, la transformación de las fronteras costeras, el incremento de los vientos y el aumento de la fuerza destructora de los huracanes o la presencia de temperaturas extremas en regiones usualmente templadas. 

Todos estos son desafíos que debemos estar contemplando desde ahora para garantizar el bienestar de las poblaciones actuales y futuras, lo que requiere -sin lugar a duras- de la canalización de enormes recursos económicos, materiales, tecnológicos y humanos. Por ello, es urgente -ahora más que nunca- que elevemos la prioridad de los criterios ambientales de nuestras políticas públicas y en la toma de decisiones en todos los ámbitos, públicos y privados, de la actividad nacional. 

“Éste es otro síntoma”, como se titula el artículo de la revista Science Advances, y más nos vale tomarlo en cuenta si a lo que aspiramos es a un desarrollo saludable y sustentable para nuestro país.

 

 


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