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El megaproyecto de "Cabo Dorado", en el Mar de Cortés, no se canceló; sólo se pospuso 

  

* La Semarnat sólo está pidiendo reformular una parte del trámite inicial para su posible autorización: la MIA; no cierra la posibilidad de construir en la zona aledaña al Parque Nacional de Cabo Pulmo

* Se requiere de una nueva estrategia de desarrollo que fortalezca a las comunidades locales, forme y potencie capacidades, y respete al entorno

  

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México /  2 de junio de 2014.

 

Hace dos años –el 15 de junio de 2012-, antes de viajar a Los Cabos, Baja California Sur, para atender la Cumbre del G-20, el entonces Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, anunció la suspensión de la autorización para construir un mega-desarrollo turístico llamado “Cabo Cortés” en aquella entidad. Básicamente –eso se dijo entonces-, debido a que la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) del proyecto no garantizaba la efectiva protección y la conservación de los singulares ecosistemas marinos, coralinos y de las especies vivas del Parque Nacional Cabo Pulmo.

En este mismo espacio radiofónico –el 18 de junio del 2012-, advertía yo a nuestros radioescuchas que no se trataba de una cancelación definitiva (como muchos medios y algunos grupos lo asumieron, incluso lanzando al vuelo las campanas) y que, dados los procedimientos de política ambiental y de los tecnicismos implicados, muy seguramente quienes estaban detrás de este “fallido” proyecto lo volverían a presentar y a insistir en su autorización. Y así ha sucedido. De “Cabo Cortés” el proyectó cambió su nombre a “Cabo Dorado”, y de Hansa Baja Investments los promotores cambiaron su razón social a la de La Rivera Desarrollos BCS (que reúne a Glorious Earth Group, de capital norteamericano, y a Beijing Sansong International Trade Group, de capital chino, la que, por cierto, ha sido inhabilitada desde el 2009 por el Banco Mundial por prácticas corruptas).

Algunas cosas igual y otras maquilladas, pero el hecho es que “Cabo Dorado” es en el fondo el mismo mega-proyecto de gran turismo que frenó Felipe Calderón –“Cabo Cortés”- y que presupone la misma amenaza para los excepcionales y delicados ecosistemas del Golfo de Baja California. 

El viernes pasado, Greenpeace México declaró que la empresa que hoy promueve “Cabo Dorado” –La Rivera Desarrollos BCS- asegura que su proyecto no contempla ya la construcción de una marina para cerca de 500 embarcaciones (un componente que en la versión original de “Cabo Cortés” causó el mayor rechazo de las organizaciones ciudadanas y ambientalistas); pero denuncia Greenpeace que esta empresa está esperando beneficiarse de un recurso de amparo que interpuso utilizando su razón social anterior, a fin de hacer efectiva la autorización que obtuvo para construir esa marina durante el gobierno calderonista. 

El jueves pasado -29 de junio-, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) finalmente rechazó la MIA presentada por la empresa promotora de “Cabo Dorado”. Ojo: en los hechos, el proyecto no está cancelado; sólo se está pidiendo volver a formular una parte del trámite inicial para su posible autorización: la MIA. En un desplegado publicado ese mismo día, los promotores de “Cabo Dorado” reiteran, por si hubiera alguna duda, que no desistirán en su insistencia de llevar a cabo el proyecto. Conocen bien las deficiencias de la legislación ambiental y, desde luego, la laxitud de su aplicación en el país.

Y es justamente esto, la aplicación discrecional y el incumplimiento sistemático de la legislación en materia ambiental, lo que en México está mermando a la base natural de nuestra riqueza nacional. Presiones de grupos económicos (como en el Parque Nacional de Cabo Pulmo) o de grupos políticos (como en la Reserva de la Biosfera de Montes Azules), invariablemente llevan a flexibilizar o de plano a omitir la aplicación estricta de la ley en detrimento del interés colectivo.    

El proyecto de “Cabo Dorado” no ha sido cancelado, como algunos ya lo piensan; sólo se ha replegado momentáneamente y con seguridad regresará con mayor fuerza –con la fuerza que le da la ambición de sus promotores para apoderarse de aquella rica región del país. 

Creo que es tiempo no sólo de dar un giro a la política de promoción de desarrollos turísticos construidos con inversiones foráneas que no valoran –sino explotan y depredan- la base natural de nuestra riqueza nacional, para adoptar un nuevo modelo que fortalezca las capacidades y respete la cultura y el entorno de las comunidades regionales.

También, es tiempo de hacer verdaderamente transversales a las políticas públicas ambientales en México y, sobre todo, de fortalecer a las instituciones en el ejercicio de estas competencias y de hacer efectivo el acceso a la justicia ambiental. 

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón