Si en diez años no se frena crisis ambiental, la vida en el planeta estará en ruta de la extinción

 

  • En México, vivimos ya sequías moderadas y extremas sin que haya políticas públicas definidas para enfrentar la emergencia

 

ZONA VERDE / Radio Centro 1030  / Columna de Francisco Calderón Córdova / Grupo Radio centro /  10 de agosto de 2019.

 

Esta semana ha sido particularmente inquietante en cuanto a los anuncios que la comunidad científica ha hecho sobre el estado actual del planeta de frente al cambio climático. La humanidad y toda la vida en el planeta está cayendo ya por un acelerado tobogán hacia la extinción que, de no tomar medidas de emergencia verdaderamente coordinadas entre toda la comunidad internacional, nos colocará en la posición de no retorno en tan solo diez años (le invito, querido radioescucha, a que recuerde qué estaba haciendo usted hoy hace diez años y, así, pueda percibir lo reducido del tiempo que nos resta para enfrentar a este colosal desafío).

 

El lunes pasado -5 de agosto-, el World Resources Institute publicó un informe sobre la situación actual del agua, advirtiendo que un cuarto de la población total del planeta enfrenta un riesgo cada vez más urgente de quedarse sin agua. De hecho, en el Medio Oriente y Asia suman ya 17 naciones que ya padecen un estrés hídrico extremadamente grave y que están usando hoy toda el agua de la que disponen, pero continúan incrementando su población. Sumado a esto, el cambio errático en los patrones de las lluvias aumenta la incertidumbre respecto a la disponibilidad futura de agua y las reservas subterráneas del vital líquido están agotándose rápidamente en todo el orbe. Éste es el caso de la Ciudad de México o de Bangladesh, donde la alta dependencia de los suministros subterráneos está provocando hundimientos y una pérdida acelerada de la capacidad de abastecimiento de agua para la población.

 

 

El informe del World Resouces Institute concluye que hoy son 33 ciudades con más de tres millones de habitantes (es decir, alrededor de 255 millones de personas en conjunto) las que ya están sufriendo un estrés hídrico extremadamente alto, lo que perfila y vaticina graves repercusiones para la salud pública y agitación social. Para el 2030, se prevé sean 45 ciudades las que padezcan un grave estrés hídrico (con un total de 470 millones de personas, fundamentalmente en territorios áridos); en el mapa presentado en este informe para ubicar los impactos regionales, prácticamente todo el territorio mexicano aparece afectado.

 

Y si existiera alguna duda de que esto ya comenzó, sólo hay que revisar las declaraciones también de esta semana de la titular de la Comisión Nacional del Agua, Blanca Jiménez, en el sentido de que diez de los 20 sistemas de almacenamiento de agua con los que cuenta México están en números rojos (poniendo en riesgo ya el suministro de agua para la población, para la agricultura y para la generación de electricidad). Por si esto no fuera suficiente, el país padece un déficit de lluvias de un 18%, y los estados típicamente abundantes en recursos hídricos (Veracruz, Tabasco y Chiapas) enfrentan hoy sequía moderada y extrema. Y, como corolario a esto, la Organización de las Naciones Unidas dio a conocer este jueves -8 de agosto- que los recursos de agua y tierra del mundo están siendo explotados a niveles sin precedentes, lo que, sumado al cambio climático, pone en riesgo ya la capacidad de los humanos para producir alimentos.

 

 

De frente a esta gravísima crisis ambiental, social y económica, en México no estamos hablando de ello ni mucho menos se está incorporando en la agenda gubernamental propuesta alguna de política pública para instrumentar acciones de adaptación y mitigación de los impactos que ya comienzan a vivirse. En su lugar, estamos empantanados en discusiones diarias sobre acusaciones y rencillas políticas (algunas de ellas ciertamente necesarias, pero otras sólo distractoras), y no se dedica tiempo equivalente al diálogo con la ciencia y a la construcción de soluciones a la crisis que ya vivimos en materia de disponibilidad de agua, pérdida de recursos naturales y diversidad biológica, cambio climático y demás variables que afectan directamente al bienestar de la población.

 

Invito a nuestra audiencia a que revise el informe de esta semana del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, así como el informe del World Resources Institute sobre la disponibilidad de agua; ambos ofrecen vías de acción para enfrentar, ciertamente con un sentido de urgencia, pero de manera esperanzadora, las condiciones que hoy amenazan a la vida en el planeta. ▄ 

 

 


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