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Deficiente manejo de residuos peligrosos en México pone en riesgo salud y seguridad de la población

 

 

Volúmenes incuantificables de aceites lubricantes, de baterías y acumuladores usados, de medicamentos caducos o materiales de curación usados son vertidos al drenaje o depositados en basureros diariamente y sin ningún control

 

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 14 de noviembre de 2011.

 

 

En muchas ocasiones hemos hablado en este espacio sobre los impactos que tiene en el medio ambiente y en la salud la generación excesiva, el mal manejo y la disposición indebida de la basura. Aquí se ha dicho que la acumulación inadecuada de residuos sólidos –sean éstos orgánicos o inorgánicos- constituye una importante fuente de enfermedades, de reproducción de fauna nociva y generadora de agentes infecciosos que afectan a la población.

 

También hemos insistido en el hecho de que la basura es una de las principales causas de la contaminación del suelo, del agua y del aire (pues ésta genera lixiviados, que son “jugos tóxicos” –por describirles de algún modo- que se infiltran en el terreno, perjudicándolo, e incluso alcanzando a los mantos freáticos y contaminándoles). Pero poco hemos hablado aquí de los residuos peligrosos, que son aquellos que por sus propiedades corrosivas, reactivas, explosivas, tóxicas, inflamables o biológico-infecciosas, requieren de un manejo especial. Se calcula que en el país se generan alrededor de cinco millones de toneladas al año de residuos peligrosos; es decir, algo así como el 20 por ciento del volumen total de la basura que producimos en todo el territorio nacional.

 

 

 

La legislación mexicana describe como “residuos peligrosos”, entre muchos otros: a los aceites lubricantes usados; disolventes orgánicos de desecho; convertidores catalíticos y acumuladores de vehículos que contienen plomo; baterías eléctricas a base de mercurio o de níquel y cadmio; fármacos caducos y residuos bilógico-infecciosos. Desde 1988, en la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, y más recientemente –en el año 2003-, con la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (reformada en 2006), los residuos peligrosos han estado sujetos a regulación. A pesar de ello, es un hecho que en México tenemos una muy deficiente infraestructura para el manejo, transportación y confinamiento o destrucción final de los residuos peligrosos. Pero sobre todo, se sabe que existe un sub-registro del universo real de generadores de este tipo de potenciales contaminantes en el sector industrial y comercial del país.

 

Es sabido que la petroquímica, la minería y la producción de electricidad, son los principales generadores de residuos peligrosos en el país (con más del 90 por ciento del total); pero también, existe una seria preocupación ante el hecho de que una considerable cantidad de este tipo de desechos tiene su origen en los hogares y en las oficinas. Volúmenes incuantificables de aceites lubricantes, de baterías y acumuladores usados, de medicamentos caducos o materiales de curación usados y que provienen de nuestros hogares, son vertidos al drenaje o depositados en basureros diariamente y sin ningún control.

 

La semana pasada supimos a través de algunos medios de comunicación y a través de las redes sociales, que la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del Distrito Federal (PAOT), en coordinación con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Procuraduría General de la República, presentó una denuncia en contra de quien resulte responsable, por el hallazgo de un depósito clandestino de residuos biológico-infecciosos en un campamento de limpia en la delegación Magdalena Contreras. Presuntamente, estos residuos hospitalarios –que representan un altísimo riesgo a la salud de muchos capitalinos- fueron depositados ahí por una empresa que da servicio a un hospital privado de la zona del Pedregal,  contraviniendo todas las disposiciones legales y, desde luego, porque lo pudieron hacer fácilmente y sin que ninguna autoridad tuviera control de ello.

 

En fin, es un hecho que todos los sectores en México –el industrial y comercial, de servicios e incluso en nuestros hogares y oficinas- tenemos un compromiso impostergable para realizar un manejo responsable y verdaderamente integral de los residuos peligrosos que estamos generando cotidianamente. Esto nos implicará un enorme esfuerzo de divulgación de información, de comunicación social, de educación y capacitación ambiental, así como el desarrollo de servicios de manejo y confinamiento final de residuos peligrosos que atiendan las necesidades de todo tipo de generadores y tan cerca de ellos como sea posible. ▄

 

 

 

 

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