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Una enorme proporción de la contaminación ambiental es producida por la agricultura

 

* Métodos agrícolas, forestales y pesqueros insustentables, son causa de la pérdida de hábitats y la biodiversidad en el planeta

 

* La pobreza alimentaria en México se concentra todavía en el ámbito rural y no en el urbano, como sucede en otros países del mundo

 

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México / 1° de julio de 2013

 

El día de mañana -2 de julio-, en México y en otras naciones latinoamericanas, se conmemorará el Día Nacional de la Agricultura (o Día de la Agricultura Nacional). Y como sucede con muchas efemérides cuya paternidad aparentemente es responsabilidad de organismos de la sociedad civil, no es muy claro el origen o el motivo que señaló esta fecha como el día indicado para tal celebración. 

Pero, bueno, independientemente de fechas precisas, siempre es importante analizar las condiciones en las que –en todo el mundo y en México- se desarrollan las actividades agrícolas y pecuarias. Sobre todo, cuando sabemos que, hoy por hoy, son causa muy destacada de problemas ambientales en todo el planeta.

La agricultura es la actividad humana que mayor proporción de tierra ocupa; más de una tercera parte de los territorios habitables del planeta son zonas de cultivo y pastizales. También, alrededor del 75 por ciento de toda el agua potable es utilizado para la producción de alimentos en las zonas rurales. 

Los impactos sobre el medio ambiente son igualmente proporcionales; la principal fuente de contaminación del agua es la agricultura y sus voluminosos residuos de nitratos, fosfatos y plaguicidas. Prácticamente, en todos los países del mundo se padece ya, además de una intensa degradación de los suelos, la salinización y la contaminación de las aguas subterráneas por residuos agroquímicos. 

También, el sector agropecuario es el mayor emisor de gases de efecto invernadero a la atmósfera, causantes del cambio climático. El metano, el amoniaco y el óxido nitroso, por ejemplo, son gases resultantes de la ganadería intensiva, de ciertos cultivos (como el del arroz) y, desde luego, la utilización de fertilizantes, pesticidas y otros agroquímicos contribuyen mayúsculamente a la contaminación del aire.  

En resumen, los métodos agrícolas, junto con los forestales y los pesqueros, son hoy la principal causa de la pérdida de hábitats y de la biodiversidad en todo el planeta. Numerosas poblaciones de insectos y de hierbas que sirven de polinizadores o como alimento para otras especies, están desapareciendo en distintas regiones del orbe y en detrimento de la vida, como consecuencia del uso de pesticidas químicos. 

En México, el 73 por ciento del territorio está dedicado a las actividades agropecuarias; sin embargo, sólo el 13.4 por ciento de la población ocupada se desempeña en este sector y su aportación al PIB nacional alcanza el 4 por ciento. Cifras muy elocuentes de las disparidades socioeconómicas del campo mexicano. 

A diferencia de lo que sucede en otros países del mundo, donde la pobreza es hoy un fenómeno dominantemente urbano, en México es en el campo en donde habita la mayor parte de personas pobres. Seis de cada diez mexicanos en situación de pobreza alimentaria, residen hoy en el medio rural.

Frente a este panorama (al que debemos sumar también realidades como los impactos del cambio climático), los pronósticos ambientales, económicos y sociales plantean escenarios ciertamente complicados para el desarrollo de la agricultura nacional y mundial. 

Creo que es alentador que el Ejecutivo Federal haya reconocido –en mayo pasado, en Querétaro- que “en materia agropecuaria es momento de cambiar paradigmas, porque no es posible que en un país con gran riqueza natural existan condiciones tan severas de pobreza y hambre”. 

Yo esperaría que las políticas públicas actuales tiendan a incorporar de manera integral y horizontal criterios de sustentabilidad ambiental, para así transformar verdaderamente no sólo al campo sino a toda la sociedad mexicana. Y me parece que el cambio más trascendente está en manos de nosotros, los ciudadanos comunes, y en las pequeñas decisiones que podemos ir tomando día con día: el tipo de alimentación que adoptemos; la preferencia por consumir productos locales sobre los foráneos; y, en fin, en el compromiso que seamos o no capaces de adquirir para superar el histórico rezago del campo mexicano.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón