Probablemente,
además de los logros o de los retrocesos alcanzados en
materia económica, los pueblos recuerdan a sus distintos
gobernantes por las obras públicas que dejan,
literalmente, una huella en el rostro de su ciudad.
Por ejemplo, aquí en el Distrito Federal, al presidente
Miguel Alemán Valdés (1946 – 1952) muchos capitalinos le
recuerdan por el Viaducto Río de la Piedad o el Anillo
Periférico; por la construcción de la Ciudad
Universitaria y, desde luego, por la edificación de
grandes unidades habitacionales para los empleados de
gobierno. A Adolfo López Mateos (1958 – 1964) le
relacionamos con la construcción del conjunto urbano
Nonoalco Tlatelolco o con la Unidad Independencia, o
también con la unidad profesional Zacatenco, del
Instituto Politécnico Nacional, y –desde luego- le
identificamos con la construcción del Centro Médico
Nacional.

A Gustavo Díaz Ordaz (1964 – 1970) se le atribuyen obras
como el Estadio Azteca (que inauguró el 29 de mayo de
1966), la Villa Olímpica y, muy destacadamente, el
Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de
México. A Luís Echeverría (1970 – 1976), los habitantes
del Distrito Federal le recordamos por la construcción
del Circuito Interior o de la Unidad Habitacional El
Rosario; y, a José López Portillo (1976 – 1982) por los
más de 133 kilómetros de Ejes Viales que atraviesan el
corazón de la ciudad.
Otras obras de gran magnitud, en verdad monumentales
pero imperceptibles a la vista de los ciudadanos, fueron
las del Drenaje Profundo realizadas a lo largo de los
años setenta. Ya más recientemente, los mega-proyectos
viales han sido la característica distintiva de los
gobiernos de nuestra ciudad: el Segundo Piso del
Periférico y la Supervía Poniente, por mencionar sólo
dos.
Pero, en especial, llama mi atención un mega-proyecto de
desarrollo urbano que data de los años noventa y cuya
“huella” en nuestra ciudad –es decir, sus impactos
ambientales y urbanos-, en mi opinión, no ha sido
evaluada con el suficiente rigor: me refiero al
Desarrollo Inmobiliario City Santa Fe (hoy
conocido simplemente como Santa Fe). Construidos sobre
los antes grandes basureros de la Ciudad de México y en
terrenos minados y cavernosos del poniente de la cuenca,
los desarrollos inmobiliarios de alta plusvalía en Santa
Fe han rebasado, en los hechos, cualquier intento de
planeación urbana y de ordenamiento territorial
equilibrados.

A los problemas de movilidad y de transporte de una zona
pensada como de “alto confort”, se suman la ausencia de
centros de barrio, de áreas verdes y de espacios
comunitarios; desorden o inexistencia de infraestructura
hidráulica; así como cambios de uso de suelo que están
poniendo a la población de frente a riesgos de
protección civil no contemplados previamente. Esto lo
hemos visto en días pasados, particularmente con los
hechos del 27 de octubre, cuando los terrenos del
complejo habitacional “Residencial
Vista del Campo”
sufrieron un importante deslave por el
peso de las construcciones y la erosión hídrica causada
por una infraestructura de desagüe deficiente.
Por si esto no bastara, en este aparente afán de los
gobernantes de ser recordados por sus obras, ahora mismo
se están perfilando otros mega-proyectos para la Ciudad
de México y de los que a todas luces no se está
discutiendo cuáles serán sus impactos urbanos,
ambientales, sociales y económicos. Por ejemplo, en la
avenida Chapultepec se planea construir un segundo piso
lleno de comercios y al que se confinaría a los peatones
escamoteando, en los hechos, su derecho a la calle;
también, se comienza a discutir ya el destino que
tendrán los terrenos del Aeropuerto Internacional
“Benito Juárez” una vez que éste deje de operar.
Del 25 al 27 de noviembre próximos, en el Auditorio
Jaime Torres Bodet, del Museo Nacional de Antropología,
se llevará a cabo el Seminario Internacional
Más allá del derecho a la ciudad: Dilemas y debates
hacia Hábitat III,
donde serán discutidos éstos y otros problemas de gran
relevancia para quienes aquí vivimos.
Yo invito al auditorio a que conozca el programa de este
seminario (en
www.paot.mx) y a involucrarse en la reflexión de
cuál debe ser hoy la principal justificación –distinta a
las razones políticas- para llevar a cabo las obras
públicas que impactarán a nuestra ciudad.▄
