La comunidad científica y,
desde luego, muchos mexicanos que estuvimos siguiendo el
desarrollo del huracán Patricia –desde el jueves
22 de octubre pasado y a través de distintas fuentes
informativas-, estamos sumamente sorprendidos por el,
afortunadamente, reducido número de daños que causó este
fenómeno natural en el territorio nacional.
Como todos lo supimos, el
Centro Nacional de Huracanes de la NASA
(Administración
Nacional de la Aeronáutica y del Espacio), de los
EE.UU., la Comisión Nacional del Agua de México y otras
agencias especializadas en meteorología, calificaron a
Patricia como el huracán más potente de la
historia del hemisferio Occidental y, desde luego, de
México.
Objetivamente, así lo señalaron los datos derivados de
las mediciones realizadas con la tecnología más actual
del planeta. Con vientos máximos sostenidos de 325
kilómetros por hora y una presión mínima de 879
hectopascales ,
Patricia superó el récord anterior de los
huracanes del océano Atlántico, Allen (en 1980) y
Willma (en el 2005), cuya intensidad fue de 305
kilómetros por hora y de 882 hectopascales,
respectivamente.

En el océano Pacífico, el récord lo tenía el huracán
Linda que, en el año de 1997, alcanzó vientos
máximos sostenidos de 295 kilómetros por hora y 902
hectopascales.
Pero lo que ha sorprendido mayormente a la comunidad
científica es la velocidad con la que Patricia
pasó de ser una tormenta tropical a convertirse en un
huracán categoría 5 (en la escala
Saffir-Simpson, que mide la intensidad de los vientos).
De acuerdo con las imágenes satelitales y las mediciones
de la NASA, en menos de 30 horas, entre el jueves y el
viernes pasados, Patricia pasó de depresión
tropical a súper-huracán, amenazando con su fuerza
las costas oeste y noroeste del país.
Pero, también, sorprende la velocidad con la que el
fenómeno se disipó, lo que se ha atribuido a su choque
con la cadena montañosa de la Sierra Madre Occidental.
Sin lugar a dudas, el estudio de este fenómeno
meteorológico –y de los que muy seguramente continuarán
sucediendo con patrones e intensidades parecidas en el
futuro- revelará los efectos que el calentamiento global
está teniendo en el clima del planeta.
Lo que me parece realmente importante es que, primero,
rompamos con los escepticismos absurdos respecto de la
existencia del cambio climático; y, segundo, que
canalicemos nuestra atención, nuestro ingenio y –desde
luego- recursos públicos y privados, a la implementación
de medidas de adaptación y de mitigación del cambio
climático.
No han faltado en las
redes sociales (e incluso en algunos programas
radiofónicos de dudosa credibilidad) los comentarios
irresponsables de quienes ven en todo “cortinas de
humo”. Ha habido quienes aseguran
que el huracán Patricia no era lo peligroso que
advirtió el gobierno mexicano y que, en el fondo, se
trató de una campaña mediática para, deliberadamente,
distraer la atención pública de procesos judiciales o de
hechos políticos relevantes. En un país con tan alta
vulnerabilidad a los fenómenos hidro-meteorológicos y al
cambio climático, como lo es México, no podemos
voltearle la cara a la evidencia científica y
privilegiar al interés político sobre la prevención.

En gran medida, si el
huracán Patricia no tuvo el saldo de cientos de
miles de personas afectadas, de cientos de muertos y de
decenas de desaparecidos que sí tuvieron –en el 2013-
Ingrid y Manuel, ha sido, entre otras cosas,
gracias al trabajo de protección civil coordinado entre
autoridades de los distintos órdenes de gobierno,
comunidades y ciudadanía en general.
Ahora, es importante valorar los resultados
objetivamente, mejorar protocolos y alertas tempranas,
en pos de una mejor adaptación a las situaciones de
vulnerabilidad hacia las que nos está llevando el cambio
climático; y dejar a un lado, por nuestro bien,
razonamientos que sólo buscan la descalificación y la
ventaja política.
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