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Impactos ambientales por construcción del AICM son menores; lo que detone será lo importante

  

 

 

* Podría haber conflictos económicos y sociales si no se contempla infraestructura suficiente y adecuada en municipios colindantes a la obra

 

* Necesario contemplar desde ahora mecanismos de participación ciudadana para dirimir y enfrentar externalidades económicas, sociales y ambientales

 

  

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México /  8 de septiembre de 2014.

 

Ya desde hace varias décadas, la necesidad de construir un nuevo aeropuerto internacional para la Ciudad de México es un hecho que reconocemos prácticamente todos: usuarios, pasajeros, prestadores de servicios, especialistas en materia de seguridad y comunicaciones aéreas, y –sobre todo- quienes habitamos en las zonas afectadas por las rutas sobre las que transitan las naves y las aledañas al actual aeropuerto. 

Después de 62 años de operaciones de sus dos únicas pistas para despegues y aterrizajes, y de sus permanentemente ampliadas y remodeladas terminales para el tránsito de pasajeros, la capacidad de operación del aeropuerto de la Ciudad de México ha sido rebasada en más de 53 veces. En el sitio donde hace más de medio siglo fueron los Llanos de Balbuena (una zona alejada y deshabitada de la Ciudad de México), hoy existen numerosas colonias cuyos habitantes son afectados cotidianamente por la contaminación auditiva y del aire producida por los alrededor de 74 aviones que despegan o aterrizan cada hora.

 

Si a ello sumamos el riego que para la ciudad implica el hecho de seguir teniendo un aeropuerto al interior de una de las zonas urbanas más densamente pobladas del planeta, es comprensible la aceptación prácticamente unánime sobre la necesidad de contar con una nueva estación aérea en un sitio alejado. Sin embargo, como ya es una costumbre en un país donde cualquier decisión de gobierno es cuestionada en la arena de la política (lo que también puede ser muy sano), el proyecto del nuevo aeropuerto ya ha desatado algunas voces en contra y, entre los argumentos utilizados, el de la supuesta inviabilidad ambiental ha sido uno de los que he escuchado esgrimir. 

En algunos medios o en redes sociales, hay quienes demuestran su completa ignorancia sobre el tema o, de plano, su desconocimiento del territorio, al hablar de severos impactos sobre ecosistemas que ni siquiera son los que existen en aquella región del antes Lago de Texcoco (y donde, por cierto, durante años sí depositamos la basura de la ciudad, en el Bordo de Xochiaca, y a nadie le pareció importar). Creo que, en términos de las afectaciones a los ecosistemas, a la flora y a la fauna, una obra como la Supervía –construida sobre los bosques del poniente de la Ciudad de México y no en los terrenos de un lago seco y salitroso- sería mucho más significativa.

 

 

En mi opinión, los argumentos más acertados sobre los impactos ambientales que pudiera tener la construcción del nuevo aeropuerto, han sido los vertidos por el senador Alejandro Encinas –un gran conocedor del tema y ex secretario de Medio Ambiente de la capital del país. Sabedor de que los retos hídricos de la cuenca pueden ser superados mediante obras de ingeniería (como, en los años sesenta, se hizo con la construcción de la presa Nabor Carrillo) o que el manejo de la fauna es susceptible de un control adecuado y sustentable, el senador Encinas ha puesto el dedo sobre dos aspectos que bien valdría la pena considerar para evitar, en el futuro inmediato, externalidades.

Uno, el crecimiento urbano que detonará una obra de la magnitud del nuevo aeropuerto podría generar importantes impactos ambientales (por la falta de infraestructura adecuada) en los municipios colindantes; y, dos, no se descartan conflictos sociales por la ausencia de mecanismos de participación ciudadana para que las comunidades circundantes y de influencia del proyecto se expresen.

 Personalmente, creo que no basta con hacer –como ya está contemplado- consultas ciudadanas sobre el proyecto; es necesario comenzar a construir un andamiaje mucho más complejo y eficaz a través del cual pueda fluir permanentemente el sentir y las necesidades de los pobladores aledaños no sólo respecto a la operación del nuevo aeropuerto sino, sobre todo, de las obras de infraestructura que le complementan.

Yo invito a nuestro auditorio a conocer la información disponible sobre el nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México, así como los beneficios económicos, sociales y ambientales que se plantean; las prospectivas del impacto regional y ambiental; así como el plan hidráulico.

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón