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No el cambio climático sino el modelo económico, es lo que tiene en la miseria a rarámuris en Chihuahua

 

 

La Sierra Tarahumara está siendo devastada por la extracción irracional de madera, la deforestación y la contaminación provocada por la minería

 

Penetración de consorcios nacionales e internacionales en mercados locales, transforma hábitos alimentarios y desmantela estructuras productivas locales

 

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 16 de enero de 2012.

 

La indignación es el sentimiento que con mayor fuerza ha aflorado en mí de cara a la atención mediática sobre la situación de pobreza extrema que vive el pueblo rarámuri, en la sierra de Chihuahua. Indignación por la superficialidad con la que se han abordado las causas que marginan a este pueblo y que, nuevamente, las perpetúa y les remite al olvido crónico. Pero más lamentable me parece el reduccionismo que hace el discurso oficial, en voz del Ejecutivo Federal, al atribuirle al “cambio climático” o a “las circunstancias ambientales”, todo el origen de la marginación y del hambre que injustamente hoy padecen los tarahumaras. El cambio climático y la sequía son, efectivamente, dos importantes componentes del deterioro de sus condiciones de vida; pero están mucho muy lejos de ser –como se nos ha presentado en la mayoría de los titulares- la principal causa del problema.

Los medios de comunicación, en su gran mayoría, poco o nada hablan sobre la deforestación de la que ha sido y está siendo objeto la Sierra Tarahumara. Quienes han visitado esta hermosa región, han constatado que en cada estación del tren se pueden encontrar camiones cargados de troncos de los pinos que se le están arrebatando a estos bosques. De ahí –de la Sierra Tarahumara- sale la madera de alta calidad que demandan empresas de la construcción en el mercado norteamericano o incluso en México, y cuya extracción no se hace en lo general de forma sustentable, sino –por el contrario- de manera irracional y en muchos casos incluso ilegalmente. También, poco se habla en los medios del desastre ambiental que está causando la minería en esta región de la sierra chihuahuense, donde la extracción de metales preciosos está incrementando la deforestación y la presencia de contaminantes propios de la actividad (como son los lixiviados con cianuro de sodio a tajo abierto).

 

Foto: Visit Mexico

 

 Según nos platica la periodista Manú Dornbierer –quien estuvo una temporada en la Sierra Tarahumara el año 2011-, los rarámuris dicen que “los pinos llaman al agua” y entienden con claridad que la sequía que hoy padecen, es la consecuencia de que el bosque (que les regaló su Dios Onorúame) esté desapareciendo a manos del “empresario que vive lejos”. ¿Así o más claro? 

Hace unos días comentaba con un amigo chihuahuense sobre la –en mi opinión- grave falta de inversiones productivas en la Sierra Tarahumara y, por otro lado, del dispendio que veo de importantes recursos en obras públicas que considero más bien ornamentales. Él argumentaba que la presente administración ha hecho una espléndida obra carretera en el estado y que, de alguna manera, la situación actual del pueblo rarámuri se explica, en mucho, además de la aridez de su territorio, por algo así como “sus atavismos culturales”. Con esto último desde luego que no coincido, pero en lo tocante a la obra carretera sí estoy de acuerdo; ésta es y ha sido generalmente un detonador de la integración económica nacional.

Desafortunadamente, la construcción de vías de acceso moderno a las regiones marginadas no ha significado siempre la integración ni la potenciación de los mercados locales en el mercado nacional. Por el contrario, han sido los grandes consorcios nacionales e internacionales los que sistemáticamente penetran a las economías locales, transformando los hábitos alimentarios de las familias, desmantelando las estructuras productivas tradicionales de comunidades enteras, así como extrayendo los recursos naturales y, en última instancia, vulnerando la seguridad nacional. 

 

 

Con todo respeto, disiento del discurso oficial. No es el cambio climático lo que tiene al pueblo rarámuri en la miseria que, morbosamente, exhiben y con la que lucran algunos medios de comunicación. Baste señalar que, en el mundo, más de 500 millones de personas viven en zonas desérticas (lo que no es el caso de la sierra Tarahumara) y que, a pesar de ello, son economías pujantes y robustas.  

Lo que a ésta y a otras comunidades de nuestro país (especialmente a las indígenas) les tiene en esta deplorable condición de pobreza, es la misma estrategia económica que ha provocado que una tercera parte del maíz que consumimos hoy sea importado; la que privilegia la canalización de recursos para obras de ornato y no así para fortalecer a las comunidades forestales y al campo mexicano. No hagamos del cambio climático el villano, el culpable de los errores que hemos acumulado históricamente y que hoy se vuelcan en nuestra contra. 

 

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