Escuchar audio

Uso de pirotecnia no sólo afecta a animales; hay daños a la salud y a la convivencia social   

 

 

* Tanto en el orden federal  como en el nivel local, el uso de la pirotecnia se encuentra perfectamente regulado y sancionado 

 

*  Indiferencia e inacción de autoridades –civiles y eclesiales- en contra de quienes comercializan y utilizan materiales pirotécnicos ilegalmente 

 

 

 

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México /  28 de octubre de 2013

 

 

Ayer domingo, hoy durante la madrugada y a lo largo de todo el día, en distintos barrios de la Ciudad de México los creyentes devotos de San Judas Tadeo han estado festejando la fecha consagrada a este apóstol cristiano. Esta conmemoración religiosa, tan arraigada entre miles de capitalinos, ha implicado –como sucede cada año- la detonación constante de ruidosos cohetones y el uso de la pirotecnia.  

En verdad, lamento la falta de observancia al valor de la convivencia y que las afectaciones flagrantes al medio ambiente se escuden detrás de los multicitados “usos y costumbres” que, interpretados a la conveniencia de algunos, se autoproclaman como justificativo de conductas abusivas y de la irresponsabilidad con el entorno.  

La detonación de cohetones y, en general, el uso de la pirotecnia es una importante fuente de contaminación auditiva y, en distinto grado, del aire. Afecta sensiblemente a la salud emocional y física de muchas personas con baja tolerancia al ruido y, particularmente, daña a los perros, gatos y a otros animales domésticos con los que muchos de nosotros vivimos y convivimos en ciudades y en pueblos. Pero también, el ruido causado por la explosión de cohetes altera la tranquilidad e incluso ahuyenta a otro tipo de fauna silvestre que vive en la ciudad y con las que nuestra cohabitación quizás no es tan notoria, pero que son fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas (hablo de las aves, de pequeños mamíferos o de ciertos reptiles).

Hay incluso quienes afirman (con argumentos científicos sólidos) que los árboles y las plantas sufren estrés y daños por causa del ruido.  Es tal la afectación de la contaminación auditiva sobre la calidad de nuestra convivencia cotidiana que, desde su creación –hace ya doce años-, la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del Distrito Federal (PAOT) registra al ruido como una de las tres causas principales de conflictos vecinales y de la denuncia ciudadana.  

 

 

Por todo esto, me resulta insólito constatar que aun sabiendo los graves daños que el ruido causa en el plano psicológico, en la salud de las personas y de los animales y, sobre todo, en la calidad de la convivencia social, ni las autoridades públicas ni los ministros del culto correspondiente tomen cartas sobre el asunto en fechas como la que hoy conmemoran algunas iglesias y sus seguidores. Tanto en el orden federal  como en el nivel local, el uso de la pirotecnia –y de los materiales que ésta utiliza- se encuentra perfectamente regulado y sancionado por una Ley Federal de Pirotecnia o, en el caso del DF, por la Ley de Cultura Cívica. Sin embargo, prevalece la indiferencia y la inacción de nuestras autoridades –tanto civiles como eclesiales- en contra de quienes, al margen de la ley, comercializan y utilizan materiales pirotécnicos ilegalmente. 

La solución para muchos de los problemas ambientales que nos aquejan en México radica en la educación cívica, en el respeto y en la consideración hacia el bienestar de los demás seres vivos y de las personas con las que compartimos el mismo territorio. Y bueno, en el caso de la contaminación sonora, esto es especialmente cierto y fundamental para construir soluciones a los problemas de convivencia social y respeto por el medio ambiente. 

Debo decir que, afortunadamente, en nuestro país tenemos el derecho y la libertad de creer y practicar nuestras convicciones; pero estas garantías no tienen por qué ser un motivo para pasar por encima de los derechos y de las libertades de quienes viven o piensan distinto. No es razonable que, bajo el argumento de la preeminencia de las costumbres, creencias o tradiciones de un pueblo, continuemos reproduciendo prácticas que no sólo están dañando a la salud de personas y de los animales, sino que también deterioran sistemáticamente al entorno y a nuestra calidad de vida. 

En estos dos últimos meses del año, el uso de cohetes y pirotecnia se incrementa sensiblemente en el país y en la capital de la república. De acuerdo con la estadística, las afectaciones ambientales e incluso los accidentes por esta causa se incrementan peligrosamente a partir de estas fechas y hasta el final del año. En el Distrito Federal, la Secretaría de Seguridad Pública ha exhortado a la población a no adquirir ni utilizar cohetes, y pone a su disposición un número telefónico para denunciar la compra y venta de este tipo de materiales prohibidos: 52 08 98 98

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón