No sólo daños pulmonares, sino en todos los órganos del cuerpo por aire contaminado

 

  • Células inmunitarias asumen que una partícula contaminante es una bacteria, así que persigue e intenta matarla liberando enzimas y ácidos que provocan procesos inflamatorios

  • El entusiasmo por la transformación del país debería colocar como una condición fundamental y de la más alta prioridad al cuidado del medio ambiente y su vínculo con nuestra salud

 

ZONA VERDE / Radio Centro 1030  / Columna de Francisco Calderón Córdova / Grupo Radio centro /  9 de noviembre de 2019.

 

Durante muchos años y como usted lo recordará, cuando hablábamos de contaminación ambiental, inmediatamente se le vinculaba a ésta con la mala calidad del aire y con sus pésimos efectos sobre la salud: molestias irritativas de ojos, nariz e incluso como un detonante de enfermedades respiratorias más severas. Generalmente, las medidas de contingencia tenían que ver con evitar estos efectos sobre la salud del sistema respiratorio y se imponían medidas como no hacer ejercicio al aire libre, sobre todo entre niños y personas de la tercera edad.

Con el avance de las investigaciones sobre la contaminación del aire se han venido identificando otros impactos sobre la salud de los ecosistemas, de la flora y fauna, y especialmente la de los seres humanos. En la actualidad, y particularmente derivado de los estudios realizados sobre las llamadas partículas suspendidas -o ultrafinas- que están presentes en el aire de prácticamente todas las ciudades del planeta, hoy sabemos que no es solamente el aparato respiratorio el afectado por la contaminación atmosférica.

 

 

Recientemente, la revista médica Chest Journal publicó los resultados de una investigación de la Universidad de Illinois en Chicago, en la que concluye que prácticamente todos los órganos del cuerpo humano se ven afectados por la contaminación del aire, y no solamente el sistema cardio-pulmonar como tradicionalmente se pensaba. ¿La causa? Justamente, las partículas ultrafinas que flotan prácticamente de manera imperceptible en el aire de todas las concentraciones urbanas del planeta.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que más del 90% de la población mundial respira aire contaminado, una mezcla de gases y partículas como el hollín y el humo, atribuyendo a esto alrededor de siete millones de muertes al año (más de la cantidad de personas que mueren por fumar en todo el mundo); se trata de una emergencia silenciosa de salud pública. Y es que, cuando el aire contaminado entra a nuestros pulmones, las partículas ultrafinas -de menos de 10 micrómetros- se absorben en el torrente sanguíneo y se diseminan por todo el cuerpo, detonando con ello la principal respuesta de nuestro sistema inmunológico: la inflamación.

“Las células inmunitarias asumen que una partícula contaminante es una bacteria -explica el citado estudio-, así que persigue e intenta matarla liberando enzimas y ácidos. Esas proteínas inflamatorias se propagan por todo el cuerpo, afectando al cerebro, los riñones, el páncreas y, en general, a todos los órganos”.

Es bien sabido que una de las causas principales que detonan al cáncer son justamente los procesos inflamatorios en el cuerpo, entre otros padecimientos sumamente extendidos la edad moderna. La respuesta del sistema inmunológico a las partículas ultrafinas puede hacer que las arterias del corazón se estrechen y los músculos se debiliten; de acuerdo con un estudio reciente realizado entre nueve millones de beneficiarios del seguro médico en los Estados Unidos, se determinó que las fracturas óseas relacionadas con la osteoporosis eran más comunes en regiones con mayor concentración de partículas suspendidas ultrafinas; y, también, se sabe de impactos específicos en la piel, los ojos y el cerebro (que va desde la reducción de las capacidades cognitivas hasta el riesgo de demencia y accidentes cerebrovasculares en adultos mayores).

 

Enfermedades relacionadas con la contaminación por partículas ultra finas en el aire

Fuente: Chest Journal (https://journal.chestnet.org/)

 

Por todo esto, es importante que como sociedad sigamos poniendo en el centro de la toma de decisiones colectivas los temas del cuidado del medio ambiente y de la salud, y no solamente criterios de crecimiento económico o de rentabilidad política. No me parecería lógico escuchar grandes medidas en materia de salud pública si éstas no vienen acompañadas de una rigurosa estrategia en materia de control de la contaminación ambiental, promoción de energías limpias o de inversiones en infraestructura de transporte y comunicaciones más sustentables.

Sin importar la bandera o la posición en la que nos queramos ubicar en la geometría política que hoy domina nuestras relaciones como sociedad, aprovechemos el entusiasmo por la transformación del país colocando como una condición fundamental y de la más alta prioridad al cuidado del medio ambiente y su vínculo con nuestra salud.

 

 


Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón