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Deseable mayor esfuerzo ciudadano para transformar hábitos contaminantes

 

Quema de cohetes y encendido de fogatas durante la Noche Buena contribuyeron al aumento de los niveles de contaminación del aire en el DF

 

El control y la prevención de la contaminación del aire de la Ciudad de México ha sido una de las políticas públicas ambientales más exitosas del país

 

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 26 de diciembre de 2011.

 

Las fiestas navideñas de este fin de semana nos han dejado consecuencias indeseables en la calidad del aire del Valle de México. Ayer domingo -25 de diciembre-, el Sistema de Monitoreo Atmosférico de la Ciudad de México (Simat) informó que las zonas noreste, sureste y noroeste de la zona metropolitana registraron “mala calidad del aire” al presentar 133, 106 y 101 puntos IMECA de partículas suspendidas. Este organismo de la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal ha advertido que, como consecuencia de la concentración de estos contaminantes en la atmósfera, la población con padecimientos respiratorios o cardiacos, los niños y personas de la tercera edad, pueden experimentar molestias de diferentes tipos e intensidades.

 A pesar de que la circulación de vehículos automotores en la ciudad ha disminuido sensiblemente con motivo de las fiestas de fin de año, la quema de cohetes y el encendido de fogatas durante la Noche Buena contribuyeron al aumento de los niveles de contaminación del aire (especialmente por las llamadas “partículas suspendidas”). Ésta no es una situación inesperada. De hecho, la Comisión Ambiental Metropolitana (en la que participan los gobiernos del Distrito Federal, del Estado de México y diversos organismos federales) advertía a principios de este mes sobre la posibilidad de experimentar contingencias ambientales en el Valle de México. Además de las condiciones atmosféricas y geográficas que propician que durante la temporada invernal se presente el fenómeno de la “inversión térmica”, es un hecho que nuestra manera de celebrar las festividades navideñas es un detonante para la mala calidad del aire en la ciudad. 

 

26 de diciembre de 2011

 

Las causas de la contaminación atmosférica decembrina están a la vista de todos nosotros: durante la primera quincena de este mes, hay muchísimos automóviles en las calles y –por el afán consumista de la época- se generan severos embotellamientos alrededor de las zonas comerciales; también, se incrementa el consumo de energía eléctrica para iluminación o para sistemas de calefacción. Pero, también, en algunos hogares se utilizan todavía las chimeneas; además, muchas personas encienden fogatas en las calles y los cohetes y los fuegos pirotécnicos siguen siendo un componente incrustado en muchas fiestas tradicionales de la temporada. Este último caso –el de los cohetes y los fuegos pirotécnicos-, también aporta a la presencia de otro contaminante, por cierto, muy peligroso para nuestra salud y la de otros seres vivos: el ruido. 

Sin lugar a dudas, el control y la prevención de la contaminación del aire de la Ciudad de México ha sido una de las políticas públicas ambientales más exitosas del país. Desde los primeros monitoreos rutinarios (realizados a finales de la década de los cincuenta y que medían visibilidad, acidez, partículas suspendidas totales y partículas sedimentables), hasta el actual Sistema de Monitoreo Atmosférico (SIMAT) –que construye un Índice Metropolitano de Calidad del Aire (IMECA) a partir de una compleja red física que mide la presencia de múltiples contaminantes-, se han registrado importantes avances tecnológicos en materia de combate a la contaminación del aire. 

Pero –en mi opinión-, lo más destacado de esta política pública ambiental ha sido, primero, el hecho de que la población cuente con información oportuna sobre la calidad del aire presente en el Valle de México, así como respecto de las medidas de contingencia ambiental; y, segundo, que un importante segmento poblacional –los propietarios de automóviles- participan activamente en su implementación a través del programa de verificación vehicular y el de “Hoy no Circula” (que opera desde hace ya 20 años). 

Es un hecho que hoy se registra una disminución histórica en la concentración de contaminantes y en el número de días con mala calidad del aire en la Ciudad de México. Gobierno y sociedad han actuado conjuntamente para lograrlo. Sin embargo, me parece que es deseable un mayor esfuerzo ciudadano para transformar hábitos contaminantes y que, en consecuencia, podamos respirar un aire más limpio en la capital y –por qué no- en otras ciudades del país.

Yo invito a nuestro auditorio a que se sume a una transformación sustancial de la forma en que conmemoramos los festejos de ésta y de otras épocas del año. Procuremos formas más inteligentes en el uso del transporte, en el consumo de la energía eléctrica o en el destino que le damos a nuestro dinero para adquirir productos y servicios. Si en esta temporada –o durante todo el año- deseamos tener un aire limpio en el lugar donde vivimos, evitemos prácticas como la quema de cohetes o, peor aún, de basura; no encendamos fogatas, ni hagamos un uso desmedido del automóvil o de la energía eléctrica. Asumamos plena y responsablemente la parte que nos toca para procurar un medio ambiente saludable. 

 

Para reportar la calidad del aire, el índice emplea cinco categorías:

  • BUENA. Cuando el índice se encuentra entre 0 y 50 puntos IMECA, la calidad del aire se considera como satisfactoria y la contaminación del aire tiene poco o nulo riesgo para la salud.
  • REGULAR. Cuando el índice se encuentra entre 51 y 100 puntos IMECA, la calidad del aire es aceptable, sin embargo algunos contaminantes pueden tener un efecto moderado en la salud para un pequeño grupo de personas que presentan una gran sensibilidad a algunos
  • MALA. Cuando el índice se encuentra entre 101 y 150 puntos IMECA, algunos grupos sensibles pueden experimentar efectos en la salud. Hay algunas personas que pueden presentar efectos a concentraciones menores que el resto de la población, como es el caso de personas con problemas respiratorios o cardíacos, los niños y ancianos. El público en general puede no presentar riesgos cuando el Imeca está en este intervalo.
  • MUY MALA. Cuando el índice se encuentra entre 151 y 200 puntos IMECA, toda la población experimenta efectos negativos en la salud. Los miembros de grupos sensibles pueden presentar molestias graves. En este intervalo se activan las Fases de Precontingencia y Contingencia Fase I del Programa de Contingencias Ambientales Atmosféricas (PCAA) del Valle de México.
  • EXTREMADAMENTE MALA. Cuando el valor del índice es mayor a 201 puntos IMECA, la población en general experimenta molestias graves en la salud.

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