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Autorización de aprovechamientos sustentables fortalecerá la conservación de los bosques del DF

 

Prohibiciones actuales han propiciado actividades como la extracción ilegal de madera y tierra, el tráfico de especies animales y la contaminación del agua

Realizan autoridades del DF operativo para recuperar 70 hectáreas de suelo de conservación en el Ajusco; 269 más permanecen ocupadas desde hace 30 años

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 20 de mayo de 2013.

 

Durante ya casi un siglo, ha existido un intenso debate entre los conservacionistas de la naturaleza que, a grandes rasgos, podría resumirse en la confrontación de dos posiciones extremas: de un lado, aquellos que piensan que para conservar el equilibrio y la subsistencia de los elementos naturales, hay que procurar dejarles intocados y en su estado original; y, por el otro, quienes plantean un aprovechamiento económico más bien racional y controlado de los recursos naturales. 

Ambos planteamientos han demostrado tener sus ventajas y desventajas en la integridad y la salud de los ecosistemas, pero –al final del día- el inevitable impacto de las actividades humanas sobre prácticamente todos los rincones del planeta, impone la necesidad de armonizar racionalmente nuestra relación con el entorno y los procesos de la naturaleza. Sólo alcanzando ese equilibrio estaremos en la posibilidad de garantizar que, las generaciones actuales y las futuras, dispondremos de los recursos necesarios para cubrir nuestras necesidades y las de nuestras comunidades. Eso es el desarrollo sustentable. 

Desafortunadamente, es cotidiano presenciar procesos que minan la posibilidad de que alcancemos un equilibrio que asegure nuestra subsistencia como sociedad e, incluso, como especie. Y quiero referirme a los recientes incendios forestales en la serranía del Ajusco, justamente aquí en la capital del país. Hace cerca de un mes, la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del Distrito Federal (la PAOT) detectó que los incendios registrados en el suelo de conservación, en la zona aledaña al asentamiento conocido como “Zorros-Solidaridad”, fueron provocados con la intención de obtener terrenos para la venta. Lideresas y líderes perfectamente identificados quemaron deliberadamente bosques importantísimos para la captación de agua en nuestra ciudad, en una extensión de aproximadamente 70 hectáreas que pretendían sumar a las 269 hectáreas de suelo de conservación ya invadido desde hace tres décadas por el asentamiento “Zorros – Solidaridad”. 

 

 

Como todos lo pudimos presenciar a través de los medios de comunicación, el martes 14 de mayo distintas autoridades de la ciudad –encabezadas por la Secretaría del Medio Ambiente- realizaron un operativo en la zona invadida, en el que se desmantelaron 300 viviendas (decenas de ellas ya de tabique y concreto). El reto es ahora, además de dar la posibilidad al mismo número de familias de contar con su derecho constitucional a una vivienda, así como lograr restituir el daño infringido al bosque en la delegación Tlalpan y, desde luego, mantenerle libre de nuevas invasiones. 

Para lograr esto último –la conservación sustentable del bosque-, es necesario que nuestros legisladores y autoridades ambientales den un giro a la visión actual con la que se busca proteger a los bosques del Distrito Federal. Hoy, en los hechos está prohibido el aprovechamiento de los recursos forestales, de la flora y fauna del suelo de conservación, lo que ha inhibido actividades de uso sustentable y, por el contrario, ha propiciado actividades como la extracción ilegal de madera, el tráfico de especies animales y la contaminación del agua. No es posible postergar más un cambio de visión para el manejo adecuado de las áreas naturales de la Cuenca de México donde, lo sabemos, habita el 2% de toda la diversidad biológica del planeta.

Es necesario que, en el marco de una regulación estricta, se permitan aprovechamientos sustentables, se promuevan inversiones mixtas y se canalicen recursos públicos para realizar actividades productivas que, de manera definitiva, frenen los cambios de uso de suelo y, consecuentemente, la destrucción de los hábitats naturales de ésta y de otras regiones del país.

Conservar el capital natural de México no será posible si continuamos con una visión romántica de la conservación, donde hemos convertido a nuestros bosques prácticamente en tierra de nadie. Nuevamente, la deuda histórica con el campo mexicano hace patentes sus consecuencias y la urgencia de atenderle ya si, como lo afirmamos, queremos proyectar a nuestra nación hacia el futuro.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón