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Una cuarta parte de la superficie habitable del planeta, dedicada a la producción de alimentos

 

Un tercio de los alimentos producidos en el mundo terminan en la basura; sin embargo, 20 mil niños mueren de hambre diariamente en el planeta

En México, 28 millones de personas viven en pobreza alimentaria y 7,4 millones lo hacen en carencia alimentaria extrema

 

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México / 3 de junio de 2013

 

Este miércoles se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, y el panorama dominante es que nuestro planeta y el entorno natural acumulan una serie de desequilibrios que, día con día, se vuelve más difícil revertir. Este año, las Naciones Unidas llaman la atención del mundo sobre el enorme desperdicio y las pérdidas que, en distintos ámbitos, genera la producción de alimentos. 

Con el lema “Piensa, Aliméntate y Ahorra”, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) subraya un hecho que –en este mismo espacio radiofónico- hemos señalado ya: cada año terminan en la basura mil 300 millones de toneladas de alimentos; es decir, más de una tercera parte de toda la producción de alimentos en el planeta.  Contrasta con esta cifra el hecho de que, cada día, mueren de hambre en el mundo más de 20 mil niños menores de cinco años y que una de cada siete personas hoy carece de la alimentación básica. En nuestro país, según lo reconoce el Gobierno Federal, son 28 millones de mexicanos viviendo en pobreza alimentaria; y, 7.4 millones los que padecen pobreza extrema y carencia alimentaria severa.

 

 

Este notable desequilibrio en la producción mundial de alimentos, se traduce en impactos muy severos sobre el entorno natural. Se estima que más de una cuarta parte de la superficie habitable del planeta es dedicada a la producción de alimentos; el 70% del agua se consume en esta actividad, y el 80% de la deforestación y el 30% de los gases de efecto invernadero, son causados por la industria alimentaria.

En este contexto de fuertes presiones por ampliar la frontera agropecuaria, industrial y poblacional en detrimento de la riqueza natural de nuestro país, llaman poderosamente mi atención los esfuerzos de distintas organizaciones públicas y ciudadanas no sólo para frenar la pérdida sino –sobre todo- para ampliar nuestras áreas naturales. Con la creación de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), al final del sexenio de Ernesto Zedillo, territorios que sólo estaban protegidos en el papel lo están hoy bajo esquemas jurídicos y administrativos bien definidos y administrados.  

Al día de hoy, alrededor del 13% de todo el territorio nacional está bajo algún esquema federal de protección y de conservación de su capital natural. México cuenta con parques nacionales, reservas de la biosfera, áreas de protección de flora y fauna, santuarios, áreas de protección de recursos naturales y monumentos naturales. Pero también, en el ámbito local, estados y municipios han concretado y comienzan a fortalecer (con distinta intensidad y compromiso) su propio sistema de áreas naturales protegidas. Éste es el caso del Distrito Federal, que en la actualidad cuenta con 22 áreas naturales protegidas distribuidas tanto en su suelo de conservación como en la zona urbana. 

Lo cierto es que, en la capital del país, la creación de los mecanismos normativos e institucionales para la protección efectiva de estas 22 áreas naturales protegidas (14 locales y 8 federales) ha sido más bien lenta. Sin embargo, me parece que durante las últimas semanas hemos visto signos de un legítimo interés por fortalecer los instrumentos con los que contamos, gobierno y sociedad, para preservar sitios naturales de invaluable valor para nuestro bienestar. Menciono dos hechos: primero, la recuperación de 70 hectáreas de bosque en las inmediaciones del Parque Nacional Cumbres del Ajusco, en mayo pasado, invadidas ilegalmente para construir vivienda; y, segundo, las recomendaciones públicas emitidas la semana pasada por la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del DF (PAOT), mediante las que exige a varias autoridades locales y federales concretar ya los instrumentos normativos para el manejo de dos áreas de enorme valor ambiental para la Ciudad de México: el Parque Nacional Fuentes Brotantes, en Tlalpan, y el Bosque de Aragón.

Sólo fortaleciendo los esquemas nacionales y –sobre todo- locales de protección de nuestro territorio y de su capital natural, estaremos en posibilidades de corregir las enormes distorsiones ambientales que hoy vive México y, desde luego, el planeta. Ésta es una tarea a la que nos debe convocar la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente.

 

A la distancia, el Cerro de la Estrella, área natural protegida del Distrito Federal (foto: Paco Calderón)

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón