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Dañan a México arraigo en uso del automóvil y escasa inversión en transporte público

  

 

 

* Día Internacional Sin Auto busca alertar sobre lo que hemos venido haciendo mal en materia de transporte e invita a pensar en alternativas

 

* El transporte es el segundo emisor de gases de efecto invernadero después de la generación de energía y antes de las actividades agropecuarias

 

  

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México /  22 de septiembre de 2014.

 

El día de hoy -22 de septiembre- se conmemora el “Día Internacional o día mundial sin automóvil”. Es una iniciativa que los mexicanos conocemos bien desde el año de 1989 y que –en la Ciudad de México- inicialmente fue promovida por agrupaciones de la sociedad civil como “Un Día Sin Auto”. En el invierno de 1990 la medida se hace obligatoria ya, bajo el nombre de “Hoy No Circula”. Países como Islandia, Francia y el Reino Unido incorporaron también esta medida en los años noventa, debido a que –como sucedió en la capital mexicana- los altos niveles de contaminación del aire comenzaron a significar una seria amenaza a la salud pública en sus más importantes ciudades. 

Plantear dejar de utilizar durante un día el automóvil ha significado un parte aguas en la concepción de la movilidad moderna. El automóvil, que durante gran parte del siglo XX, fue el símbolo del confort y de eficiencia para la transportación de las personas, se reconoce ahora como el detonador de severos problemas de contaminación ambiental y de daños a la salud pública. Solamente en nuestro país, el transporte es el segundo emisor de gases de efecto invernadero después de la generación de energía y antes de las actividades agropecuarias. Y, sin lugar a dudas, el automóvil particular –que representa alrededor del 40% de este sector y que crece vigorosamente- debe ser objeto de cualquier política pública encaminada al combate, a la adaptación y la mitigación del cambio climático.

   

Revertir las actuales tendencias del uso del automóvil y de su crecimiento es a la vista de muchos una tarea más que imposible. Cada año de incorporan 250 mil nuevos autos a la circulación en la Ciudad de México y alrededor del 80 por ciento del espacio público está dedicado a la infraestructura para este medio de transporte. Ante este panorama, es impostergable ya que comencemos a trabajar en formas mucho más adecuadas, masivas y eficientes de movilidad.

Se requieren inversiones públicas, desde luego, pero también se necesita que como sociedad cambiemos nuestros paradigmas tradicionales que colocan a la movilidad individualizada en automóvil como la cúspide de nuestras aspiraciones. Esa es justamente la finalidad de efemérides como la que estamos celebrando el día de hoy, el Día Internacional Sin Auto: llamar la atención sobre lo que hemos venido haciendo mal en materia de transporte y llevarnos a pensar en las alternativas más adecuadas para nuestra calidad de vida presente y futura.

Como una acción afirmativa que reconoce este hecho, el Gobierno de la Ciudad de México está llevando a cabo hoy una medida, simbólica ciertamente, para buscar desatar la reflexión entre los capitalinos de la existencia de otras alternativas para la movilidad. Algunas de las calles principales de acceso a la Plaza de la Constitución en estos momentos están cerradas al tránsito de automóviles, permitiéndose sólo el acceso a peatones y a ciclistas. Además, todos los vehículos pertenecientes a los órganos de la administración pública local dejaron de circular (con excepción de los de emergencia), adhiriéndose así a la conmemoración del Día Internacional Sin Automóvil.

El reciente endurecimiento del programa “Hoy No Circula” y la polémica que esto desató, ha sido muy elocuente de –al menos- dos realidades que demandan mucho trabajo por hacer: por un lado, el enorme arraigo de la cultura del uso del automóvil entre los capitalinos, pero, por el otro, las históricas deficiencias y las escasas inversiones públicas en materia de transporte público y alternativas de movilidad para la ciudad.

Creo que una vez que logremos –como sociedad y como personas- cambiar nuestra escala de valores (en la que ser automovilista parecería ser más dignificante que ser peatón o ciclista), entonces tendremos por fin la capacidad de desplegar acciones más contundentes para luchar contra problemas ambientales, económicos y sociales globales, como lo es el cambio climático.

Es muy estimulante ver lo que sucedió ayer domingo en Nueva York (una ciudad que privilegia a sus peatones), donde más de 300 mil personas de distintos sectores de la sociedad marcharon para exigir decisiones inmediatas para revertir el cambio climático. Comencemos por algo en la construcción de esa ciudadanía ambientalmente responsable; por ejemplo: dejando de utilizar el automóvil cada vez con mayor frecuencia. 

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón