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Programa energético de FCH no fue consecuente con su discurso "combativo" en materia ambiental

 

Se priorizó el fomento, crecimiento y consolidación de un modelo energético basado en la extracción, producción, transformación y comercialización de hidrocarburos

 

Es momento de preguntar a quienes aspiran a relevar a los administradores públicos y a los actuales legisladores, cómo piensan enfrentar este enorme desafío

 

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 9 de enero de 2012.

 

En lo que significa un reconocimiento explícito al papel que juega la energía en el desarrollo sustentable, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas ha declarado al 2012 como el Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos. Se busca que los gobiernos y los pueblos de todo el mundo tomemos conciencia sobre la urgencia de incrementar el acceso de toda persona –de manera sustentable- a la energía; de mejorar la eficiencia energética y de promover el aprovechamiento de fuentes renovables en los ámbitos local, regional e internacional.

En el mundo, la falta de acceso a la energía significa un serio obstáculo al desarrollo social y económico de cualquier nación. Se estima que un total de mil 500 millones de personas en todo el planeta carecen de acceso a la energía moderna (como los son la electricidad y el gas); y que alrededor de 3 mil millones de seres humanos aún utilizan biomasa (es decir, madera, paja o carbón) para cocinar o como fuente de calefacción. La mayor parte de la energía que se utiliza para satisfacer las necesidades sociales y económicas proviene de las fuentes denominadas “no renovables” (como también lo son el petróleo y el gas natural).

 

 

De acuerdo con el más reciente informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), más del 85 por ciento de la demanda mundial de energía es cubierta por fuentes fósiles: petróleo y sus derivados (35%); carbón (28%) y gas natural (22%). En su conjunto, la producción de este tipo de energías es la responsable de más del 60 por ciento de los gases de efecto invernadero que están calentando nuestra atmósfera y, en consecuencia, provocando el cambio climático que ya padecemos en todo el mundo.

 En contraste, las fuentes de energía renovable –también llamadas “fuentes limpias” por su capacidad de autogenerarse y sus prácticamente nulos impactos en la naturaleza-, significan sólo el 13 por ciento de la demanda mundial de energía. Entre estas fuentes de energías renovables podemos señalar a la biomasa o la energía generada con elementos orgánicos derivados de los cultivos (10,2%); la energía hidráulica (2,3%); la energía eólica (0,2%); y la geotérmica y solar (0,2%). De acuerdo con el IPCC, las fuentes nucleares (cuestionadas hoy más que nunca antes por el reciente accidente de la planta de Fukushima, en Japón), cubren el 2 por ciento restante de la demanda energética del mundo. 

Ante este panorama, es urgente que la humanidad transite hacia fuentes generadoras de energía renovable, limpia. La ONU ha señalado que no será antes del año 2030, cuando las fuentes de energía renovable cubran el 30 por ciento de la demanda mundial. Si consideramos los efectos que está teniendo el calentamiento global sobre la vida del planeta, este pronóstico es –a todas luces- insuficiente y un verdadero desafío para la humanidad.    

 

 

A pesar de que el gobierno de México ha sostenido un discurso “combativo” (por llamarle de alguna manera) en materia de acciones para frenar el deterioro ambiental del planeta, los objetivos del Programa Sectorial de Energía 2007-2012 no fueron, en mi opinión, suficientemente consecuentes con esta posición. En esta administración se priorizó el fomento, el crecimiento y la consolidación de un modelo de seguridad energética basada en la explotación, la producción, la transformación y comercialización de hidrocarburos. Ello es entendible dada la magnitud de los recursos y de la infraestructura petrolera con los que, todavía hoy, cuenta el país. Sin embargo, el aprovechamiento de fuentes energéticas renovables ha sido, en mi opinión, pálido y escaso en materia de inversiones. Aunque han habido esfuerzos por parte de la presente administración para el aprovechamiento de la energía eólica (básicamente en la región de La Ventosa, en Oaxaca), no ha habido el vigor ni los recursos presupuestales suficientes para detonar inversiones y aprovechar el enorme potencial que tiene México no sólo para generar energía a partir del viento, sino también en materia de energía solar. 

El Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos es una buena oportunidad para preguntarnos qué podemos cambiar en nuestra forma de usar la energía eléctrica, el gas o la gasolina, para reducir nuestro impacto sobre el medio ambiente. Pero también, es el momento de preguntar a quienes aspiran a relevar a los administradores públicos y a los actuales legisladores, cómo piensan enfrentar este enorme desafío.

 

 

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