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Ruido y contaminación del aire, detonante de cardiopatías y daños cerebro-vasculares 

 

 

*  Aumento de cortisol en sangre, por estrés, detonante de estas patologías: Instituto de Salud Carlos III.

 

* Desde hace más de 12 años, la PAOT ha venido dando la voz de alerta: el ruido afecta a la calidad de vida y salud de la población de la ciudad  

 

 

 

Por Antena Radio Tercera Emisión / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM, 1220 AM y Radio México Internacional / 7 de abril de 2014.

 

 

La contaminación auditiva –o, simplemente, el ruido- es un problema ambiental que, a pesar de su contundente impacto sobre la salud física y psicológica de las personas, así como detonante de la desintegración social, muy poca atención ha merecido por parte de legisladores y gobernantes para su control. No me deja de sorprender que, durante los casi 13 años de existencia de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (la PAOT), la segunda causa de denuncia por parte de los habitantes de la Ciudad de México –después de las violaciones a los usos de suelo- sea consistentemente el ruido.

A pesar de ello, la atención a este problema no parece ser una prioridad para algunas autoridades, y la aplicación de la normatividad federal y local vigente generalmente topa con obstáculos de todo tipo para lograr acallar al ruido. Hasta hoy, el operativo más exitoso en la Ciudad de México para tratar de controlar el ruido ambiental que generan los antros en calles y vecindarios de La Condesa, Polanco, Centro Histórico y otros corredores nocturnos, es el que realizan conjuntamente tres instituciones (la PAOT, el INVEA y la PGJDF) y que se conoce como “Mala Copa”. Sin embargo –lo sabemos-, una vez que la presencia de este tipo de operativos se relaja o se retira, los dueños de los establecimientos le vuelven a subir al volumen, afectando nuevamente a sus vecinos.

Y, bueno, qué decir del ruido generado por fiestas particulares, por automovilistas o por animales estresados debido al encierro y al maltrato al que son condenados por dueños irresponsables.  

Hace unos días el Departamento de Salud Pública, Ambiental y Determinantes Sociales de la Salud, de la OMS, publicó los resultados de un estudio que señala que alrededor de 7 millones de personas en el mundo fallecen cada año como consecuencia de la contaminación del aire. Resulta que, prácticamente, más de la mitad de estos decesos se relacionan con la contaminación del aire al interior de los hogares que utilizan estufas de carbón o de leña.

Pero, de acuerdo con el estudio, el resto de los fallecimientos documentados –y causados por cardiopatías, accidentes cerebrovasculares y enfermedades pulmonares- y que son atribuidos a la contaminación del aire en exteriores, parece tener una estrecha relación con la contaminación por ruido como detonante. Así lo han sugerido científicos del Instituto de Salud Carlos III, de España, básicamente debido a las propiedades del ruido para aumentar los niveles de cortisol en la sangre (el cortisol, como la adrenalina, es una hormona estimulada por el estrés y detonante en muchos casos de estas fatales patologías). En la Ciudad de México son ya más de 12 años durante los que se ha venido dando consistentemente la alarma (a través de las denuncias ciudadanas en la PAOT), de que el ruido está afectando a la salud pública y a la convivencia social.

Por ello, es ya impostergable que las autoridades públicas y la ciudadanía le bajen al ruido y se escuchen; que así como se le obliga a una fábrica a que coloque filtros en sus chimeneas para no contaminar con ciertos gases o partículas a la atmósfera, así se le exija también a ciertos establecimientos que para autorizar su operación deben contar con eficaces mecanismos aislantes del ruido hacia el exterior. 

Nuestra legislación debe también aspirar a que existan las atribuciones institucionales suficientes, como para que la autoridad pueda obligar al vecino –en el marco de la ley- a que le baje al volumen de su fiesta o que el automovilista sea sancionado de hacer sonar injustificadamente su claxon en nuestra calle.

Lo están sugiriendo los científicos: es altamente probable que la contaminación auditiva esté actuando junto con otro tipo de contaminantes en contra de la salud y de la convivencia humana. Hoy, Día Mundial de la Salud, preguntémonos: ¿cuánto más no estará dañando nuestro ruidoso estilo de vida al resto de los seres vivos y a los ecosistemas que sustentan a la vida?

 

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón