Instrumentar medidas de adaptación al cambio climático en ciudades traerá bienestar social

 

  • Para el año 2050, el 88% de los mexicanos y el 68% de la población humana vivirán en concentraciones urbanas

  • Plantar árboles como parte de la infraestructura urbana de salud, es una medida que los especialistas recomiendan para la adaptación a los cambios del clima

 

ZONA VERDE / Radio Centro 1030  / Columna de Francisco Calderón Córdova / Grupo Radio centro /  20 de julio de 2019.

 

De acuerdo con información recopilada por el Foro Económico Mundial, cuyas fuentes fueron la revista de divulgación científica PLOS One y Crowder Lab (un centro de investigación de ecología marina y conservación), de no detener el calentamiento del planeta y el consecuente cambio climático, para el año 2050 las principales ciudades del orbe vivirán en un escenario radicalmente distinto al actual. La ciudad de Londres, en el Reino Unido, tendrá un clima semejante al que hoy tiene la ciudad de Barcelona, en el Mediterráneo ibérico; la Gran Manzana -Nueva York-, presentará las temperaturas que hoy son las usuales en las playas de Virginia, cientos de millas al sur en la costa atlántica estadounidense; la capital rusa, Moscú, tendrá en el año 2050 las condiciones meteorológicas de Sofía, la capital búlgara; y Madrid experimentará las sofocantes temperaturas que hoy presenta la ciudad de Marrakech, capital turística del árido y caluroso Marruecos.

 

 

 

 

Los científicos citados por el Foro Económico Mundial en una reciente publicación estiman que tres cuartas partes de las ciudades del planeta sufrirán variaciones significativas de sus actuales patrones climáticos, haciendo que muchas de las urbes del hemisferio norte tengan climas subtropicales y que las ubicadas en los trópicos padezcan de sequías considerables. Se estima también que cerca de un cuarto de las ciudades del planeta padecerán de climas nunca vistos en alguna urbe existente, lo que incluye a lugares como Nueva Delhi, Beijín, Yakarta y a la ciudad de Washington, en los Estados Unidos.

 

Con el cambio tan radical que se espera suceda en los patrones globales de las lluvias, las inundaciones y la sequía serán variables que afectarán a numerosas poblaciones en todo el planeta; y, suponiendo que se lograra estabilizar el calentamiento global en los 2 grados centígrados (como se planteó en los Acuerdos de París), las ciudades serán espacios en los que las altas temperaturas se amplificarán como en ningún otro sitio.

 

Lo anterior es evidente, pues la concentración de construcciones de concreto y de vías de rodamiento de asfalto produce necesariamente islas de calor (un fenómeno ya ampliamente conocido en todo el mundo). De frente a este preocupante pronóstico -conocido por muchos de nosotros y reiterado en días recientes por el Foro Económico Mundial-, es necesario que insistamos en la necesidad de que los gobiernos y la sociedad civil trabajemos de la mano en la formulación e implementación de políticas públicas que nos permitan comenzar a desplegar acciones inmediatas para adaptarnos a los escenarios que ya se visualizan.

 

Es aquí donde toma vigencia el llamado hecho por la organización The Nature Conservancy (que reúne a cientos de científicos de 72 países) en el que plantea la necesidad de que las ciudades inviertan en la plantación de árboles como parte de la infraestructura básica de salud, garantizando además el derecho humano a respirar un aire limpio. Para nadie es desconocido el efecto que tienen las zonas arboladas en la regulación de los microclimas urbanos y el potencial que tienen las acciones de reforestación para revertir el deterioro del suelo, mejorar la calidad del aire o favorecer la captación y filtración del agua de lluvia a los mantos freáticos.

 

 

 

Para el 2030, el 83% de la población de México vivirá en ciudades y, para el 2050, el 88% de los habitantes de este país estará concentrado en zonas urbanas. Así que, cualquiera que se jacte de estar trabajando por el bienestar de la población o de querer sentar bases sólidas para combatir de manera realmente efectiva la pobreza y la desigualdad que hoy nos agobia, no puede dejar a un lado consideraciones como las que aquí he señalado.

 

De frente al calentamiento del planeta y al cambio climático, las ciudades serán los espacios más vulnerables y sus poblaciones las más impactadas en su realidad económica, social y ambiental. No instrumentar desde ahora medidas dirigidas a la adaptación a los cambios que se avecinan es, desde mi perspectiva, además de una actitud antidemocrática, una omisión que será reclamada en el futuro inmediato como la falta de oportunidad e inteligencia por parte de los tomadores de decisiones, aún cuando se contaba -como es el caso- con la información necesaria para prevenir condiciones adversas y desastrosas.

 

 


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