Declaración de Río -de 1992-, ha sido guía para el
diseño de políticas ambientales en el mundo
En México, el acceso a la información ambiental es un
derecho constitucional
Acceso desigual a
información ambiental y debilidad de mecanismos
judiciales y administrativos para protección de
derechos, limitantes en el país
Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio
Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic.
Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM,
11 de marzo de 2013.
Gran parte de los acuerdos
mundiales que nos señalan la ruta para alcanzar el
desarrollo sustentable, derivaron de la histórica Cumbre
de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro. De esta reunión
de la Organización de las Naciones Unidas surgió un
conjunto de 27 principios que, a la fecha, son una guía
para muchos gobiernos en el diseño e instrumentación de
sus políticas públicas de corte ambiental. Particularmente, el
Principio 10 de la Declaración de Río –que ya en otras
ocasiones aquí he mencionado- me parece fundamental para
alcanzar, en el marco de los regímenes democráticos, un
desarrollo que equilibre las variables económicas,
sociales y ambientales.
Este principio destaca la
necesidad de que todas las personas participemos en la
construcción del desarrollo y, para que esto sea posible
y tenga resultados socialmente tangibles, que las
autoridades públicas garanticen el acceso adecuado de la
población a la información sobre el medio ambiente. En este sentido, durante
los últimos 20 años hemos presenciado distintas
experiencias en materia de información pública ambiental
alrededor del mundo.

Yo señalaría a naciones como los
Estados Unidos de Norteamérica, donde las autoridades
gubernamentales prácticamente se han desentendido de
este compromiso y no socializan adecuadamente la
abundante información que da cuenta de los severos
impactos ambientales que están resultando del desmedido
consumo energético y de todo tipo de recursos
naturales.
Los países integrantes de
la Unión Europea –por su parte, y con un alto sentido de
responsabilidad ambiental- han sido capaces de
sensibilizar a sus poblaciones al grado de inducir
cambios en los hábitos de consumo energético, en el uso
de tecnologías amables con el entorno y, en general, en
la construcción de una ciudadanía comprometida con la
protección del medio ambiente.
En la región asiática
–donde se asienta la mitad de la población mundial-
apenas se comienza a tomar conciencia de la urgencia de
atender los desequilibrios ambientales. Esto, en gran
medida, como consecuencia de la devastación que hoy
padece su riqueza natural por el acelerado crecimiento
económico de la última década.
En América Latina, región
que hospeda al 40 por ciento de la diversidad biológica
del planeta, los contrastes son elocuentes en materia de
información ambiental. Costa Rica, por ejemplo, es un
modelo emblemático de la incorporación de la
participación ciudadana, de la perspectiva de género y
de los criterios de sustentabilidad en prácticamente
todas las tareas de gobierno. El buen estado de
conservación de su riqueza natural habla por sí mismo.
En contraste, la
posibilidad de acceder a información ambiental objetiva
es, hoy por hoy, un tema cuestionable en países como
Venezuela y Bolivia. Ahí, regímenes autoproclamados de
izquierda y que –por lo mismo- debieran ceñirse a
enfoques apegados al rigor científico, parecen estar
abordando los temas ambientales con excesiva
superficialidad. Es preocupante escuchar en
voz de sus principales líderes políticos, aseveraciones
tan absurdas como que el cáncer puede ser “contagiado”
intencional y fácilmente, o que la calvicie y la
orientación homosexual de las personas pueden ser
determinadas por el consumo de pollos cargados de
hormonas.
En México, el acceso a la
información ambiental es un derecho que está garantizado
por la ley. Aquí, existen instituciones públicas y
privadas que ponen a disposición de la población
sistemas de información ambiental, en el ánimo de
mejorar sustancialmente la participación social con
criterios de sustentabilidad. Sin embargo, compartimos
con otras naciones latinoamericanas algunas limitaciones
sobre las que tenemos que trabajar seriamente: 1.- un
acceso desigual a la información ambiental disponible,
y; 2.- la debilidad de los mecanismos judiciales y
administrativos para la protección de estos derechos.
Creo que, en la medida en la que demandemos y hagamos
uso de la información ambiental, podremos exigir el
fortalecimiento de las instituciones encargadas de la
exigibilidad y la defensa de nuestros derechos
ambientales. Esto, finalmente, se traducirá en la
posibilidad de que gocemos plenamente de un medio
ambiente adecuado para nuestro desarrollo y bienestar,
tal y como lo establece nuestra Carta Magna. ▄
