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Demagógico hablar de sustentabilidad cuando, en los hechos, se reduce el presupuesto sectorial      

 

 

 

* Protección y aprovechamiento sustentable de nuestro capital natural son criterios que deben estar presentes en todas las ramas de actividad de la gestión pública

 

*  Sectores gubernamental, legislativo y privado continúan sin incorporar criterios de sustentabilidad en el ejercicio de los presupuestos; minería y generación de energía son ejemplo de ello

 

 

 

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  2 de noviembre de 2015.

 

 

 

El pasado 28 de septiembre, en este mismo espacio, comenté mi preocupación por la sustancial reducción de recursos federales para el capítulo “medio ambiente y recursos naturales”; este recorte, de alrededor del 15 por ciento con relación al presente año, está contenido en el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2016 que fue entregado por el Ejecutivo Federal al Congreso de la Unión. 

Ya el jueves pasado -29 de octubre-, el Senado de la República regresó a la Cámara de Diputados, prácticamente sin cambios en lo que corresponde al Ramo 16.- “Medio Ambiente y Recursos Naturales”, el proyecto de egresos 2016 del gobierno federal. Así, tal parece que está por aprobarse una reducción presupuestal importante a la gestión gubernamental en materia de protección y conservación de la riqueza natural del país, a la lucha contra la contaminación ambiental y al fortalecimiento de las autoridades que vigilan el cumplimiento de la normatividad ambiental en los estados de la república, entre otros importantes rubros. 

Con ello, se hace evidente que prevalece una visión centralizada y sectorizada de la política ambiental en el país, y sin duda esto repercutirá no sólo en el plano nacional, sino sobre todo en los ámbitos estatal y municipal que, también, administran los recursos presupuestales bajo esta lógica sectorial. Por ejemplo, la titular de la Secretaría de Medio Ambiente del Distrito Federal, Tanya Müller, declaró hace unos días que debido al recorte presupuestal para el 2016 (concretamente, en el Anexo 31, que prevé la transferencia de recursos federales a los estados para fortalecer a las instituciones ambientales), la Ciudad de México dejará de recibir alrededor de 138 millones de pesos que soportaban importantes programas. 

Básicamente –dijo-, estos recursos han representado un complemento a los asignados a nivel local y que han sido utilizados en la restauración del Bosque de Aragón, la naturación de azoteas, la recuperación de espacios públicos y por la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT). También, han sido de gran apoyo para la rehabilitación del Bosque de Tlalpan; para la conservación y mantenimiento de barrancas en Álvaro Obregón, Magdalena Contreras y Miguel Hidalgo; para la integración del Inventario de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero del Valle de México; en el mejoramiento de los bosques en Xochimilco; para proyectos de energía solar en Miguel Hidalgo o para la adquisición de camiones recolectores de residuos sólidos urbanos, entre otros. 

 

TANYA MÜLLER, SECRETARIA DE MEDIO AMBIENTE DEL GDF / Foto: Oscar Ramírez, PAOT.

 

En el caso de otras entidades de la república, la transferencia de recursos –vía Anexo 31, del Ramo 16 del presupuesto de egresos federal- ha sido útil para financiar programas de reforestación, la construcción de plantas de tratamiento y de rellenos sanitarios para residuos sólidos municipales, o para el fortalecimiento de la normatividad y la consolidación de autoridades ambientales locales. 

En contraparte –y a pesar de un discurso oficial que señala como “prioritario” el cuidado ambiental-, otros sectores gubernamentales y actividades productivas en todo el país continúan sin incorporar criterios de sustentabilidad o condicionantes de corte ambiental para el ejercicio de sus presupuestos. Pienso en la generación de energía o en la extracción minera, y en la inexplicable laxitud normativa que prevalece para la regulación y la restauración de sus impactos; o también en el mercado inmobiliario que, en ciudades como el Distrito Federal, se apropia de bosques urbanos, acaba con barrios tradicionales o que nos despoja sistemáticamente del patrimonio arquitectónico y natural sin prácticamente ningún contrapeso. 

Mientras el cuidado y la preservación del medio ambiente en el país estén supeditados exclusivamente a montos presupuestales que el Ejecutivo Federal calcula para un solo sector de la administración pública, y, por el otro lado, los legisladores aprueban sin mayor detenimiento, será imposible frenar y –mucho menos- revertir el deterioro de la riqueza material de los mexicanos. 

La protección y el aprovechamiento sustentable de nuestro capital natural son criterios que deben estar presentes en todas las ramas de actividad de la gestión pública y, desde luego, de la actividad de los particulares. Mientras no entendamos que ésta es una alianza para la que debemos transversalizar y coordinar esfuerzos, cualquier lucha para superar la pobreza seguirá siendo pura y total demagogia.

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón