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Redes sociales, potenciales generadoras de acciones colectivas para la protección ambiental 

 

 

Así como el cerebro puede hacer cosas que ninguna neurona consigue por sí sola, las redes sociales logran lo que una persona no puede hacer en solitario: James Fowlder

 

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 4 de junio de 2012.

 

 

El surgimiento de las redes sociales virtuales, como Twitter y Facebook, y –en general- el vertiginoso desarrollo de las comunicaciones electrónicas durante la última década, ha generado transformaciones en todo el mundo cuyas implicaciones aún no evaluamos en toda su magnitud. Y es importante que así lo hagamos, pues existe la posibilidad real de que a través de estas redes sociales logremos detonar acciones colectivas que reviertan el deterioro ambiental y modifiquen, en una escala más significativa, los hábitos insustentables con los que estamos destruyendo al planeta. 

En América Latina, la llamada Revolución de los Pingüinos chilena es un espléndido ejemplo del potencial de las nuevas tecnologías de la comunicación, pero –sobre todo- de su capacidad para detonar y ordenar la acción de la colectividad en la búsqueda de fines comunes. Como recordará nuestra audiencia, en el año 2006 los estudiantes de secundaria de la capital y de otras localidades chilenas –más de 100 mil jóvenes de manera directa y otros 600 mil simpatizantes- iniciaron movilizaciones para exigir la transformación del sistema educativo en aquel país hermano. Más allá de los logros históricos de este movimiento social (llamado “de los pingüinos” por el uniforme de los jóvenes estudiantes), quiero destacar el hecho de que su enorme capacidad logística y de movilización radicó en la posibilidad de comunicarse entre ellos a través de una compleja red de dispositivos móviles.  

 

 

Más reciente, y en mucho como resultado del crecimiento de las llamadas redes sociales virtuales, el mundo ha presenciado la revolución democrática árabe en el norte de África (la llamada “Primavera Árabe”). Como lo sabemos, el levantamiento de los jóvenes estudiantes árabes está dando fin a los regímenes dictatoriales y militares de la región y abriendo paso a la instauración de libertades democráticas, cambios políticos, económicos y sociales, hasta ahora ausentes en la mayoría de aquellas naciones. También en España y, durante las últimas semanas, en México, hemos visto la movilización de decenas de miles de jóvenes y de personas de todas las edades, convocadas fundamentalmente a través de las redes sociales (Facebook y Twitter), para demandar mayores y mejores empleos, exigir libertades políticas o reclamar transparencia informativa y equidad a los medios de comunicación. 

El norteamericano James Fowler, estudioso y especialista de las redes sociales, de la Universidad de California en San Diego, ha señalado el enorme potencial que tienen herramientas como el Facebook o Twitter, para que las acciones individuales o aisladas puedan integrarse alrededor de objetivos colectivos y, con ello, desencadenar transformaciones o enfrentar emergencias (como bien podría ser la actual crisis ambiental, representada por el cambio climático). Fowler dice que “así como el cerebro puede hacer cosas que ninguna neurona consigue por sí sola, las redes sociales logran lo que una persona no puede hacer en solitario”.  

 

 

Es claro entonces que, para enfrentar muchos de los retos ambientales que hoy viven el mundo y nuestro país, la utilización de las nuevas tecnologías de la comunicación es fundamental. En México, algunos grupos ya lo están entendiendo así; por ejemplo, el pasado 22 de abril, miles de personas pertenecientes a distintas agrupaciones defensoras de los derechos de los animales –y convocadas a través de las redes sociales por el movimiento META  (México Ético en el Trato con los Animales)- se reunieron en el Zócalo capitalino para exigir la abolición de la crueldad y la muerte de los toros en la llamada “fiesta brava”. 

Entre muchas otras iniciativas presentes en las redes sociales, hay quienes fomentan la adopción y desalientan la compra de perros y gatos; otros promueven la compra y el consumo de productos orgánicos, y algunos más, divulgan temas de educación ambiental. En fin, creo que hay que poner mucha atención en las posibilidades y los alcances que nos están planteando hoy las nuevas tecnologías de la comunicación, como potenciales generadoras de acciones colectivas y conductoras del cambio económico, social y ambiental. 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón