Durante la temporada decembrina aumenta hasta en un 20%
la generación de residuos sólidos en México
Uso de iluminación de baja calidad ha provocado incluso
incendios en algunos hogares mexicanos; es recomendable
utilizar foquitos LED y no incandescentes
Festejos
elevan la contaminación del aire y producen
contaminación auditiva en ciudades como el DF y otras
Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio
Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic.
Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM,
24 de diciembre de 2012.
Contrariamente al espíritu de armonía y paz que debiera
reinar en esta temporada navideña, es justamente durante
estos días cuando más agredimos e impactamos al medio
ambiente en el que vivimos y donde transcurre
cotidianamente nuestra convivencia. Las sociedades
contemporáneas hemos transformado una festividad
originalmente dirigida a la reflexión, a la unión, a la
concordia y a la construcción de la paz, en un pretexto
más para darle vuelo a ese neurótico placer que nos
produce el hecho de consumir.
Desafortunadamente, la mayoría de nosotros ignora la
enorme responsabilidad ambiental que conlleva el hecho
de consumir cualquier producto y, casi por lo general,
en estas fechas acudimos a las tiendas para hacer
compras desordenadas y hasta inconscientes. Los hechos
hablan por sí mismos y dan cuenta del dispendio:
ciudades como el Distrito Federal, Chihuahua y Durango,
entre otras más, reportan que durante las festividades
decembrinas la cantidad de residuos recogida
habitualmente en los domicilios o de la vía pública se
incrementa en alrededor de un 20%.

Lo mismo sucede con el consumo de la energía eléctrica.
En España, por ejemplo, los ayuntamientos gastan en
alumbrado navideño unos 30 millones de kilovatios por
hora, que es la misma cantidad de electricidad que
consume un barrio de unas 50.000 viviendas al año (y lo
que produce la emisión a la atmósfera de 10.000
toneladas de CO2). Viendo la gran afluencia de personas
que en estos días registran los centros comerciales y
almacenes –al menos en la capital del país-, puedo
inferir que, desafortunadamente, seguimos siendo una
sociedad de consumidores poco responsables al evaluar
los efectos de nuestros hábitos sobre el medio ambiente.
Los ejemplos de esto son muchos: gran parte de las
series de luces con las que adornamos nuestros hogares
en estos días, las adquirimos en el mercado informal y
su calidad no es la óptima. Son productos (generalmente
de procedencia china) que, además de tener mala calidad
y de hacer un consumo inadecuado de la energía, duran
poco e incluso han sido causa de incendios y de otros
lamentables accidentes en hogares mexicanos.

Un incendio provocado
por un árbol de Navidad en un domicilio del
fraccionamiento Residencial del Bosque de la
delegación La Presa, en Tijuana, Baja California,
dejó un saldo de tres personas muertas:
Foto Antonio Heras / La
Jornada (30/diciembre/2011)
Mi sugerencia es remplazar las series de foquitos
convencionales incandescentes por las que llevan led
(o diodos emisores de luz). También, es ideal colocar un
timer para encender y apagar la iluminación por
períodos de tiempo determinados y, así, evitar el
costoso dispendio de electricidad. Recordemos que la
generación de energía eléctrica y, sobre todo, su
derroche, es una de las principales causas de las
emisiones de carbono a la atmósfera y del calentamiento
global.
La Navidad y, en general, las fiestas decembrinas son
siempre una buena oportunidad para demostrarnos a
nosotros mismos que podemos hacer un uso más racional y
sustentable de la energía, de los recursos naturales y
–en última instancia- de la economía.
Quiero pedir a nuestros radioescuchas que durante estas
fiestas de fin de año procuren no hacer fogatas o quemar
basura; esto afecta muchísimo a la calidad del aire que
respiramos y, en última instancia, a nuestra salud.
También, les invito a no usar cohetes o pirotecnia en
general, ya que, además de generar grandes cantidades de
humo, la contaminación auditiva –es decir, el ruido-
afecta seriamente a las personas, a los animales
domésticos (como los perros y los gatos), y a las aves y
demás fauna con la que convivimos.
Finalmente, vayan mis mejores deseos –para el auditorio
y para todos mis compañeros del IMER- para que estas
fechas estén llenas de parabienes, salud y prosperidad.
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