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Jueces otorgan
amparo para evitar aplicación de norma oficial ambiental e
importar autos "chatarra"
Del año 2005 a la fecha han ingresado al país cerca de seis
millones de autos “chatarra”, y se sabe que tan sólo el año
pasado lo hicieron 470 mil unidades
En
Durban están reunidos representantes de 195 países, 12 jefes de
Estado y alrededor de 130 ministros de distintas naciones,
tratando de alcanzar acuerdos para reducir la emisión de gases
de efecto invernadero
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
5 de diciembre de 2011.
Es un hecho irrefutable que, a la mayoría de las más de 7 mil
millones de personas que habitan el planeta, el tema del
calentamiento global y el cambio climático si bien no les es
indiferente, sí le perciben como un fenómeno en el que tienen
poca o ninguna responsabilidad directa. En esta época de fiestas
navideñas esto es sumamente elocuente, cuando presenciamos
verdaderas hordas de frenéticos consumidores apoderándose de los
centros comerciales y comprando productos innecesarios, o al
constatar el derroche energético que caracteriza a esta
temporada.
Y no solamente como consumidores muchos seguimos sin asumir
nuestra grave responsabilidad ante el deterioro del medio
ambiente y la diversidad biológica del planeta; también, hay
personas en quienes la sociedad ha depositado importantes
encargos y que, a pesar de ello, no consideran el impacto de sus
decisiones públicas sobre el entorno natural del país, en la
salud de sus habitantes y en la del planeta en su conjunto. Un
ejemplo de esto es la decisión tomada recientemente por algunos
jueces mexicanos, quienes haciendo eco a las presiones e
intereses económicos de importadores de autos usados en la
frontera norte, han otorgado un amparo que suspende la
aplicación de la Norma Oficial Mexicana 041. Esta norma obliga a
quienes introducen autos usados a revisar y verificar el grado
de sus emisiones contaminantes, lo que ahora –por decisión de un
juez- ya no es un requisito y, desde luego, opera en detrimento
del medio ambiente en México.
Se calcula que, del año 2005 a la fecha, han ingresado al país
cerca de seis millones de autos “chatarra”, y se sabe que tan
sólo el año pasado lo hicieron 470 mil unidades. Cálculos
preliminares indican que, gracias al amparo que exime del
cumplimiento de la NOM-041 a los importadores de autos usados,
este año ingresarán al país alrededor de 600 mil vehículos que
no cumplen con los estándares ambientales o carecen de
dispositivos anticontaminantes.

En este contexto de sociedades con niveles de consumo
exacerbado, de Estados nacionales que, por un lado, presumen de
programas y acciones para combatir el cambio climático pero, por
el otro, utilizan recursos jurídicos para dejar de cumplir con
la normatividad ambiental, hace una semana –el 28 de noviembre-
inició (en la ciudad de Durban, Sudáfrica) la 17° Conferencia de
las Partes (COP 17) de la Convención Marco de las Naciones
Unidas sobre Cambio Climático y la Séptima Reunión de las Partes
del Protocolo de Kioto. Desafortunadamente, a Sudáfrica se llega
con resultados pobres con relación a los acuerdos logrados hace
un año en Cancún y, peor aún, si hacemos un balance de los
objetivos que planteó para el año 2012 el Protocolo de Kioto.
Hoy, lejos de reducir en un 5.2% la emisión de gases de efecto
invernadero que se tenían en el año 1990, éstas han aumentado en
más del 40% y, a partir del año 2000, crecen tres veces más
rápido de lo que lo hacían en los años noventa.
Hoy, mientras en Durban están reunidos representantes de 195
países, 12 jefes de Estado y alrededor de 130 ministros de
distintas naciones, tratando de alcanzar acuerdos para reducir
la emisión de gases de efecto invernadero y concretar fuentes de
financiamiento para realizar acciones urgentes, el cambio
climático avanza y resulta evidente hasta para los más
escépticos.
México es un ejemplo emblemático de lo que está sucediendo en
distintas latitudes del planeta. En Ciudad del Carmen, Campeche,
y en playa Paraíso, Tabasco, el mar ha avanzado en promedio dos
metros tierra adentro por la elevación del mar (Universidad de
Campeche, UNAM, Semarnat e INE); en estados como Sonora, Baja
California y el sur de Sinaloa, la temperatura se ha
incrementado en dos o tres grados centígrados en los últimos
diez años, con sus respectivas consecuencias en la actividad
agrícola y en la salud de la población. La peor sequía en más de
60 años afecta sensiblemente al norte y occidente del país,
haciendo a los bosques más vulnerables a las plagas. Autoridades
forestales del país registran ya daños en Oaxaca, Estado de
México, Chiapas y Baja California. En el Valle de México, hemos
padecido una sequía de casi seis meses y presenciamos una
reducción de más del 40 por ciento en el volumen total de las
lluvias.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
ubicó en el 2010 a México como el tercer país más afectado por
fenómenos meteorológicos atípicos (como huracanes e
inundaciones), y calculó pérdidas económicas del orden de los 5
mil 300 millones de dólares por estas causas. Para este año, el
2011, deberemos sumar los estragos de la sequía.
Ojalá que la crudeza de la realidad nos lleve a los mexicanos no
sólo a plantear agudos discursos en cumbres como la que hoy se
lleva a cabo en Sudáfrica; sino –sobre todo- a que asumamos la
responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros (consumidores,
servidores públicos, jueces o empresarios) en el combate al
cambio climático y la degradación ambiental.
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