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Preservación del medio ambiente requiere de la valoración económica del patrimonio natural

 

* No intervenir en bosques, selvas y otros ecosistemas naturales, está propiciando que intereses privados les exploten en su propio beneficio

 

* Necesario el fomento y aprovechamiento sustentable de los recursos forestales, y fortalecer el manejo integral de las cuencas hídricas del país

 

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México / 24 de junio de 2013

 

 

Hace algunos días, en un programa de radio al que acudimos varios invitados para hablar sobre medio ambiente y desarrollo sustentable, se manifestaron dos posiciones que delinean, desde mi perspectiva, muy claramente lo que está sucediendo con el manejo de la riqueza natural del país.

Por una parte, hay quienes se niegan a darle un valor económico a los llamados recursos naturales (el territorio, los ríos, los bosques, la flora y la fauna) porque –dicen- ello implicaría transformar en un negocio en manos de unos cuantos lo que es esencialmente de todos. Las selvas y su riqueza vegetal y animal, los mares o los ríos, "han estado ahí durante millones de años y el hecho de que el humano quiera incorporarles en su fórmula económica constituye –afirman- el peor atentado en contra de la naturaleza". Así, quienes abanderan esta posición se niegan rotundamente a enmarcar cualquier actividad de conservación de la naturaleza bajo algún enfoque económico. 

En el otro lado, estuvimos quienes sostenemos que, por el contrario, es importante darle un valor económico a la riqueza natural y biológica del país (a su “capital natural”), para poder alcanzar así los postulados del desarrollo sustentable; a saber: garantizar la satisfacción de las necesidades materiales y el bienestar de las presentes y de las futuras generaciones, sin poner en riesgo el equilibrio de los ecosistemas que nos proveen los elementos necesarios para la vida.

Desafortunadamente, la visión de no intervenir en los bosques, en las selvas y en otros ecosistemas naturales del país, está propiciando que intereses económicos privados exploten en su propio beneficio, sin criterios de conservación y de manera ilegal la riqueza natural que es de todos los mexicanos.

Ejemplos de esto hay muchos en el territorio nacional. En Michoacán, la comunidad de Cherán ha hecho visible recientemente el proceso de tala ilegal que durante décadas viene azotando y mermando la riqueza forestal de esa y otras zonas de la entidad, en beneficio de sólo unas cuantas personas u organizaciones y no así de sus propias comunidades. Aquí mismo, en el Distrito Federal, la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial y la Secretaría del Medio Ambiente local, han identificado y trabajan ya en la desarticulación de una red de tala montes y de aserraderos en Milpa Alta que han convertido a la riqueza forestal de todos los capitalinos en un jugoso negocio particular.      

De esta manera, la premisa de que conservar la riqueza natural del país significa no tocarla, no intervenir y permitir que por sí sola sobreviva, afortunadamente, cada día queda más en desuso. Hoy sabemos que para evitar que particulares sin escrúpulos y carentes de compromiso social sigan saqueando la madera de los bosques, traficando con especies animales o vegetales en peligro de extinción,  es necesario intervenir oportuna y decididamente en los ecosistemas naturales. Debemos valorar a la naturaleza no sólo en términos de cuáles son los productos susceptibles de incorporarse al mercado, sino sobre todo reconociendo aquellos servicios que nos brinda y los costos que nos ahorra.  

 

Al Águila Real Mexicana, especie en grave peligro de extinción, está siendo posible rescatarle por el trabajo realizado en unidades de manejo de la vida silvestre y con el trabajo de especialistas comprometidos con la conservación (foto: El Nido)

 

Un ecosistema sano nos proporciona agua, tierra apta para producir alimentos, aire limpio para mantenernos sanos y vivos y, en fin; conservar a la naturaleza siempre redundará en una economía robusta y saludable. A final de cuentas, “economía” al igual que “ecología” comparten una misma raíz: “oikos” (que significa casa, patrimonio). Así que, el cuidado de nuestro hábitat repercutirá, indefectiblemente, en la buena administración de nuestros recursos y de nuestra casa. 

Invito a nuestro auditorio a que conozca una institución de excelencia que, en México, está impulsando la valoración económica y el aprovechamiento sustentable de nuestro capital natural: la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). Desde hace algunos años y a través de espléndidas publicaciones, la CONABIO ha venido invitándonos a reflexionar en que la conservación ya no significa “dejar ser y dejar pasar” o no hacer nada para preservar nuestro patrimonio natural. Conservar la diversidad biológica, cultural y natural significa, hoy más que nunca, actuar en favor del bienestar de México.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón