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En la cumbre de Río+20, gobernantes no estuvieron a la altura de las expectativas de sus pueblos  

 

 

Ningún compromiso nuevo ni vinculante asumieron los gobiernos nacionales; en cambio, los compromisos voluntarios suman más de 500 mil millones de USDls

 

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 25 de junio de 2012.

 

 

El viernes pasado -22 de junio de 2012- concluyó en Río de Janeiro, Brasil, la Cumbre de la Tierra Río + 20 (o Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable). Esta reunión mundial sucede 20 años después de la histórica Cumbre de Río, de 1992, que sin duda ha sido la más importante e influyente de la que se tenga memoria en materia de desarrollo económico, social y medio ambiente. 

Hay consenso entre los analistas en señalar que, si bien hubo importantes avances en la reciente reunión de Río + 20, por otra parte, fue evidente el hecho de que los gobernantes de los alrededor de 190 países del planeta que acudieron a Brasil, no están hoy –al menos en su mayoría- a la altura de las expectativas de sus sociedades. Contrariamente a lo que se esperaría de un mundo globalizado, interconectado e interdependiente en incontables campos, en Río + 20 privaron los regionalismos y los intereses domésticos por encima de una visión integrada y planetaria del desarrollo y la sustentabilidad.  

Lamentablemente, los representantes de los gobiernos ahí presentes fueron incapaces de asumir compromisos para enfrentar la crisis ambiental planetaria (representada por el cambio climático, la desertificación, la pérdida de la biodiversidad, el deterioro de los océanos, entre otros); y esto es así debido, fundamentalmente, a que la mayoría de las naciones se encuentran hoy agobiadas tratando de resolver sus propias complicaciones económicas y financieras, la agudización de la desigualdad social y la corrupción, así como los impactos de fenómenos como el narcotráfico, el poder creciente del crimen organizado, la economía informal y el terrorismo. Este conflicto de intereses entre las distintas naciones hizo, sin lugar a dudas, muy difíciles las negociaciones y prácticamente imposible el lograr asumir compromisos marco –o generales- que impliquen a los elementos vertebrales de las economías locales o aspectos de política social que, en muchos casos, ni siquiera han podido resolver. 

Así las cosas, el documento final de la cumbre, titulado El Futuro que Queremos, no contiene nuevas obligaciones para nadie para hacer nada, ni mucho menos plazos para alcanzar –por ejemplo- reducciones en las tasas de deforestación o de emisiones de gases de efecto invernadero. Lo que sí refrenda Río + 20 es el compromiso que deben asumir las naciones para alcanzar –en términos muy generales- el desarrollo sustentable; para erradicar la pobreza; transformar patrones de consumo y producción insustentables; para trabajar por la conservación, regeneración y restauración de los ecosistemas, así como en el manejo integral y sustentable de la naturaleza. 

También es importante señalar que sí hubo resultados positivos de esta reunión, que convocó a más de 45 mil representantes de 190 naciones del orbe. Distintos gobiernos de países en vías de desarrollo, empresas privadas, organizaciones de la sociedad civil, universidades y la misma Organización de las Naciones Unidas, firmaron un conjunto de más de 700 compromisos voluntarios que, en términos económicos, significarán alrededor de 513 mil millones de dólares. Estos recursos y las acciones comprometidas, buscarán financiar planes y garantizar el acceso de todas las naciones a la energía, duplicar la eficiencia energética actual y aumentar el uso de fuentes renovables en todo el orbe. También, distintas instituciones bancarias hicieron el compromiso voluntario de financiar proyectos de transporte sustentable en países en vías de desarrollo, por un monto de 175 mil millones de dólares y hasta el año 2020.  

En fin, creo que sería injusto calificar como un fracaso a la reciente Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable en Brasil; hay logros, y muchos. Pero lo que sí es un hecho, es que los gobernantes del mundo no han asumido en esta ocasión el compromiso con la vitalidad y la seriedad con la que lo hicieran hace 20 años. Me parece que esto reitera lo que, día con día, estamos entendiendo cientos de miles de personas en el mundo: que cada uno de nosotros tiene en sus manos el cambio y que, como sociedad civil y sumándonos como actores colectivos alrededor de las mejores causas, podremos construir el mundo que reclamamos y que soñamos.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón