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Festejos ruidosos en el DF afectan la salud de seres vivos y a la convivencia social

En México tenemos el derecho y la libertad de creer y practicar nuestras convicciones; pero esto no tiene por qué ser un motivo para afectar los derechos y las libertades de los demás

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 29 de octubre de 2012.

 

Este fin de semana –la madrugada del domingo y durante todo el día-, en distintas latitudes de la Ciudad de México hubo festejos por parte de los devotos de San Judas Tadeo. Esta conmemoración, tan arraigada entre miles de capitalinos, implicó el uso de cohetones y de juegos pirotécnicos por más de 24 horas seguidas. 

Muchos amigos que, como yo, tienen perros en casa, me llamaron para comentarme lo alterados que se ponen estos –y otros- animales con el ruido de las detonaciones pirotécnicas; pero, también, para preguntarme qué autoridad civil puede intervenir para controlar la contaminación auditiva causada por los cohetones. 

De entrada, debo decir que –efectivamente- el uso de la pirotecnia afecta sensiblemente a muchos perros, a gatos y a otros animales domésticos; pero también altera la tranquilidad de otro tipo de fauna que vive en la ciudad (aves, pequeños mamíferos como los tlacuaches o las ardillas), y, sin lugar a dudas, a muchas personas que tienen baja tolerancia al ruido. ¡Vaya!, hay incluso quienes afirman (con bases científicas sólidas) que los árboles y las plantas sufren estrés por causa del ruido. 

Desde su creación, hace ya once años, la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del Distrito Federal (la PAOT) registra al ruido como una de las dos primeras causas de denuncia ciudadana. Este contaminante del medio ambiente (que algunos califican como el “contaminante olvidado”) es el responsable de serias afectaciones en la salud psicológica y física de las personas, pero sobre todo altera potencialmente la convivencia social. 

La solución para muchos de los problemas ambientales que hoy padecemos, radica en la educación cívica, en el respeto y en la consideración hacia los demás seres vivos y personas con las que convivimos. Afortunadamente, en México tenemos el derecho y la libertad de creer y practicar nuestras convicciones; pero esto no tiene por qué ser un motivo para afectar los derechos y las libertades de los demás. En el terreno de lo ambiental, como en muchos otros ámbitos de nuestra vida en sociedad, también aplica la máxima que inmortalizara el Benemérito de las Américas: “el respeto al derecho ajeno, es la paz”. 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón