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Transportes e industria requieren de un esfuerzo contundente para lograr eficiencia energética

 

Las acciones en materia de ahorro de energía se han centrado en el sector domiciliario y comercial, lo que resulta insuficiente

La demanda de energía se incrementará según vayamos alcanzando mejores niveles de bienestar y confort en México y el mundo

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 22 de octubre de 2012.

 

Ayer domingo -21 de octubre-, en distintos países e incluso en algunos estados de la República Mexicana (como en Veracruz), se festejó el Día Mundial del Ahorro de Energía. Ésta es una de esas conmemoraciones cuya paternidad no es muy clara (como las decretadas por la ONU u otros organismos internacionales), y tal parece que se trata de una iniciativa –por cierto, ampliamente acogida- nacida en las redes sociales.

El Día Mundial del Ahorro de Energía responde a la cada vez mayor conciencia entre la población sobre el futuro energético del planeta, donde el creciente consumo de electricidad y de combustibles fósiles está llevándonos de forma acelerada al aumento global de las temperaturas atmosféricas, y enfrentándonos al consecuente y devastador cambio climático. Afortunadamente, día con día, más sectores de la población mundial está tomando conciencia de que, para combatir el calentamiento global y el cambio climático, es necesario reducir dramáticamente nuestros actuales niveles de consumo energético y, consecuentemente, la producción de gases de efecto invernadero.

Creo que ya para nadie resulta descabellado escuchar que la causa de que, año con año, padezcamos graves fenómenos climáticos que nos afectan (como la sequía o las inundaciones), es precisamente el alto nivel de contaminación que estamos provocando en la atmósfera con nuestro desmedido uso de la energía. Más del 80 por ciento de la energía que utilizamos en México (y, prácticamente en la misma proporción, en el resto del mundo), proviene de la quema de combustibles fósiles, como el petróleo y el carbón. En el país, el sector del transporte es el que más energía consume (44%), seguido de la industria y la minería (28%), y de las actividades residenciales, comerciales y los servicios públicos (19%).

A la luz de estas cifras, resulta muy claro por dónde tenemos que caminar en el diseño e instrumentación de estrategias globales y nacionales para el abatimiento del calentamiento global y del cambio climático. Requerimos de sistemas de transporte más integrados y con un menor uso energético; necesitamos hacer más eficientes y limpios los procesos industriales y, desde luego, tenemos que ahorrar y mejorar la forma en que consumimos la electricidad y los combustibles en nuestros hogares y oficinas.

Es evidente que nuestra demanda de energía no decrecerá sino, por el contrario, aumentará significativamente según vayamos alcanzando mejores niveles de bienestar y confort para toda la población en las distintas regiones y países del mundo. Consecuentemente, es imprescindible que en las distintas naciones y, particularmente, en México comencemos a invertir en la ampliación de nuestros conocimientos y en la infraestructura de fuentes generadoras de energía limpia. El año pasado, el H. Consejo Universitario de la UNAM aprobó la creación de una nueva licenciatura en Ingeniería de Energías Renovables, como respuesta a los grandes retos energéticos y la problemática ambiental mundial.

Por su parte, algunas empresas en México (nacionales y extranjeras) instrumentan ya cambios sustanciales para el ahorro energético en sus procesos; pero lo cierto es que, a pesar de que el país cuenta ya con una Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (CONUEE) o con un Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica (Fide), en México no se ha vislumbrado –ni se perfila tampoco para el futuro próximo- una política pública clara y contundente en materia de tránsito hacia el uso mixto de energías no renovables y renovables.

Como he señalado antes, una quinta parte (el 19%) del consumo energético en el país se realiza en actividades residenciales, comerciales y en los servicios públicos. Es estimulante constatar que, en este sector, existen esfuerzos significativos para instrumentar medidas concretas para lograr la eficiencia energética (cambio de focos, uso de dispositivos ahorradores, etc.).

Ahora, toca al sector de los transportes, al de la industria y, por supuesto, al gubernamental, encabezar el compromiso para impulsar una verdadera transformación del país hacia el desarrollo sustentable.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón