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Urgen mecanismos de vigilancia de áreas naturales, muchas ya ocupadas por el crimen organizado

 

En el 20% de la superficie de las ANP´s se han encontrado laboratorios clandestinos para producir metanfetaminas; sus residuos químicos, sumamente peligrosos

En el DF, realizan operativo en contra de la tala y aserraderos ilegales la PAOT, SMA, SSP, SG, INVEA y la delegación Milpa Alta; falta el apoyo de la PGR y la PROFEPA

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 21 de enero de 2013.

 

Parecería que, siendo el Distrito Federal la capital del país, sus bosques estarían perfectamente vigilados y protegidos del flagelo que es la tala ilegal de los recursos maderables. Sin embargo, es un hecho que los llamados “tala montes” operan hoy en los principales bosques de pino y encino que rodean a la Cuenca de México; y que, con su actividad ilegal, están deteriorando nuestro entorno natural y que lo están haciendo perfectamente organizados, bien equipados e incluso armados. 

Desafortunadamente, la presencia del crimen organizado en reservas ecológicas del país es un hecho que cada día está creciendo más. Hace un par de semanas, el periódico Milenio daba cuenta del hallazgo –por parte de la Secretaría de la Defensa y en prácticamente el 20 por ciento de la superficie de las áreas naturales protegidas del país-  de laboratorios ilegales en los que se fabrican metanfetaminas. 

En este interesante trabajo de investigación, se destaca el impacto que están teniendo sobre las reservas naturales de México los depósitos ilegales de residuos químicos. En muchos casos, verter al medio ambiente sustancias como acetona, ácido sulfúrico, metanol, ácido muriático, entre otros residuos peligrosos, está generando graves afectaciones a las especies protegidas de animales y vegetales que habitan en estos lugares. En el caso de la tala ilegal de los bosques para robar su madera, madera que es parte del capital natural de todos los mexicanos, los daños al medio ambiente son también muy serios.

 

 

Hablando de la extracción ilegal de los recursos maderables del suelo de conservación del Distrito Federal, esto significa no solamente quitar la capacidad que nuestros bosques tienen para producir oxígeno y capturar carbono (principal responsable del cambio climático); implica, sobre todo, imposibilitar que nuestras reservas de agua sean las suficientes como para satisfacer la gigantesca demanda que hace del vital líquido una urbe como la nuestra. 

Hasta hoy, la única manera de recargar los mantos freáticos de los que tomamos el 70 por ciento del agua en la Ciudad de México, es a través de la captura y absorción del agua de lluvia que cae en los bosques del sur y sur poniente del Distrito Federal. Se estima que por cada metro cuadrado de bosque que perdemos (ya sea por el avance de la mancha urbana o por la tala ilegal), se dejan de captar mil 600 litros de agua anualmente. 

Por ésta y por otras razones, el 8 de enero pasado, las Secretarías del Medio Ambiente, de Seguridad Pública y de Gobierno capitalinas, así como la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del Distrito Federal (PAOT), el Instituto de Verificación Administrativa (Invea) y la delegación Milpa Alta, realizaron un operativo en contra de taladores y aserraderos ilegales en aquella demarcación. 

Después de un trabajo de investigación e inteligencia coordinado entre todas estas dependencias, se logró la suspensión de actividades de cuatro –de los más de 20- aserraderos ilegales que operaban en San Pablo Oztotepec, en la delegación Milpa Alta, y el aseguramiento de 155 metros cúbicos de madera (suficiente como para cargar 30 camiones de tres y media toneladas). 

 

 

También, la semana pasada, la PAOT solicitó el apoyo de la Procuraduría General de la República (PGR) y de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), a fin de reforzar las acciones destinadas a erradicar la nefasta actividad de la tala ilegal de los bosques en el Distrito Federal. Una vez que las instancias federales tomen cartas en el asunto, será posible hacer el aseguramiento de maquinaria y de equipo en manos de taladores y aserraderos ilegales, así como instrumentar acciones mucho más contundentes para desarticular a estas mafias ecocidas. 

 

 

Es necesario que en las áreas naturales protegidas, que hoy significan más del 12 por ciento del territorio nacional, se incrementen y sofistiquen las acciones de vigilancia y de protección en contra de estos grupos. De lo contrario, año con año veremos reducirse recursos tan valiosos como el agua y a otras valiosas especies vegetales y animales (como lo hemos presenciado ya con la mariposa monarca).

En este esfuerzo por salvar nuestro entorno natural, la participación de todas las personas es fundamental. Denunciemos actividades ilegales y construyamos una nueva cultura de la legalidad y de respeto al medio ambiente.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón