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Concentraciones de CO2  superan las 400 ppm; gobiernos y ciudadanía permanecen indolentes

 

La Administración Nacional de Océanos y Atmósfera de los EEUU, en su estación en Mauna Loa, Hawaii, registró esta cifra histórica el 10 de mayo

En el DF, a pesar de la contingencia ambiental y del doble Hoy No Circula, desfile de motociclistas que provoca congestionamientos viales

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 13 de mayo de 2013.

 

Para quienes –como yo- durante la juventud escuchamos las canciones del grupo español MECANO, es fácil recordar cuál es la composición química del Aire: Oxígeno (21%), Nitrógeno (78%) y Argón (1%). Bueno, además de esto, en la atmósfera de la Tierra están presentes otros gases que tienen un papel determinante en, por ejemplo, las condiciones del clima. Este es el caso del dióxido de carbono (CO2), el neón (Ne), el helio (He), el metano (CH4), el kriptón (Kr), el hidrógeno (H2) y, desde luego, el vapor de agua.

Un gas en particular, el dióxido de carbono (CO2), ha merecido la atención de la comunidad científica por su estrecho vínculo con la elevación de las temperaturas en todo el planeta y, consecuentemente, con el fenómeno del cambio climático. Se ha comprobado que, desde que existe la vida en nuestra atmósfera (es decir, hace más de 3 mil 500 millones de años), la presencia de CO2  siempre ha fluctuado entre las 180 partes por millón (ppm) en las edades de hielo y las 280 ppm durante los periodos cálidos interglaciares. Estas fluctuaciones se presentaron en intervalos de 800 mil años aproximadamente. 

Lo que hoy alarma a los científicos es el hecho de que, a partir de la Revolución Industrial (finales del siglo XVIII y el siglo XIX) las actividades humanas han venido incrementando de manera sostenida la proporción de CO2 en la atmósfera terrestre. Pero, más aún, preocupa que el incremento de este gas de efecto invernadero ha sido colosal, desproporcionado y sostenido a partir de la década de los 60 del siglo XX. 

El viernes pasado -10 de mayo de 2013-, la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera de los Estados Unidos anunció que, por primera vez en la historia de la vida en el planeta, su estación en Mauna Loa, Hawaii, registró una concentración de CO2 en nuestra atmósfera superior a las 400 ppm. Esta cifra también fue registrada por los instrumentos de medición de la Scripps Institution of Oceonography, uno de los centros de investigación en ciencias marinas más antiguo e importante de los EEUU. 

 

 

Las consecuencias de este hecho son impredecibles aún. Cuando –en 1988- las concentraciones de CO2 alcanzaron las 350 ppm, el equipo de científicos de la NASA encabezado por James Hansen aseguraba que aún era tiempo de frenar y revertir los efectos predeciblemente devastadores de este hecho. Sin embargo, afirmaba Hansen, esto requeriría de esfuerzos semejantes a los de la reconstrucción posterior a la Segunda Guerra Mundial, y encaminados a eliminar –en un periodo máximo de 25 años- la quema de combustibles fósiles y la transformación de los suelos forestales a la agricultura. Desafortunadamente, ambos procesos no sólo no han sido eliminados sino, por el contrario, se han intensificado a lo largo de estos años.

Esta situación inédita en el planeta sólo nos permite especular qué es lo que pasará. Hay quienes aseguran que, como consecuencia del calentamiento global, la Tierra pudiera perder su atmósfera y, con ella, la vida (algo que se cree sucedió en Marte); pero los más, prefieren ignorar las alertas y continuar como si nada estuviera sucediendo. Y como ejemplo permítaseme mencionar a nuestra Ciudad de México. Nuevamente este fin de semana pasamos por una emergencia ambiental por la mala calidad del aire. Por primera vez en diez años, se decretó el doble “Hoy No Circula”; pero nadie, absolutamente nadie, tomó conciencia del hecho ni hizo valer su autoridad para informar oportunamente sobre la contingencia o para posponer un nutrido desfile de más de 5 mil motociclistas que colapsó al tráfico sabatino.

 

Foto: Paco Calderón, 2013.

 

Es lamentable que los motivos económicos estén siempre por encima de la sustentabilidad ambiental y de la salud misma de la población. Mientras las autoridades públicas y los ciudadanos no dialoguemos con la ciencia, y no entendamos el alcance de nuestras acciones particulares y colectivas en el deterioro ambiental, una noticia como la de haber alcanzado las 400 ppm de concentraciones de CO2 en la atmósfera no puede tener absolutamente ningún significado.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón