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Contaminación visual
genera impactos en la salud, en la convivencia social y en el
medio ambiente
Exhorta Procuraduría
Ambiental capitalina a los partidos políticos para que cumplan
con la legislación en materia de publicidad exterior del DF
96% de la propaganda electoral colocada de manera ilegal en
equipamiento urbano, arbolado y otros sitios expresamente
prohibidos por la ley
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
13 de febrero de 2012.
Antes que nada, debo decir que es un verdadero privilegio estar
al aire hoy, el primer
Día Mundial de la Radio en la historia.
Cuando escuchamos el término “contaminación ambiental”, es común
evocar la polución causada por el humo de los escapes de
vehículos o el deterioro de la calidad del agua por las
descargas residuales de las cañerías urbanas. Sin embargo, la
mayoría de la gente no ve como un problema ambiental a la
contaminación auditiva o a la contaminación visual. Esta última
–la contaminación visual-, conlleva serias afectaciones a
nuestra calidad de vida y que muchos de nosotros ignoramos. La
obstrucción visual del espacio público y, desde luego, de los
señalamientos que nos indican cómo utilizarle o movernos en él,
frecuentemente provocan desorden, impedimentos al libre tránsito
y accidentes.
En el plano de la salud humana, está ampliamente comprobado que
la contaminación visual es motivo de desequilibrio mental o
emocional entre los habitantes de la ciudad, además de que
provoca estrés, dolores de cabeza y desconcentración (lo que, a
su vez, es causa de accidentes fatales –como atropellamientos y
choques). Y hablando de protección civil, también sabemos de la
caída de anuncios espectaculares causada por fuertes vientos
sobre personas y sus bienes.

La contaminación visual también tiene impactos ecológicos. Es
sabido que algunas especies animales son ahuyentadas por ella, o
que la colocación de anuncios y de otros elementos sobre el
arbolado urbano, por ejemplo, daña su normal desarrollo. En
términos del paisaje urbano, la publicidad exterior –principal
contaminante visual- es capaz de distorsionar la convivencia
social, obstruyendo símbolos culturales que dan identidad y
cohesión a las comunidades, o modificando el paisaje urbano en
detrimento de la calidad de vida. Todo esto ha sido motivo para
que, en agosto del año 2005, y más recientemente, en agosto del
2010, en el Distrito Federal se aprobara primero un Reglamento
para el Ordenamiento del Paisaje Urbano y, después, una Ley de
Publicidad Exterior. Desafortunadamente, el nivel de
incumplimiento a estos ordenamientos jurídicos ha sido frecuente
y hasta exagerado.
La semana pasada, la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento
Territorial del Distrito Federal (PAOT) dio a conocer que el 96
por ciento de la propaganda pre-electoral que, desde hace varias
semanas, ha invadido a la Ciudad de México está colocada de
forma ilegal –en consideración a lo estipulado por la Ley de
Publicidad Exterior del DF. A mediados de enero de este año, la
PAOT (que es una de las cuatro autoridades ambientales de la
capital) realizó un monitoreo a lo largo de más de 118
kilómetros de vialidades, corredores publicitarios y espacios
públicos, cuantificando un total de 6 mil 264 elementos de
propaganda electoral (mantas, pendones y carteles). En su
contundente mayoría, la propaganda política contravenía la ley
al ser colocada sobre árboles, obstruyendo señalamientos, sobre
semáforos y puentes peatonales. También en su mayor proporción,
los materiales con los que está hecha la propaganda electoral no
son reciclables.
El exhorto de la PAOT para que los partidos políticos respeten
el paisaje urbano y dejen de generar basura con su propaganda,
provocó que el Jefe de Gobierno del Distrito Federal asumiera el
compromiso de retirar de las calles toda aquella publicidad de
pre-candidatos que está colocada indebidamente. Esperemos que
así suceda.
Es importante que quienes aspiran a gobernar esta y otras
ciudades del país –o incluso a la nación entera-, no sólo
conozcan ampliamente y respeten las leyes que protegen los
espacios públicos y al medio ambiente. También, es
imprescindible que cuenten con la sensibilidad y los
conocimientos suficientes para entender los impactos que
fenómenos como la contaminación visual tienen sobre el
funcionamiento adecuado de las ciudades, en la salud humana y en
la convivencia social.
De igual forma, seremos una mejor sociedad en la medida en que
la ciudadanía deje de ver como hechos “normales” el que
cualquier persona, empresa o instituto político, se apropie y
contamine el espacio público en la persecución de sus intereses
particulares.
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