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Políticas públicas para control de la contaminación del aire comienzan a agotarse en la CDMX 

 

 

 

* A pesar de medidas como Hoy No Circula y la verificación vehícular, la calidad del aire comienza a deteriorarse ya desde hace algunos años

 

*  Necesario replantear esquemas de transporte y prioridades para la inversión pública en función de la salud pública y ambiental

 

 

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  28 de diciembre de 2015.

 

 

 

Ayer domingo y -sorprendentemente- esta mañana del lunes, tuvimos cielos azules y radiantes en la Ciudad de México. Revisando el portal de Internet del Sistema de Monitoreo Atmosférico del Gobierno de la Ciudad, constaté que prácticamente en dos terceras partes de las estaciones de la red se registró -al mediodía de hoy- calidad del aire "buena" y, en el resto de las estaciones, "regular".

 

 

Los vientos que hemos tenido durante los últimos dos días en la ciudad han hecho posible revertir la situación de Pre-contingencia Ambiental que se decretó durante los días 25 y 26 de diciembre, lo que llevó a la suspensión temporal de actividades al aire libre en la ciudad. De hecho, estuvo a punto de suspenderse el paseo ciclista nocturno y fue cerrada la pista de hielo en el Zócalo capitalino, a fin de evitar daños en la salud de los participantes.

 

La calidad del aire en el Valle de México se comenzó a monitorear desde el año de 1987, cuando inició sus operaciones la Red Automática de Monitoreo Atmosférico (RAMA). Mediante la medición continua de contaminantes como el ozono, los óxidos de nitrógeno, el monóxido de carbono, el ácido sulfúrico y las partículas suspendidas menores a 10 micrómetros, se construyó y ha venido utilizándose  el Índice Metropolitano de la Calidad del Aire IMECA).

 

También, desde el invierno de 1989 inició la aplicación obligatoria del Programa Hoy No Circula que, a lo largo de dos décadas, ha tenido distintas adecuaciones y –en términos generales- se ha calificado como una política pública exitosa en el combate a la contaminación del aire en la Ciudad de México. La participación concertada de las autoridades capitalinas, de la población del Distrito Federal y de su zona conurbada (principalmente los automovilistas), así como de la industria asentada en el Valle de México, logró que los niveles de contaminación del aire fueran abatidos y relativamente controlados durante los últimos 20 años.

 

Sin embargo, y ya desde hace algunos años, esta exitosa herramienta de política ambiental ha comenzado a mostrar signos de agotamiento. Esto es entendible cuando reconocemos que la planta vehicular en la Ciudad de México se ha incrementado sensiblemente (hoy hay cerca de 5 millones de autos circulando en la capital del país), lo que a pesar de los programas de verificación vehicular y restricciones a la circulación, ha venido aumentando la carga de contaminantes a la atmósfera.

 

Este año -2015- y, de hecho, desde ya hace siete años, el deterioro en la calidad del aire de la Ciudad de México ha sido notable no sólo para quienes la percibimos y la padecemos cotidianamente, sino que está registrado en las cifras oficiales que publican las autoridades ambientales.

 

En el 2015, sólo pudimos disfrutar de alrededor de 90 días con buena calidad del aire (lo que indica que se ha quintuplicado el promedio de los días con calidad del aire regular y mala). El 2015 tuvo cerca de 200 días con niveles de ozono superiores a lo recomendado por la norma y son ya siete las pre-contingencias decretadas por la autoridad durante este año que termina.

 

Ciertamente, a pesar de las dimensiones actuales de nuestra ciudad en cuanto a planta vehicular e infraestructura instalada, no hemos regresado a los índices de contaminación del aire que existían antes de la instauración de las políticas públicas de control de la calidad del aire. Sin embargo, sí es palpable un retroceso de la tendencia de mejora y un agotamiento evidente de dichas políticas en detrimento de nuestra calidad de vida.

 

Desde luego, a nadie aquí nos gustaría llegar al caso de ciudades como Pekín, en China, donde la contaminación del aire además de estar llevando ya a medidas extremas, tendrá en el mediano plazo –sin duda- consecuencias y costos en materia de salud pública.

 

Por todo ello, urge que en ciudades como la nuestra (y en otras que en la república mexicana siguen nuestro mismo modelo de movilidad) repensemos nuestros esquemas de transporte público y particular, así como el destino que deberá tener la inversión pública en función del cuidado de nuestro medio ambiente, nuestra salud y el bienestar colectivo.

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón