Sin una cultura del cuidado del agua, el hallazgo de
nuevos yacimientos es poco relevante
Descubre el gobierno del DF agua a 2 mil metros de
profundidad en Iztapalapa; aseguran que abastecería del
líquido a la ciudad por más de 100 años
Especialistas recomiendan cautela y reforzar tratamiento
de aguas residuales, captación de agua de lluvia y
ahorros en todos los niveles
Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio
Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic.
Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM,
28 de enero de 2013.
Seguramente muchas personas del auditorio escucharon la
noticia de que, el pasado fin de semana, un equipo de
geólogos del Gobierno del Distrito Federal encontró agua
a dos kilómetros de profundidad en un pozo ubicado en
San Lorenzo Tezonco, en la delegación Iztapalapa.
Según trascendió en distintos medios de comunicación, la
magnitud del hallazgo pudiera garantizar el abasto del
preciado líquido a los habitantes de la Ciudad de México
durante, al menos, los próximos 100 años. Un anuncio en
verdad reconfortante, sobre todo para una ciudad que
vive ya episodios sumamente críticos por la cada vez más
reducida disponibilidad de agua.

Pero, ¡ojo!, un regalo de esta dimensión nos exige
también un gran sentido de responsabilidad para no
desaprovechar y dilapidar –como lo hemos hecho con otros
recursos naturales- sus beneficios potenciales. El agua
no es un recurso infinito y, para garantizar que las
generaciones presentes y futuras cuenten con ella,
debemos administrarla con inteligencia.
En el presente, seis de cada 10 litros del agua de la
que disponemos los habitantes del Distrito Federal los
estamos extrayendo de un yacimiento ubicado entre los 60
y los 400 metros de profundidad (esto, a través de una
red de 630 pozos distribuidos en distintos puntos de
nuestro territorio). De hecho, así lo hemos venido
haciendo por un poco más de 100 años. La
sobreexplotación de este manto tan cercano a la
superficie ha provocado que, en distintas zonas de la
ciudad, se presenten hundimientos diferenciales del
suelo.
Extraer el agua de un segundo manto localizado a dos
kilómetros de profundidad –dicen los geólogos y el
director del Sistema de Aguas de la Ciudad de México-,
no produciría hundimientos y ayudaría a aliviar la grave
sobreexplotación de la que es objeto hoy del primer
manto freático.
La calidad del agua encontrada bajo las profundidades
del suelo de Iztapalapa ha sorprendido a los
especialistas, pues aseguran que ésta sale “casi
potable”, con bajas concentraciones de sales y sólo con
cantidades de fierro fácilmente manejables.
Y, por si esto fuera poco, hay evidencias sólidas de que
por debajo de este segundo acuífero, localizado a dos
mil metros de profundidad, existe otro más de magnitudes
aún no cuantificadas.
Independientemente de los pronósticos que ya se hacen en
materia de costos en infraestructura, de tiempos para
concretar obras y de cantidad de agua de la que se
dispondrá, los especialistas están siendo cautelosos y
todos coinciden en que debemos transitar hacia una mejor
cultura del agua. Quienes vivimos en la Ciudad de México –y, desde luego,
en otras concentraciones urbanas del país-, debemos
esforzarnos por hacer un mejor uso y aprovechamiento del
agua en todas las escalas. Es importante avanzar en la
instalación de plantas tratadoras de aguas residuales,
para reaprovecharlas y no estar contaminando, como lo
hacemos, a nuestros ríos y mares.
También, hay que cosechar agua de lluvia, reparar fugas
y, en general, valorar el papel de este recurso en los
ciclos de la vida.
Hace ya casi 10 años, la Organización de las Naciones
Unidas (ONU) decretó el período 2005-2015 como el
Decenio Internacional para la Acción “El Agua, Fuente de
Vida”; en este contexto, el 2013 es el Año
Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua.
Estas iniciativas están buscando crear una conciencia
universal respecto de los desafíos que enfrenta la
gestión del agua, de cara a la creciente demanda de
acceso, su asignación y los servicios que requiere.

En este sentido, creo que todos debemos hacer más por
construir una verdadera cultura del agua. Los medios de
comunicación y las autoridades públicas, debemos
insistir en que la verdadera riqueza no radica en el
hallazgo de nuevas fuentes de abastecimiento del líquido
(aunque, desde luego, lo es); sobre todo, tenemos que
aportar a la transformación palpable de nuestra sociedad
hacia mayores niveles de conciencia y de responsabilidad
frente a la conservación del capital natural y de la
diversidad biológica del país. ▄