Esta
semana- desafortunadamente-, tuvimos una nueva
confirmación sobre el nulo interés del gobierno de la
llamada “4ª. Transformación” (cualquier cosa que esa
etiqueta signifique) en lo referente al desarrollo de la
ciencia en el país.
Y es
que resulta que este miércoles -14 de agosto-, la
Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la
Biodiversidad (CONABIO), en voz de su Coordinador
Nacional, el doctor José Sarukhán Kermez, declaró que “no
ha recibido hasta ahora ninguna adjudicación
presupuestal del gobierno federal para su
funcionamiento”.

Para
nuestros amigos radioescuchas que no saben lo que hace
la CONABIO, les informo que es
una comisión intersecretarial, creada en 1992 con
carácter de permanente y que aglutina en su órgano de
gobierno a diez Secretarías: la de Medio Ambiente y
Recursos Naturales (SEMARNAT) y cuyo titular, el
Dr. Víctor Manuel Toledo Manzur, es el Secretario Técnico de
la Comisión; las de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), Bienestar, Economía
(SE), Educación Pública (SEP), Energía (SENER), Hacienda
y Crédito Público (SHCP), Relaciones Exteriores (SRE),
Salud y Turismo (SECTUR).
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La CONABIO tiene la misión de promover,
coordinar, apoyar y realizar actividades
dirigidas al conocimiento de la diversidad
biológica, así como a su conservación y uso
sustentable para beneficio de la sociedad. Fue
concebida como una organización de investigación
aplicada, promotora de investigación básica, que
compila y genera información sobre
biodiversidad, desarrolla capacidades humanas en
el área de informática de la biodiversidad y es
fuente pública de información y conocimiento
accesible para toda la sociedad. |
Es
una institución que genera inteligencia sobre nuestro
capital natural; sirve de puente entre la academia, el
gobierno y la sociedad; promueve que la conservación y
manejo de la biodiversidad se base en acciones
realizadas por las poblaciones locales, mismas que deben
ser un actor central en ese proceso. Yo no tengo dudas:
la CONABIO es un gran orgullo para México porque ha sido
y es un ejemplo a nivel internacional, y cuyo modelo se
busca imitar en distintas naciones del orbe. Su probable
desaparición -después de ocho meses sin recibir
recursos- debe encender todas las alertas, por la
posible pérdida de una de las instituciones de
investigación y divulgación científica más útiles en la
toma de decisiones de política pública (entre las que se
suma, por ejemplo, el impulso de nuestra autonomía
alimentaria).
Las
señales no son para nada alentadoras; el titular de la
Semarnat y secretario técnico de la comisión
intersecretarial que encabeza a la CONABIO, Víctor
Manuel Toledo, reproduce cabalmente el ánimo de
confrontación, de división entre la comunidad científica
y promueve activamente el desmantelamiento del actual
orden institucional del sector ambiental. Y lo comento
porque, en su columna de este martes 13 de agosto en el
diario La Jornada, Toledo Manzur denosta y
reprocha a la comunidad científica mexicana por no haber
contribuido a disminuir la pobreza y la desigualdad en
el país -como si esa fuera su obligación-, además de
culparles por la contaminación con “miles
de gases y sustancias tóxicas, fertilizantes químicos,
pesticidas, plásticos, alimentos dañinos, medicamentos
nocivos, plantas y animales genéticamente modificados,
armas cada vez más sofisticadas y, especialmente,
apuntalamientos al sistema de explotación del trabajo
humano y de los procesos de la naturaleza”.

Así las cosas, las enormes aportaciones que ha dado la
CONABIO para conocer
e integrar la fuente más completa de información
primaria, actualizada, descriptiva, analizada y
sintetizada sobre el estado del conocimiento, la
conservación
y el uso de la diversidad biológica
de México
y de los servicios ecosistémicos
que brinda, simplemente se diluye de frente a enfoques
dogmáticos sobre el papel de la ciencia.
Sin lugar a dudas, la ciencia y la comunidad científica
del país pueden y deben aportar a la disminución de la
pobreza y la desigualdad, pero no son éstas quienes
deben diseñar políticas públicas -con base en los datos
y evidencias objetivas que producen- para alcanzar ese
fin; son los científicos sociales, los economistas y
quienes se ocupan de otras disciplinas del conocimiento
del desarrollo de una nación quienes, con seriedad y
compromiso, deben aprovechar positivamente las
aportaciones de la ciencia dura.
Vaya nuestro reconocimiento a la importante labor y
contribuciones que, desde hace ya 27 años, la CONABIO y
quienes en ella trabajan han dado a México.
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