Recordemos
que durante el mes de noviembre del 2002, en la
provincia de Cantón, en China, surgió el virus SARS-CoV,
que originó la epidemia del Síndrome Respiratorio Agudo
principalmente el en sudeste asiático.
De las poco más de ocho mil personas infectadas en todo
el mundo, se calcula que la tasa de mortalidad por este
coronavirus estuvo alrededor del 13 por ciento, y se
especula que su origen fue el contacto humano con
pequeños mamíferos.
Hoy, 18 años después, una nueva epidemia causada por un
coronavirus desconocido y denominado 2019-nCoV -y que es
causante de la neumonía de Wuhan- hace su aparición
nuevamente en el territorio chino y ha encendido todas
las alarmas en el mundo por su agresividad y
relativamente rápida propagación.
Hasta el día de hoy, se especula que el origen del
coronavirus de Wuhan podría ser la transmisión a los
humanos por serpientes o murciélagos de aquella región
asiática, pero éstas son todavía hipótesis a tres
semanas del surgimiento de la epidemia y que habrá que
demostrar.

En todo caso, para muchos no es sorpresiva la aparición
de este tipo de epidemias que, de hecho, la Organización
Mundial de la Salud espera ya desde hace algunos años y
a la que ha nombrado como la “enfermedad X”.
“La
próxima epidemia mundial -dice la OMS- será algo nunca
visto; puede originarse por una mutación biológica, un
ataque bioterrorista, un accidente o por transmisión
animal, como ya ha ocurrido con el virus del Zika o el
Ébola. Los sistemas sanitarios deben extremar la
vigilancia y preparar vacunas y tratamientos”.
La esperada Enfermedad X todavía no ha sido descubierta
por la comunidad científica, pero su aparición pudiera
detonarse ante cuatro escenarios: primero, por la
mutación biológica de un virus conocido (como el de la
gripe o el VIH), lo que ya sucedió en 1918 con la gripe
española por la mutación de un virus aviar y que causó
alrededor de 40 millones de muertes en todo el mundo.
Segundo, la Enfermedad X pudiera ser un ataque
bioterrorista deliberado utilizando alguna arma química
fabricada por alguna nación hostil.

En tercer lugar, un accidente en la manipulación o
transporte de alguna cepa activa de un virus (como el de
la viruela o el coronavirus del Síndrome Respiratorio de
Oriente Medio).
Y el cuarto escenario que deriva de la intensidad de las
relaciones entre animales y humanos, ya sea por su papel
en la cadena alimenticia (como las aves) o por su
presencia en el medio ambiente (como el mosquito
transmisor del Zika).
Sin embargo, el calentamiento global está representando
ahora un nuevo flanco que amplía exponencialmente los
vectores de transmisión de distintos virus, muchos de
los cuales incluso hoy desconocemos y no ponderamos sus
efectos.
En una reciente publicación de Live Science
(revista virtual fundada en el 2004 y especializada en
ciencia, tecnología, salud y medio ambiente), se da
cuenta de un reciente estudio del núcleo de un glaciar
en la meseta tibetana del noreste de China en el que se
descubrieron 28 grupos de virus nunca antes vistos. Para
muchos, ésta es sólo la punta del iceberg.

De frente a la realidad del calentamiento global y del
derretimiento de glaciares en numerosas regiones del
globo, estudiar desde ahora a estos virus es de la mayor
relevancia para poder pronosticar escenarios
epidemiológicos futuros y, desde luego, prever la manera
en que la humanidad tendrá que hacerles frente.
No es fortuito entonces que otro importante grupo de
científicos, agrupados como el Boletín de los
Científicos Atómicos, manifiesten su pesimismo de frente
a la inacción de los gobiernos nacionales de frente al
desafío ambiental contemporáneo; esto lo han querido
denunciar acercando las manecillas del simbólico Reloj
del Día del juicio Final a la media noche.
El Reloj del Juicio Final -Doomsday Clock- es un símbolo
que representa la probabilidad de que suceda una
catástrofe global provocada por el hombre.
El Reloj -que es operado desde 1947- es una metáfora de
las amenazas que enfrenta la humanidad como el resultado
de los avances científicos y técnicos no controlados,
como lo podría ser una guerra nuclear y -hoy por hoy- el
calentamiento del planeta causado por las actividades
humanas.

Sin lugar a dudas, vivimos una paradoja inédita en la
historia de la humanidad: sabemos cuáles son las causas
de las amenazas que enfrentamos; conocemos las posibles
soluciones para prevenirles; pero quienes conducen los
pasos de la humanidad no están haciendo lo suficiente o
nada para alejarnos de la ruta del desastre.
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