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Barrancas del DF siguen siendo afectadas por vivienda y tiraderos ilegales de cascajo  

 

 

* Operativo conjunto entre Álvaro Obregón, PAOT, PGJ y Secretaría de Gobierno del DF en Barranca de Tarango; cuantifican numerosos daños 

 

*  Quienes habitan zonas de riesgo en barrancas y laderas de río, se encuentran en alto riesgo ante fenómenos climatológicos extremos

 

 

 

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México /  14 de octubre de 2013

 

De manera insistente, grupos ecologistas, comunicadores ambientales y –de manera destacada- autoridades públicas del Distrito Federal, hemos divulgado información e insistido permanentemente sobre la enorme importancia que tienen para la ciudad las numerosas barrancas situadas en la zona poniente y sur poniente de la cuenca. No sólo en foros o en espacios de difusión de distinta índole se ha buscado que los habitantes de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México comprendamos la relevancia que tienen las barrancas para la sustentabilidad de nuestro entorno; sino, también, la propia legislación y la normatividad vigente reconoce ampliamente este hecho. 

Existe un señalamiento unánime respecto de la importancia de las barrancas: son fundamentales para la captación del agua que se infiltra al subsuelo; regulan los vientos y el clima de la ciudad; son destacadas reservas de especies arbóreas, vegetales y animales; y, en fin, sin los servicios ambientales que nos brindan difícilmente podríamos pensar en la sustentabilidad de nuestra ciudad. 

 

 

Lo cierto es que durante los últimos 50 o 60 años, se ha incrementado y consolidado notablemente el avance de la mancha urbana sobre las montañas, bosques y barrancas del Distrito Federal. Cada año –y a pesar de los esfuerzos gubernamentales-, se pierden aquí alrededor de 400 hectáreas de territorio de conservación ecológica.  Tan sólo en las barrancas, el Instituto de la Vivienda del Distrito Federal estima que hoy habitan más de 20 mil familias; y, muchas de ellas, lo hacen en zonas de muy alto riesgo.

Se ha estimado que los escurrimientos superficiales asociados con barrancas en el Distrito Federal, ocupan una extensión cercana a los 3 mil kilómetros; a esto, habría que sumar las barrancas localizadas en Huixquilucan, Naucalpan y Atizapan de Zaragoza, por mencionar sólo algunos municipios mexiquenses que forman parte de estos ecosistemas.

Ha habido iniciativas oficiales importantes para tratar de frenar la ocupación y revertir el deterioro ambiental en ellas. Por ejemplo, en el año 2010, la Secretaría de Medio Ambiente capitalina destinó 22 millones de pesos –de 300 millones programados para 10 años- para el rescate de 33 barrancas en las delegaciones Álvaro Obregón, Magdalena Contreras y Miguel Hidalgo. Entre otras, las barrancas de Dolores, Barrilaco, El Zapote, Vista Hermosa, Río Becerra, Tepecuache, La Diferencia y Tarango, fueron declaradas “áreas de valor ambiental”, lo que –en teoría- facilitaría la aplicación de los citados recursos financieros de acuerdo con un plan de manejo.  

Desafortunadamente, este fin de semana constatamos que la defensa de las barrancas del Distrito Federal no va tan bien como se esperaba. El día de hoy, en distintos medios de comunicación se dio testimonio de un operativo realizado el fin de semana pasado en la barranca de Tarango; operativo coordinado entre la delegación Álvaro Obregón, la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT), la Secretaría de Gobierno y la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Estas autoridades aseguraron a un grupo de personas que presuntamente depositaban, de manera ilegal, alrededor de 53 mil metros cúbicos de cascajo al interior de esta importante área de valor ambiental. Se calcula que los daños a la barranca rebasan los 16 millones de pesos, además –desde luego- del grave deterioro a sus ecosistemas naturales. 

 

Barranca de Tarango, Álvaro Obregón

 

Para logar frenar la indiscriminada ocupación de nuestras barranca y revertir los daños que ahí estamos causando, es necesaria, sí, una mayor vigilancia por parte de las autoridades y de la misma ciudadanía. Sin embargo, tenemos que adquirir conciencia de los graves riesgos ambientales a los que cotidianamente están expuestas las numerosas personas que ahí habitan. Ya presenciamos las terribles consecuencias que vivieron en Guerrero, Oaxaca, Hidalgo y otras entidades de la república, las familias que construyeron sus viviendas en las laderas de los ríos y en barrancas. En la Ciudad de México no estamos exentos de algo similar; existen antecedentes de fenómenos climáticos extremos que, sin duda, pueden volver a ocurrir. 

Por todo ello, es imperativo evitar asentar nuestras viviendas en sitios de riesgo –como laderas de ríos y barrancas-, o dañarles usándoles como depósito de basura o cascajo. Ésta es una conducta ilegal que afecta nuestra seguridad y calidad de vida; si usted –estimado radioescucha- es testigo de estas conductas, denúncielo y así participe en la protección del medio ambiente.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón