El 40% del
territorio mexicano en grave sequía y fuertemente amenazado
por la desertificación
* Más de 250 millones de personas afectadas por la
desertificación en el mundo; mil millones más en riesgo de
deterioro de sus condiciones de vida
* Necesario el fomento y aprovechamiento sustentable de los
recursos forestales, y fortalecer el manejo integral de las
cuencas hídricas del país
Por Antena Radio /
Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo
hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte
107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México / 17
de junio de 2013

Hoy, 17 de junio, las
Organización de las Naciones Unidas nos convoca a conmemorar
el
Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la
Sequía. Desde 1994, líderes de distintos países
(particularmente, los africanos) han llamado la atención
sobre los impactos negativos que este fenómeno está teniendo
para la humanidad. Bajo el lema “No dejes
que nuestro futuro se seque”, la ONU ha desplegado
campañas en las que destaca que la desertificación es una
problemática causada principalmente por variaciones
climáticas y por actividades humanas insustentables.
La deforestación para
ampliar las superficies de cultivo y la ganadería, así como
prácticas de riego y uso del agua insustentables, está
llevando a los ecosistemas de tierras áridas (que cubren una
tercera parte del total de la Tierra) a condiciones de
desertificación irreversibles. Son más de 250 millones de
personas las que hoy se están viendo afectadas por este
fenómeno, y más de mil millones de seres humanos en 100
países del mundo quienes están en riesgo de experimentar, en
el corto y mediano plazos, un deterioro severo de sus
condiciones de vida.
Nuestro país, México, es
altamente vulnerable a la desertificación y en el presente
muestra síntomas alarmantes frente a una ya prolongada y
severa sequía en aproximadamente el 40 por ciento de su
territorio. Esto se explica no
solamente por la presencia del fenómeno global del cambio
climático; sobre todo, el inquietante avance de la
desertificación en 20 entidades del país tiene como causa la
pérdida de nuestras selvas y bosques.
Según se señaló hace un
par de semanas durante la conmemoración del Día Mundial
del Medio Ambiente, México perdió durante los últimos 20
años el 40 por ciento de su reserva forestal; cifra que se
suma a la devastación que a lo largo del siglo XX hicimos de
nuestro capital natural (especialmente durante las décadas
de los 60 y los 70). El Senado de la República
estima que los estados más afectados por la larga sequía que
ha experimentado el país, son los del norte y el Bajío:
Chihuahua, Durango, Coahuila, Sonora, Sinaloa, Tamaulipas,
Zacatecas, San Luís Potosí, Aguascalientes y la zona serrana
de Querétaro.
En el norte y centro del
país, la captación de agua se ha reducido de tal forma
durante estos últimos años por causa de la sequía, que hoy
las presas de la región se encuentran a menos del 30 por
ciento de su capacidad de almacenaje. Por si esto no fuera
suficiente, regiones conocidas por su abundancia pluvial e
hídrica (como Veracruz, Tabasco, Oaxaca y Chiapas), acusan
ya una notable reducción en la disponibilidad de agua que
está afectando no sólo a su capacidad productiva, sino
–desde luego- al equilibrio de sus complejos y delicados
ecosistemas. Frente a este panorama,
creo que es urgente que el país transforme de manera radical
los esquemas de planeación para el desarrollo y ponga, en la
más alta prioridad, la protección y la restauración de
nuestro capital natural.
Es necesaria una política
de fomento y de aprovechamiento sustentable de los recursos
forestales en México, que incorpore a las comunidades
productivas en los circuitos económicos sectoriales. Desde
luego, hay que dar seguridad no sólo en el tema de la
tenencia de la tierra, sino también en la asesoría y en el
acceso de los productores legítimos a los apoyos y mercados
locales, nacionales e internacionales.
En materia de agua,
debemos seguir por la vía de la consolidación de la visión
del “manejo de cuencas”; esto requiere que legisladores y
autoridades en los tres órdenes de gobierno, trabajen en la
construcción de instrumentos donde la seguridad hídrica sea
una prioridad integral de las políticas públicas.
Es impostergable ya trabajar en éstas y en otras prioridades
del desarrollo, si en verdad no queremos ver secarse el
futuro del país.
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