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Vecinos del Canal Nacional recuperan este espacio y construyen ciudadanía ambiental

 

* Buscan que se decrete como Área de Valor Ambiental; logran se incorpore a la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Urbanístico Arquitectónico

 

* Su defensa y restauración, ha sido motivo de integración comunitaria y para la construcción de una ciudadanía ambientalmente responsable  

 

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México / 22 de julio de 2013

 

 

La semana pasada, como responsable de Participación Ciudadana de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del DF, tuve la oportunidad de visitar un espacio de la Ciudad de México que –debo confesarlo- no conocía y, por lo mismo, no valoraba como parte fundamental de nuestro patrimonio cultural; pero, también, como un sitio con un enorme potencial ambiental y de integración social.  

El Canal Nacional, que atraviesa a las delegaciones Coyoacán, Iztapalapa y Xochimilco, es un cauce artificial de agua a cielo abierto que fue construido en la época prehispánica. Se abastecía de los escurrimientos del volcán Popocatépetl conducidos por el río Ameca, el lago de Chalco y los distintos ojos de agua de Xochimilco y Tláhuac. 

La principal función de esta vía acuática era la de transportar productos agrícolas y para la construcción a la Ciudad de México. Llegaba hasta el embarcadero de La Merced (donde hoy se ubica la calle de Roldán) y al mercado de Jamaica. Muchos de los pueblos y barrios que se encuentran en su trayecto (como los de Culhuacán), así como gran parte de sus tradiciones y festividades, tienen su origen en la existencia de este canal y en las actividades que ahí se realizaban.  

Como espacio de encuentro y recreación para las comunidades, el Canal Nacional tuvo una importancia fundamental todavía hasta los años 50; muchas familias acudían a bañarse en las aguas limpias del canal, para disfrutar de su vegetación e incluso podían pescar. Pero también en aquellos años –los 40 y 50- muchos de los ríos de la cuenca de México comenzaron a ser desviados, modificados en su cauce y, en muchos casos, entubados. Esto sucedió con algunos tramos del Canal Nacional, pero también del Río de la Piedad (1952), del Río Consulado (que de 1944 a 1960 vio entubados 10.4 kilómetros de su trayecto) o del Río Churubusco, entre muchos otros. 

En los años 60, con la construcción de la pista de canotaje en Cuemanco, el flujo del Canal Nacional es nuevamente modificado y, en los años 70 y 80, se decide utilizarle para la descarga de aguas negras (algo que, por cierto, sigue sucediendo a la fecha).  

Desde hace alrededor de diez años y hasta la actualidad, vecinos organizados de las delegaciones Coyoacán, Iztapalapa y Xochimilco, se han dado a la tarea de recuperar y restaurar diversos tramos del Canal Nacional. Su trabajo es en verdad notable. Gestionando apoyos públicos o con sus propios recursos, con gran entusiasmo realizan obras de mejora, jornadas de limpieza y de reforestación, además de diversas actividades culturales y recreativas a las que convocan a sumarse a los avecindados del canal.  

 

 

Incluso, el año pasado –en el 2012- lograron que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal incorporara algunas modificaciones a la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Urbanístico Arquitectónico, a fin de considerar a los canales (como el de Chalco o el de Xochimilco) como sujetos de protección jurídica. Los vecinos del Canal Nacional se han acercado a la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del Distrito Federal (la PAOT) para pedir apoyo técnico a fin de que ese cuerpo de agua pueda ser elevado a la categoría jurídica de Área de Valor Ambiental (AVA).

Hoy, esperan una respuesta de la autoridad responsable de decretar al Canal Nacional como AVA (la Secretaría del Medio Ambiente del Gobierno del Distrito Federal), y así ver coronados sus esfuerzos por ganar un espacio para la recreación y la convivencia comunitaria. Y es que, independientemente del valor ambiental que pueda significar el Canal Nacional en términos de infiltración de agua a los mantos freáticos o como hábitat de un significativo número de especies de flora y fauna, me parece que sería miope ignorar los beneficios que este espacio ya aporta a la Ciudad de México. 

Canal Nacional ha integrado a numerosos segmentos de la población de aquellas delegaciones que, sin lugar a dudas, están trabajando no sólo por un mejor medio ambiente para sus familias, su comunidad y para la ciudad; desde mi perspectiva, lo más destacado es que los vecinos del Canal Nacional están construyendo una ciudadanía ambientalmente responsable.

Ojalá que las autoridades públicas de nuestra ciudad demuestren estar a la altura de ciudadanos tan notables y responsables, como los que tuve la oportunidad de conocer la semana pasada durante un recorrido en bicicleta a lo largo del histórico Canal Nacional.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón