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Menos de una tercera parte de los perros en México cuentan con un hogar  

  

 

 

* Es necesario que distintos sectores ponderen la problemática y se acuerden políticas públicas para atender a perros en situación de calle

 

* Asociaciones protectoras de animales no se dan abasto para atender el problema y autoridades recurren a redadas ilegales y al sacrificio

 

  

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México /  28 de julio de 2014.

 

 

Ayer -27 de julio- algunas organizaciones civiles y personas amantes de los animales conmemoraron el Día Internacional del Perro Callejero, una efeméride que no nació por la iniciativa de algún organismo multilateral –como la ONU, por ejemplo-, sino más bien por la propuesta de un periodista chileno y a través de las redes sociales. Ignacio Gac, alumno de la Universidad de Santiago, eligió el mes de julio porque esta época del año es cuando los perros en situación de calle sufren más por las lluvias, el frío y las consecuentes enfermedades. Y, desde luego, se trata de llamar la atención de las personas y de los gobiernos sobre esta problemática que aqueja a prácticamente todas las concentraciones urbanas de América Latina.   

Si bien no existen mediciones confiables para calcular una cifra precisa, de acuerdo con distintas estimaciones México es el país con mayor población de perros en toda Latinoamérica. Se habla de que aquí hay alrededor de 18 millones de perros, de los cuales –dicen los más optimistas- una tercera parte cuenta con un hogar. En la Ciudad de México las estimaciones sobre el número de perros son también imprecisas. El consenso de diversas organizaciones parece estar en que en la zona metropolitana habitan alrededor de 3 millones de perros y, de estos, sólo 500 mil lo hacen en algún hogar permanente; el resto de ellos, vive en las calles. En contraste, el INEGI calcula en sólo 120 mil al número de perros sin hogar en la Ciudad de México.

En la opinión de expertos en el tema (como lo es Marielena Hoyo, activista y ex-directora del Zoológico de Chapultepec), por la misma dinámica reproductiva de los perros en situación de calle y por la desatención de que son objeto, no puede haber una metodología confiable para calcular un número objetivo de la población canina ni en la Ciudad de México ni en el resto del país. Lo que sí es un hecho palpable, es que de cada diez perros que viven en México, sólo dos o –cuando mucho- tres viven bajo el cobijo de un hogar permanente. 

Como consecuencia de este descontrol de la población canina, hay externalidades o impactos negativos sobre la salud pública, como lo son señaladamente enfermedades bacterianas o parasitarias de las que los perros, pero también los gatos y otros animales son el vector de transmisión. Penosamente, algunas autoridades en distintos puntos del país que se sienten rebasadas por el problema, optan equivocadamente por hacer redadas y terminan sacrificando cruelmente a miles de perros que encuentran en las calles.

Hay asociaciones civiles protectoras de animales que, día con día, realizan esfuerzos heroicos por rescatar y atender a perros que están en las calles de muchas de ciudades del país, pero generalmente ni sus recursos son los suficientes ni la demanda de adopciones es tal como para solucionar mínimamente el problema. Y, bueno, en el otro extremo, existe un vigoroso mercado de venta de perros que no impone a los adquirientes de una mascota más condición que la del pago para convertirse en dueño de un animal vivo. El costo mensual por la manutención de un perro, tan sólo por concepto de alimentación y sin considerar la atención de su salud, rebasa la mitad de un salario mínimo; ésta, el costo de manutención, es una de las principales causas del abandono de muchos perros en nuestro país. 

Pero hablando de perros que viven en la calle, también hay historias alegres y –desde mi punto de vista-, exitosas y ejemplares de lo que es parte de la solución a este problema. Vecinos de algunas calles en distintas colonias se han unido para atender al típico “Solo-vino”, un amistoso perro con el que algunos juegan, otros le dan de comer, otros le proveen de agua e incluso les vacunan y son atendidos por un veterinario. Pero, lamentablemente, esto es la excepción.

Hacen falta acciones coordinadas entre las autoridades, los actores de un mercado de compra y venta de animales, de asociaciones ciudadanas y de instituciones educativas, entre otros, para –primero- establecer de qué tamaño y cuáles son nuestras obligaciones respecto a la situación de la población de perros sin hogar en el país; y, después, para integrar políticas públicas en las que señalemos con claridad aquellas rutas de solución y las responsabilidades de cada actor en este tan penoso problema. Ojalá lleguemos a tener a los perros en tan alta estima, como estoy seguro ellos nos tienen a nosotros.

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón