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Necesaria una amplia reforma legal para regular el uso de animales en distintas actividades humanas 

  

 

* Positivo que los legisladores del DF tengan sensibilidad sobre el respeto a los animales en los circos; pero, en su reforma legal, faltó información pública y participación ciudadana

 

* El respeto a los animales es un principio que se construye desde el hogar, la escuela, la comunidad y –por qué no- desde los medios de comunicación

  

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México /  16 de junio de 2014.

 

Hoy hace ocho días, el Pleno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó reformas a la Ley para la Celebración de Espectáculos Públicos del Distrito Federal. Básicamente, se trató de establecer la prohibición jurídica para que –un año después de su publicación- en los espectáculos circenses ya no se presenten, regalen, distribuyan, vendan o se les dé cualquier otro uso a los animales vivos.

Se trata de una decisión en verdad polémica que ha desatado distintas reacciones y que, por supuesto, está confrontando a la ciudadanía, a los empresarios circenses y a las autoridades públicas de diferentes órdenes de gobierno.

 

 

Desde mi perspectiva, más allá de la enorme alegría que nos da a quienes amamos a los animales el hecho de que se desaliente el maltrato y la crueldad en contra de seres vivos que no tienen voz (en términos de exigir derechos), creo que la complejidad del tema requiere de un abordaje mucho más integral e inclusivo para poder alcanzar reformas en verdad trascendentes.

En nuestro país, de acuerdo con la Unión Nacional de Circos, son alrededor de 2 mil 500 animales los que están siendo utilizados para este tipo de espectáculos en 199 circos mexicanos. Para vigilar su legal procedencia y que sus condiciones de vida sean dignas, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) tiene la obligación de realizar inspecciones frecuentes a los centros de espectáculos que utilizan animales silvestres (como lo son los elefantes, los tigres, los leones y otros animales llamados “salvajes”).

De acuerdo con esta autoridad federal, el año pasado -2013- se realizaron un total de 45 inspecciones a este tipo de establecimientos, encontrando irregularidades tan sólo en tres de ellos. Los dueños de los circos que están cumpliendo con la legalidad, como es lógico, han reclamado que las reformas jurídicas en la Ciudad de México afectarán a numerosas familias que viven del espectáculo con animales; y, por su parte, numerosas agrupaciones defensoras de animales han hecho virales en las redes sociales ciertos vídeos donde se muestran prácticas de crueldad durante el entrenamiento de algunos animales en los circos (¿todos?, según Profepa, no).

Otros más, cuestionan la parcialidad –incluso acusan discriminación- porque las reformas legales no incluyeron espectáculos como la charrería, los acuarios o las corridas de toros (donde los animales son torturados y finalmente muertos). Hay quienes señalan también que los legisladores debieron considerar a los animales de granja para el consumo humano e incluso a los animales de compañía. 

 

 

En el plano meramente jurídico, se han señalado contradicciones entre las reformas realizadas en la Ley para la Celebración de Espectáculos Públicos con otras leyes locales y –sobre todo- con la legislación federal en materia de animales y vida silvestre.

En fin; yo comparto la aspiración a que los animales dejen de ser objeto de maltrato, a que se detengan los actos de crueldad y –desde luego- a que se les deje de provocar sufrimiento y la muerte innecesaria a seres vivos indefensos y, hasta hoy, sin derechos. Sin embargo, entiendo la complejidad de la problemática y la necesidad de considerar que la protección de los animales –así como la preservación del medio ambiente- debe verse como un tema transversal que integra numerosas dimensiones culturales, económicas, sociales y ambientales.

Celebro la sensibilidad de los legisladores de nuestra ciudad al realizar este tipo de reformas y, en lo personal, no creo que su motivación principal haya sido la mera oportunidad política. Sin embargo, me parece que la construcción de herramientas legales para la protección jurídica de los animales –así como para la defensa del medio ambiente- demanda, además de mayor información pública y participación de todos los grupos ciudadanos interesados, un análisis de los marcos legales que permita anclar más sólida y transversalmente a cualquier nuevo mandato de ley.

El respeto a los seres vivos no humanos, como lo son los animales, es un principio que se construye desde la formación que recibimos en el hogar, en la escuela, en la comunidad y –por qué no- desde los medios de comunicación; el respeto a la vida no se alcanza por decreto. No nos equivoquemos.

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón