Maltrato animal
refleja las deficiencias educativas de nuestro país; sin
educación no hay respeto
* Denuncian que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de
México es un punto neurálgico del tráfico de especies
protegidas; la autoridad no aplica la ley
*
UNAM y PAOT realizan esfuerzos conjuntos por capacitar y
sensibilizar a las autoridades responsables de la protección
animal en la Ciudad de México
Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio
Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón
Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM
/
Ciudad de México / 29 de septiembre de 2014.
En
estos días –nuevamente-, el tema de la protección animal ha
estado presente en algunos medios de comunicación y en las
redes sociales. Me da mucho gusto que así sea, pues esto
habla de la creciente atención que como sociedad estamos
poniendo sobre el tema del bienestar animal. Pero, por otra
parte, lamento que las notas continúen siendo la crónica de
nuestro desprecio e irrespeto a la vida de los animales,
como lo fue el caso del Mercado de Bramadero, en la colonia
Ramos Millán, en la delegación Iztacalco.
Resulta que ahí, cansados por la proliferación de perros sin
hogar, hace unos días los locatarios de ese mercado
colocaron letreros en los que daban aviso de la
"diseminación" de carne envenenada para acabar con la vida
de estos de por sí ya muy maltratados animales.
Inmediatamente, algunos vecinos llamaron a las autoridades
delegacionales, a la Procuraduría Ambiental y del
Ordenamiento Territorial (PAOT) y a la Secretaría de
Seguridad Pública de la Ciudad de México, para denunciar el
hecho. Éstas ya han actuado.

Mercado de
Bramadero, en la colonia Ramos Millán, en la delegación
Iztacalco
Hay que decir que –aunque aún de manera insuficiente- existe
en la capital del país ya un avance en el número y en la
calidad de los instrumentos jurídicos y técnicos para
reconocer y, en su caso, sancionar el maltrato y la crueldad
animal. Incluso, desde enero de 2013, algunas conductas que
atentan en contra del bienestar animal son sancionadas ya de
manera muy severa por el Código Penal capitalino.
Pero –hay que reconocerlo-, aun teniendo nuestra ciudad la
legislación más avanzada en la materia, ésta es ampliamente
desconocida por los jueces cívicos y por muchos de los
responsables de vigilar su cumplimiento y, por tanto,
generalmente es letra muerta.
En un esfuerzo por revertir este hecho, la semana pasada la
Facultad de Medicina Veterinaria de la UNAM y la PAOT
impartieron un Curso para la Identificación de Signos de
Maltrato y Crueldad en Animales Domésticos de Compañía,
dirigido justamente a los servidores públicos encargados de
la aplicación de los instrumentos de ley. Algo, sin duda,
muy positivo.
También hay que decir que existe la otra cara de la moneda:
aquellos que sí conocen la ley en materia de protección
animal, pero que encuentran en su incumplimiento un jugoso
negocio. Éste es el caso del tráfico de animales silvestres
o de especies protegidas y que, de igual manera, ha sido
denunciado hoy en los medios de comunicación. César
Arellano, del diario La Jornada, publica una
investigación en la que se señala al Aeropuerto
Internacional de la Ciudad de México como nodo neurálgico
del tráfico de especies de fauna protegida en el continente:
tortugas, monos, loros, guacamayas, pericos, tarántulas,
mariposas, cocodrilos, serpientes, anfibios y grandes
felinos vivos, pasan por la estación aérea mexicana y hacia
los mercados internacionales.
Es estrujante enterarse de cómo aves, pequeños monos o
reptiles son drogados y metidos en maletas o en la
paquetería, para después ser vendidos en los Estados Unidos,
Europa, Asía o América del Sur, a clientes que les adquieren
fácilmente vía Internet. Sólo un 30% de todos estos
animalitos logra sobrevivir a estos métodos inhumanos. A
pesar de que la legislación federal mexicana impone severas
penalidades a los traficantes, son tales las ganancias
económicas que se obtienen por esta actividad que –de
acuerdo con la INTERPOL- figura como una de las más
lucrativas junto con la venta de armas y el narcotráfico.

Y lo sabemos bien:
lo único que podrá frenar estos inhumanos hechos que atentan
en contra de los animales, será un modelo de educación en el
que el respeto por la vida sea un eje fundamental y
articulador. Sólo así, con principios sólidos y bien
arraigados, y sin importar si hay o no las suficientes
leyes, entonces ni los locatarios del Mercado de Bramadero
de Iztacalco ni las autoridades aeroportuarias de la ciudad
–ni usted ni yo, apreciable radioescucha- permitiríamos
hechos como los que aquí he narrado.
Si en verdad queremos tener un mejor país, donde la
violencia y el crimen no sean cotidianos, aprendamos y
enseñemos a las nuevas generaciones a respetar, a amar y a
proteger a los animales.
♥
