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Ante voracidad inmobiliaria, la Cd. de México pierde aceleradamente su patrimonio arquitectónico

  

 

 

* Prevalece indefinición de las atribuciones en la materia para INBA e INAH, y hay beneplácito por parte de la autoridad local en materia de desarrollo urbano  

 

* Convocan PAOT y Fundarq a concurso fotográfico y foro "Hablemos de Patrimonio", en un esfuerzo por definir acciones de conservación patrimonial

 

  

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México /  6 de octubre de 2014.

 

Hoy es el Día Mundial del Hábitat..., y este fin de semana, revisando algunos archivos fotográficos que hicieron mis abuelos y mis padres a lo largo del siglo XX, me percaté no sólo de la vertiginosa transformación que en seis o siete décadas ha sufrido la Ciudad de México, sino también de la pérdida que –en aras de la llamada “modernidad”- hemos experimentado (y lo seguimos haciendo) de nuestro patrimonio arquitectónico y cultural.  

Probablemente, muchos de nosotros estemos familiarizados con imágenes de las grandes casonas de estilo afrancesado que existieron durante el Porfiriato a lo largo del Paseo de la Reforma y de las que hoy muy pocas, poquísimas subsisten. Pienso en la casa de la familia Scherer, en la esquina de Río Guadalquivir; o en la espléndida casona del University Club, justo enfrente del monumento a Cuauhtémoc  -en la colonia Juárez- y que fue fundado en 1905 por miembros de la colonia norteamericana.

 

La casa de la familia Scherer, frente a los Condominios Reforma del arquitecto Mario Pani

Sin embargo, existen espacios alejados de lo que se considera nuestro “Centro Histórico” que han perdido –y aún sucede- su patrimonio arquitectónico y cultural. Innumerables son los barrios que, frente a la voracidad inmobiliaria, ven desaparecer casas y edificios que les daban identidad y orgullo. 

Particularmente, revisando mi archivo fotográfico familiar y las imágenes que se pueden encontrar (no con mucha facilidad, por cierto) en la Internet, me sorprendió ver la intensa transformación que ha tenido la zona de Mixcoac desde mediados del siglo XX y hasta nuestros días. Pero, sobre todo, es evidente la verdadera devastación que ahí se ha hecho del patrimonio arquitectónico. Lo que fue durante el Porfiriato una zona de casas de veraneo y quintas campestres de familias adineradas, ubicada en la mitad del camino entre Tacubaya y San Ángel, comenzó su transformación al introducir servicios de drenaje y luz eléctrica.  

Algunas magníficas edificaciones de la época –afortunadamente- subsisten hasta nuestros días, como la Quinta de Don Julio M. Limantour (donde actualmente está el Colegio Williams); la Casa Árabe (o Casa Morisca), en la esquina de Rubens y avenida Revolución; el viejo Palacio Municipal de Mixcoac (hoy Centro Cultural “Juan Rulfo”); el ex convento y la parroquia de Santo Domingo de Guzmán; o las edificaciones de la Plaza Jáuregui (donde está la Universidad Panamericana) o la Plaza Gómez Farías y la Iglesia de San Juan Bautista. 

 

 

Pero otras construcciones llenas de historia no existen más en Mixcoac; es el caso del bellísimo chalet de Don Hugo Scherer en la calle de Empresa y que fue demolido –en 1958- para dar continuidad a esa vialidad. O qué decir de la regia mansión de José Yves Limantour, donde desde el año de 1942 estaba el Colegio Madrid y hasta que, en los años ochenta, se decidió sustituirle por la estación del metro Mixcoac y por un paradero de transporte colectivo.

 

Fotomontaje con la antigua ubicación del chalet de Hugo Scherer en Mixcoac (Empresa y Revolución)

En los últimos diez o quince años –y con mayor intensidad en nuestros días-, este proceso de pérdida de nuestro patrimonio arquitectónico y urbanístico se ha incrementado. Cotidianamente, decenas de colonias de la Ciudad de México pierden no sólo inmuebles de gran valor, sino incluso sus centros de barrio frente a la construcción de plazas comerciales y grandes edificios de departamentos u oficinas. Esto sucede frente a la indefinición jurídica sobre las competencias que tienen instituciones como el INBA y el INAH en la materia, o de plano con el beneplácito de la autoridad local responsable de regular el desarrollo urbano en la Ciudad de México. Si existe una ley que sea totalmente letra muerta en la capital del país, es la llamada Ley de Salvaguarda del Patrimonio Urbanístico Arquitectónico del Distrito Federal. 

 

Ante este desalentador panorama, la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial, con el apoyo de la Fundación Fomento Universal para la Difusión Arquitectónica de México, A.C. (Fundarq), están convocando a un concurso fotográfico y a un foro de discusión llamado “Hablemos de Patrimonio”.  Ambas convocatorias están ya en Internet. Ya se están recibiendo trabajos para el concurso de fotografía y, por su parte, el foro se llevará a cabo los días 19 y 20 de noviembre próximos.

 

 

 

 

Invito al auditorio a visitar la página Web paot.mx o la de Fundarq, fundarqmx.com, y así sumarse al trabajo que están haciendo estas instituciones por la conservación de un componente vital para nuestro hábitat; el patrimonio arquitectónico y urbano de la Ciudad de México.

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón