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Árboles en ciudades requieren de cuidados permanentes para lograr su sobrevivencia

  

 

 

* En México se han privilegiado las actividades agrícolas y pecuarias, lo que ha mermado la vocación eminentemente forestal del país

 

* Escasa información de las autoridades sobre trabajos de mejoramiento urbano en Polanco, confunde a vecinos y alerta a autoridades ambientales de la ciudad

  

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México /  30 de junio de 2014.

 

Hace un par de días –el sábado 28 de junio- se conmemoró en todo el mundo el Día Internacional del Árbol y esto siempre es un afortunado pretexto para hablar sobre estos maravillosos seres vivos, esenciales en la cadena biológica de todo el planeta. La efeméride surge de un acuerdo alcanzado por el Congreso Forestal Mundial durante su cumbre mundial en la ciudad de Roma, Italia, allá en el año de 1969. 

Pero, también, en América Latina, hay días nacionales del árbol: en Argentina, Bolivia, Chile, Cuba, Honduras, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Perú, Nicaragua, Paraguay, República Dominicana, Venezuela y, desde luego, en México (cuyo Día Nacional del Árbol se festejará el próximo viernes 11 de julio). En todos los casos, se trata de que tengamos siempre presente los enormes beneficios y servicios que nos prestan los árboles a todos los habitantes del planeta: ellos hacen posible la captación del agua de lluvia, producen oxígeno, protegen al suelo de la erosión, son hábitat de aves y de numerosas especies vivas, absorben carbono y aminoran el calentamiento global. 

 

 

Pero, además, los árboles son barreras naturales contra el viento y el ruido, regulan la temperatura, mejoran el paisaje y también son fuente de trabajo para alrededor de 13 millones de personas en nuestro país. Desafortunadamente, en el campo mexicano hemos privilegiado –sin lugar a dudas, equivocadamente- las actividades agrícolas y pecuarias sobre las forestales, lo que nos ha llevado a perder a la fecha más de la mitad de nuestros bosques originales.

El 70 por ciento del territorio nacional está cubierto por vegetación natural, pero estamos desapareciendo superficies arboladas, bosques y selvas, a un inconcebible ritmo de 200 mil hectáreas cada año. Esto, como es lógico, acompañado de la pérdida de numerosos ecosistemas, de la capacidad del suelo para retener y almacenar agua, entre otros daños a nuestro capital natural.     

En las zonas urbanas del país, donde el crecimiento de la infraestructura vial, vivienda y servicios, avanza a un ritmo vertiginoso, la ausencia o el retiro de árboles significa invariablemente un grave deterioro sobre la calidad de vida de las personas. Humos y partículas suspendidas, e incluso la contaminación por ruido, no encuentran barreras para llegar directamente a las personas y a los hogares, afectando a la salud y a la calidad de su convivencia. 

Justamente la semana pasada, la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del DF (PAOT) reunió a vecinos de la colonia Polanco y a las distintas autoridades responsables de los trabajos que desde hace algunas semanas se están realizando sobre la avenida Presidente Masaryk. Estas obras de mejoramiento de la infraestructura urbana están implicando podas e incluso derribos de algunos árboles de riesgo, lo que –como es evidente- hace sentir a los vecinos que su calidad de vida está siendo fuertemente amenazada.  

A pesar de que las autoridades que ejecutan el proyecto en la avenida Presidente Masaryk buscaron informar a los asistentes sobre la condición del arbolado (donde hay muchos enfermos o contaminados con muérdago y otras plagas), percibo que todavía hay escasa información, sí, pero también un gran desconocimiento sobre las particularidades de los árboles en las ciudades. Y es que, a diferencia de los que viven en el campo, los árboles de las ciudades requieren de mantenimiento constante para sobrevivir: podas, aclareo de sus ramas y, en casos extremos y cuando ponen en riesgo a las personas o a la infraestructura urbana, el derribo. 

 

 

Creo que es muy positivo el que las personas defendamos a los árboles, pues ya no podemos darnos el lujo de continuar perdiéndoles ni en ésta y ni en otras ciudades del país. Pero debemos entender que existen casos en los que –por sus condiciones fitosanitarias- es necesario intervenirles o sustituirles.

 Celebro que, cada día con más vehemencia y convicción, personas y grupos ciudadanos se preocupen por nuestros árboles y, junto con instituciones como la PAOT y otras organizaciones civiles, busquen frenar los numerosos abusos de los que son objeto ya sea por parte de particulares o de las propias autoridades. Estudiemos y conozcamos mejor a nuestros árboles y, así, aprendamos a amarles, a conservarles y a protegerles. 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón