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Guerra y conflictos
armados, causantes de severos daños ambientales en todo el mundo
La llamada "Guerra contra el Narotráfico", ya causa importantes
pérdidas en los bosques nacionales por conflagraciones y tala
clandestina
En
los últimos 60 años, al menos el 40 % de los conflictos armados
al interior de distintos países han tenido relación directa con
la explotación de recursos naturales
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
7 de noviembre de 2011.
Ayer domingo -6 de noviembre- se conmemoró el Día
Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio
Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados. Fue hace
diez años, en 2001, cuando la Asamblea General de la
Organización de las Naciones Unidas declaró esta fecha como un
recordatorio de la relación entre las conflagraciones armadas, y
el deterioro y la pérdida de los recursos naturales.
Y no se trata exclusivamente de los daños que las guerras causan
en los ecosistemas, sino que éstas son en una gran proporción
motivadas por la intención de explotar recursos naturales
valiosos o escasos como la madera, ciertos minerales, el oro o
los diamantes, e incluso la tierra fértil y el agua. De acuerdo
con datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio
Ambiente (PNUMA), en los últimos 60 años al menos el 40 por
ciento de los conflictos armados al interior de distintos países
han tenido una relación directa con la explotación de recursos
naturales altamente apreciados por su valor mercantil o por su
limitada disponibilidad.

A la fecha, la humanidad sigue contando a las víctimas de las
guerras en términos de heridos, de bajas militares o civiles; se
contabilizan pérdidas económicas y medios de vida destruidos
(como ciudades, vías de comunicación e infraestructura). Sin
embargo, el medio ambiente es una víctima que es frecuentemente
olvidada: bosques y ecosistemas son destruidos, tierras de
cultivo y cuerpos de agua contaminados, poblaciones de flora y
fauna abatidas. En un comunicado con motivo de esta fecha, el
Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, llamó a fortalecer
las capacidades nacionales para administrar los recursos
naturales de forma transparente, equitativa y sostenible, lo que
es una condición fundamental para mantener y consolidar la paz
mundial.
Los impactos negativos de la guerra sobre el territorio (y los
ecosistemas que habitan en éste) son conocidos –aunque no
reconocidos- ampliamente. La utilización desmedida y la severa
afectación de enormes superficies de terreno es la primera
expresión de esto. Según lo explica Antonio Elio Brailovsky, en
su obra La Contaminación y la Guerra, los ejércitos de
Alejandro Magno necesitaban apenas un kilómetro cuadrado para
ubicar a 100 mil soldados. Napoleón Bonaparte necesitó no menos
de 20 kilómetros cuadrados. En la Primera Guerra Mundial se
usaron 248 y, en la Segunda Guerra Mundial, fueron ya 4 mil
kilómetros cuadrados. Los ejércitos actuales son enormes
devoradores de espacio; requieren de, por lo menos, 55 mil 500
kilómetros cuadrados por cada 100 mil soldados en maniobras.
Sabemos que en estas operaciones militares es destruida la
vegetación y el hábitat natural de incontables especies; que el
suelo es erosionado y compactado, y que los cauces y
escurrimientos de agua son azolvados y modificados,
transformando radicalmente el paisaje original.
Es sabido también que los residuos de artillería y de ciertas
armas producen contaminación de suelo y agua, pues contienen
plomo, uranio empobrecido y otros residuos tóxicos. Por otra
parte, y como se vio en la Guerra del Golfo Pérsico, la
destrucción de infraestructura y la quema masiva de
hidrocarburos es capaz de producir efectos ambientales con
consecuencias muy negativas y prolongadas sobre el medio
ambiente y la población. Se dice que los incendios de 500 pozos
de petróleo durante la Guerra del Golfo Pérsico, lanzaron a la
atmósfera 3 millones de toneladas de humo contaminante. Debido a
los derrames de hidrocarburo al mar murieron más de 300 mil aves
marinas, se impactó una tercera parte de los manglares y –según
concluyó el World Resources Institute- los residuos
tóxicos de la Guerra del Golfo afectarán a la industria pesquera
local “por más de 100 años”.

El conflicto armado que hoy vive México (la llamada “Guerra
contra el Narcotráfico”) está teniendo ya sus graves
consecuencias ambientales. Tan solo recordemos que durante la
pasada temporada de incendios forestales, se perdieron enormes
extensiones de bosques nacionales porque brigadistas e incluso
algunas autoridades decidieron que no podían entrar a combatir
el fuego en territorios controlados por la delincuencia
organizada. Penosamente, lo mismo está sucediendo con la alianza
entre los tala montes y el crimen organizado, donde bosques
enteros en estados como Michoacán y Guerrero están
desapareciendo día con día, y ninguna autoridad parece estar
haciendo algo para frenar este ecocidio.
Ojalá que el Día Internacional para la Prevención de la
Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos
Armados nos invite a reflexionar sobre la estrecha
vinculación entre la industria de la guerra y la crónica
inviabilidad de las sociedades contemporáneas para alcanzar un
desarrollo humano sustentable. |