Escuchar audio

Uso desordenado del territorio nacional, principal causa de desastres en temporada de huracanes

 

 

*  Gobiernos no aplican adecuadamente el instrumento del Ordenamiento Ecológico del Territorio; intereses particulares están siempre por encima del interés colectivo

 

* Más que el cambio climático, las malas decisiones y la corrupción para la ocupación y el uso de nuestro territorio es lo que nos trae situaciones dramáticas y costos incalculables

 

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México / 23 de septiembre de 2013

 

Foto: AFP

 

Nuevamente, este año decenas de miles de mexicanos – en su gran mayoría, familias sumidas en la pobreza- lo han perdido todo como consecuencia de su alto estado de vulnerabilidad frente a los fenómenos hidrometeorológicos de la temporada.Ante la magnitud del desastre en diversos estados de la república, cualquier cuantificación de los daños es aún muy prematura. Hay pérdidas de vidas humanas, en la infraestructura productiva y de comunicaciones del país, pero también hay daños ambientales que por lo general no se evalúan y que están mermando al capital natural de México.

De acuerdo con el Banco Mundial, tan sólo durante los años 2011 y 2012, los desastres naturales asociados con el cambio climático causaron daños económicos del orden de los 1.2 billones de dólares; es decir, una tercera parte de todo el desarrollo económico logrado en todo el mundo durante ese mismo período. 

El Centro Nacional para la Prevención de Desastre (Cenapred) ha estimado que, por causa de los fenómenos naturales extremos, cada año en México se pierden en promedio 500 vidas humanas y se registran daños materiales del orden de los 7 mil millones de pesos. Esta cifra, desafortunadamente, tiene una clara tendencia a incrementarse. Nada menos ayer, el Presidente de la República señaló como “insuficientes” para atender la actual emergencia los más de 11 mil millones de pesos disponibles este año en el Fondo para Desastres Naturales.

Es lamentable saber que, de haberse utilizado con oportunidad y rigor las herramientas de las que disponemos en la política ambiental mexicana, muchas de las costosas fatalidades que hoy enfrentamos no hubieran acontecido. Señalo el caso del Ordenamiento Ecológico del Territorio, que es un instrumento jurídico que desde hace más de dos décadas establece criterios para el correcto uso del suelo en los niveles nacional, regional, local e incluso el marítimo. Desafortunadamente, han prevalecido más los intereses políticos y económicos presentes en cada uno de estos ámbitos territoriales, que la voluntad y la inteligencia de conservar nuestra riqueza natural. 

En el caso de Acapulco, por ejemplo, pudo más la ambición de un puñado de políticos y de empresarios corruptos para autorizar y construir desarrollos inmobiliarios y comerciales en la zona “Diamante” (hoy la más afectada por la tormenta Manuel), de lo que lograron las advertencias de quienes saben perfectamente que esa zona es un palmar y un humedal natural en el que, ocasionalmente, el mar se une con la laguna de Tres Palos. Y qué decir de quienes permiten (e incluso fomentan) que numerosas familias de bajos recursos construyan su vivienda en laderas de ríos y barrancas, vulnerando así sus más elementales derechos y poniendo en riesgo su vida.

 

 

Hasta hoy, desafortunadamente, los gobiernos no han mostrado interés por invertir, aplicar y hacer cumplir los instrumentos de política ambiental y de ordenamiento territorial vigentes en el país. Se ha llegado incluso al ridículo de preferir gastar más de mil millones de pesos para volver a poner la arena que se llevó un huracán en las playas de Cancún (quitándole a Cozumel sus bancos naturales de arena), en lugar de invertir en la infraestructura que corrija y reencauce el desarrollo de ese importante destino turístico. 

Más que el cambio climático o que los fenómenos hidrometeorológicos extremos, las malas decisiones y la corrupción para la ocupación y el uso de nuestro territorio es lo que, año con año, nos trae situaciones dramáticas y costos incalculables. Cuando deberíamos estar realizando obras e inversiones para mitigar y adaptarnos a escenarios climáticos cada vez más extremos, sucede que –año con año- estamos gastando decenas de miles de millones de pesos para tratar de remediar lo que pudimos haber evitado.

Sólo podremos superar las tragedias que crónicamente sufre el país en materia climática cuando, además de conocer las particularidades de nuestro territorio y la mejor forma de ocuparlo, respetemos y exijamos el cumplimiento de lo que es legal y el castigo de lo que no lo es.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón