Empobrecimiento
del suelo resulta en impactos a la salud física, psicológica
y del cuerpo social
* Erosión por fenómenos naturales, pero sobre todo por
actividades humanas, afectan ya a la totalidad del
territorio nacional
* Cambios de uso de suelo han mermado la capacidad de
zonas urbanas para proveer de agua a poblaciones, entre
otras consecuencias
Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio
Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón
Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM
/
Ciudad de México / 7 de julio de 2014.
Hoy -7 de julio-, en
algunos países del mundo se conmemora el Día Mundial de
la Conservación del Suelo. No es una fecha que forme
parte de las efemérides decretadas por la Organización de
las Naciones Unidas (ONU), y tal vez sea así por su cercanía
al “Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la
Sequía” (17 de junio).Sin embargo, ambas
conmemoraciones coinciden en llamar la atención del mundo
sobre la urgente necesidad de revertir el acelerado
deterioro de los suelos; en ello nos estamos jugando, entre
otras cosas, aspectos tan cruciales como la seguridad
alimentaria, la disponibilidad de agua potable o la
conservación de la diversidad biológica en la que se
sustenta la vida del ser humano.
El Día Mundial de la
Conservación del Suelo surge desde organismos civiles
como un pretexto para recordar el aniversario luctuoso de
Hugh Hammond Bennett (15 de abril de 1881 – 7 de julio de
1960), quien inició y abanderó el movimiento para la
conservación de los suelos de los Estados Unidos. Bennett es considerado por
muchos como el “padre de la conservación de los suelos” y
fue el fundador –en 1935- del Servicio de Conservación de
Suelos, agencia gubernamental hoy convertida en el Servicio
de Conservación de los Recursos Naturales (NRCS) del
Departamento de Agricultura de los Estados Unidos.
Con la enorme diversidad
biológica que tiene México, la conservación de los suelos es
una tarea fundamental para preservar no sólo la riqueza
material sino, también, la diversidad cultural de la nación. La exacerbación de
fenómenos naturales, como la lluvia, los vientos o
variaciones en las temperaturas por causa del cambio
climático, está llevándonos a perder considerables
extensiones de territorio en distintas latitudes del país
por causa de la erosión y la desertificación.

Pero –sobre todo-
actividades como la agricultura, la ganadería, el uso de
agroquímicos, la deforestación o la urbanización, entre
otras, han transformado radicalmente la vocación natural del
suelo en prácticamente todas las regiones y los ecosistemas
mexicanos.
En el presente, cerca del 97 por ciento de los suelos
nacionales padecen de algún grado de erosión o están
contaminados. Ello, como es lógico, está implicando la
pérdida de la capacidad para producir alimentos, para
capturar y retener agua, además de otros servicios
ambientales que sustentan a la vida de numerosas
comunidades.
Tan sólo hablando de la calidad y de las propiedades
nutritivas de algunos alimentos producidos en el agro
mexicano, recordemos que en un gramo de tierra pueden
encontrarse alrededor de 10 mil millones de organismos
microscópicos agrupados en familias de más de 4 millones de
especies bacterianas.
Estos organismos, que el ser humano adquiere a través de los
vegetales o del agua, nos ayudan a estar metabólicamente
saludables.
Pero, entre más estamos empobreciendo su presencia en
nuestros suelos, menos rica en nutrientes está siendo
nuestra alimentación y menor la capacidad de nuestro cuerpo
para preservar la salud. En los territorios urbanos, como el de la Ciudad de México,
los cambios de uso del suelo también implican deterioro a la
calidad de vida de las personas y de los seres vivos.
Suelos contaminados afectan a la salud; hay una
significativa reducción de las zonas de captación de agua de
lluvia y, por tanto, una notable caída en la disponibilidad
del líquido; la pérdida de áreas verdes y arboladas tiene
impactos físicos, psicológicos y sociales.
En fin,
el Día Mundial de la Conservación del Suelo me parece
un estupendo pretexto para llamar la atención de nuestros
radioescuchas sobre la necesidad de poner mayor atención y
de cuidar el piso sobre el que estamos parados.
No en vano numerosas filosofías y corrientes del pensamiento
establecen a la triada agua-tierra-aire como uno principio
indisoluble de la vida. No lo rompamos y pongamos mayor
cuidado en nuestros suelos. ▄
