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Cinco años de sequía atípica en Siria detonaron también la crisis social y política que le convulsiona        

 

 

*  Para el 2050 y por el calentamiento global, se espera una pérdida mayor -del orden del 50%- de la capacidad de Siria para producir sus alimentos

 

*  Políticas públicas deben contemplar adaptarnos y mitigar impactos que tiene el cambio climático sobre áreas estratégicas para la seguridad nacional

 

 

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  7 de septiembre de 2015.

 

 

 

 

 

 

Como a muchas personas en todo el mundo, a mí me han impactado profundamente las imágenes de miles de hombres y de mujeres, de niños y de niñas, que están huyendo de los conflictos armados en el Medio Oriente, particularmente desde Siria. Por su dimensión humana, ésta ha sido ya calificada como “la peor crisis de refugiados que enfrenta Europa desde la Segunda Guerra Mundial”.

Tan sólo en lo que va del año 2015, más de 300 mil inmigrantes han cruzado el Mar Mediterráneo; de los cuales, cerca de 2 mil quinientos han muerto en el trayecto, ahogados en su mayoría. Dos terceras partes de los migrantes, es decir, 200 mil personas, provienen de Siria; de donde escapan a los conflictos armados desatados por una guerra civil, pero también por la violencia que se está viviendo en el norte de aquel país a manos del grupo yihadista Estado Islámico y por los grupos kurdos. 

 

 

Buscando documentarme para tratar de entender un poco más sobre lo que está sucediendo en aquella región del mundo (y que, sin duda, también nos afecta globalmente), me encontré con un planteamiento que explica el recrudecimiento de la crisis económica, política y social en Siria desde la perspectiva del cambio climático. Recordemos que, finalmente, el desarrollo sustentable se explica a partir de las dimensiones económica, social y ambiental; por lo que, si buscamos entender con mayor amplitud la crisis actual en esta región del Medio Oriente, me parece que la componente ambiental puede ayudarnos sustancialmente. 

Resulta que, desde el año 2006 y hasta el 2011, en todo el Medio Oriente y, particularmente, en Siria se padeció la sequía más extensa y nunca antes registrada de su historia, donde incluso –se asegura- se perdió cerca del 85 por ciento del ganado en la región y una enorme proporción de los cultivos. Alrededor de un millón y medio de campesinos vieron devastadas sus tierras y migraron hacia las concentraciones urbanas (particularmente a la ciudad de Daraa, en la frontera con Jordania), empleándose como barrenderos y otros oficios en busca de contar con un sustento para sus familias. 

 

Ilustración: Jackie Roche / Texto: Audrey Quinn

 

La presión sobre los servicios públicos y, especialmente, la demanda de agua potable crecieron y agudizaron las inconformidades sociales en estas ciudades, confrontando a la población con el gobierno de Bashar Al-Assad (que respondió con tortura y represión, especialmente en contra de los jóvenes).  Para muchos analistas políticos, el rompimiento de la estabilidad de más de 40 años del régimen sirio fue sorpresivo, atípico e inesperado; pero, para quienes lo explican desde la perspectiva de la irrupción del cambio climático en la región, estos eventos eran de esperarse y, peor aún, se pronostica que se verán agravados en los años por venir. 

Investigadores como Colin Kelley, de la Universidad de California; Richard Seager, científico de la Universidad de Columbia; y Francisco Femia, director del Centro para la Seguridad Climática de los EE.UU., aseguran que para el caso sirio debemos contemplar al estrés ambiental como un componente significativo, sobre todo cuando vemos que un millón y medio de personas pierden completamente su sustento a causa de una sequía de cinco años [1].  

De este modo, desde la perspectiva de los pronósticos climáticos, se visualiza un recrudecimiento de la crisis política, social y humanitaria, pues se estima que de continuar con el ritmo actual de emisión de gases de efecto invernadero, para el año 2050 el territorio de Siria perderá un 50 por ciento más de su capacidad para la agricultura. 

Cualquier gobierno –local o nacional- que busque la seguridad y el bienestar para su población, está obligado hoy a incorporar en sus criterios de planeación y diseño de políticas públicas consideraciones de corte ambiental; especialmente, aquellos que nos ayuden a adaptarnos y a mitigar los impactos que tiene el cambio climático sobre áreas estratégicas para la seguridad nacional.  

Ojalá que estemos aprendiendo la lección que hoy vemos, tristemente, protagonizada por cientos de miles de migrantes sirios –y de otras naciones- que están intentando llegar al continente europeo.

 

 


 

[1] Desde el inicio de los levantamientos en contra de Al-Assad, en 2011, han sido asesinadas 240 mil personas; 4 millones más han huido del país y 7 millones han sido desplazadas. 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón