Justo
por estos días, hace ya cuatro años, pasé unas semanas
en la ciudad de Vancouver, Canadá; en San Francisco,
California, y en el Cañón del Colorado, en Arizona. En
todos estos sitios la gente me hablaba ya de la inusual
sequía que estaba afectando a todo el hemisferio norte
del continente y, particularmente, a la costa Oeste de
América del Norte (incluido México), y se tomaban ya
medidas para sensibilizar a la población sobre el uso
racional y mejor aprovechamiento del agua.
En Vancouver -por ejemplo-, ciudad rodeada de cuerpos de
agua y bosques de coníferas, las fuentes que adornan la
ciudad se encontraban completamente vacías y apagadas, a
pesar de que éstas utilizan una cantidad limitada de
agua que es bombeada y reutilizada permanentemente. El
mantener las fuentes secas y fuera de operación (una
escena incluso hasta dramática) fortalecía la percepción
pública sobre la escasez del recurso, pero también era
una medida que durante ya algún tiempo venía acompañada
de una campaña de información para los distintos
segmentos de la población (niños, jóvenes, adultos,
empleados en la industria y en los servicios).

Fuentes secas y
clausuradas en Vancouver, Canadá, por sequía en
la costa oeste (Foto: Paco Calderón, 2015).
En California y en Arizona, por su parte, también a lo
largo de prácticamente el inicio de esta década se han
desplegado sendas campañas para que la gente acate
restricciones y siga recomendaciones para la
disponibilidad y uso del agua. Ver a la famosa Presa
Hoover con niveles tan bajos de almacenamiento de agua
es, en verdad, impactante.

Niveles de
almacenamiento extremadamente bajos en la Presa
Hoover, en Arizona (Foto: Paco Calderón, 2015).
En México, a pesar de la grave situación que estamos
experimentando ya por la sequía (que incluso vulnera
nuestra capacidad de producir alimentos), no hay
absolutamente ninguna campaña dirigida a modificar
nuestros hábitos de consumo del agua ni para fortalecer
una verdadera cultura de su uso. Esto no está sucediendo
ni en las ciudades ni en el campo; el tema de la
disponibilidad, calidad y cultura del agua está
completamente desdibujado (si no es que ausente). El día
de ayer platicaba con el jardinero de una vecina que,
empujado por la difícil situación que atraviesa el campo
en su estado natal, Veracruz, decidió venir a Cuernavaca
a trabajar durante una temporada. Me comentó que, en su
tierra, al norte del estado y por los rumbos de Tuxpam
de Rodríguez Cano, cerca de Poza Rica, se cultivan
tradicionalmente árboles de cítricos y, en particular,
un tipo de naranja con un sabor característico y no
presente en las naranjas de otras regiones del país.
Resulta que debido a la sequía que se viene padeciendo
en aquella zona, desde hace dos años las cosechas de
naranja y de otros cítricos han caído hasta casi
desaparecer y la situación de los productores es hoy en
verdad muy preocupante (pues además, no hay apoyos ni
opciones para buscar otras oportunidades). Lo narrado
por el jardinero de mi vecina viene a confirmar los
datos que, justamente el lunes pasado -9 de octubre-,
publicó la Comisión Nacional del Agua en su Monitor
de Sequía de México (con registros al 30 de
septiembre de 2019), y en cuyo mapa resumen se aprecia
que prácticamente dos terceras partes del territorio
nacional presenta niveles de sequía predominantemente
anormal, moderada, severa, extrema y excepcional.
Llama la atención que los registros de sequía severa,
extrema y excepcional están concentrados en todo el
territorio veracruzano y en una considerable extensión
de Tabasco y Chiapas, todos éstos estados conocidos por
concentrar en su conjunto hasta el 50% de toda el agua
disponible en el país. Preocupa que, contrariamente a lo
que sí sucede desde inicios de la presente década en los
países vecinos del hemisferio norte, en México no hemos
desplegado acciones de sensibilización, ni informativas
ni mucho menos de adaptación para enfrentar a esta bien
pronosticada sequía que hoy alcanza registros más que
alarmantes.
Urge concentrarnos en ello e incorporar en cualquier
proyecto de desarrollo, ya sea local, regional o
nacional, consideración para la adaptación y mitigación
de los nuevos escenarios climáticos -como la sequía- en
todas las regiones del país. Creo que si ponemos este
tipo de temas, de carácter e interés universal, en el
centro de las discusiones, se estaría contribuyendo a la
construcción de un país más unido, solidario y próspero
en todos los sentidos. ▄
