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Horario de Verano
reporta en el 2011 ahorros energéticos muy marginales
Campañas de sustitución de focos, cambio de refrigeradores y
aires acondicionados, han arrojado en su conjunto ahorros del
400 por ciento
A lo largo de estos 10 años, el Horario de Verano ha pasado
de significar el 8.2 por ciento del total de ahorro energético,
a sólo el 6.2 por ciento de energía evitada
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
31 de octubre de 2011.
Como muchos lo sabemos (y los que no se enteraron, a estas
alturas seguramente ya se dieron cuenta de ello), el día de ayer
concluyó el Horario de Verano en casi todo México y hubo
que retrasar el reloj una hora. Sólo en la franja fronteriza del
Norte del país, el horario de invierno entrará en vigor hasta el
próximo domingo 6 de noviembre. Durante cerca de siete meses –es
decir, desde el 3 de abril y hasta el 30 de octubre-, nuestro
país adopta, al igual que aproximadamente 70 países del mundo,
un uso horario al que se le denomina en inglés daylight
savings (o ahorros de luz de día). La idea fundamental de
esta medida es aprovechar de mejor manera la luz natural y,
consecuentemente, reducir de forma significativa el uso de
energía eléctrica para la iluminación.
En México, esta disposición se lleva a cabo desde hace 15 años
–en 1996- y si bien ha presentado variaciones en la magnitud de
los ahorros de energía logrados, es un hecho que sí trae algunos
beneficios no sólo en el plano económico sino, sobre todo, en el
cuidado del medio ambiente. Este año -2011-, los ahorros
alcanzados con la implantación del Horario de Verano
equivalen a los mil 31 millones de pesos y a 985
Gigavatios/hora; es decir, el total de energía que consumió el
estado de Campeche o el de Nayarit a lo largo del año 2011. En
términos de protección ambiental y de lucha contra el
calentamiento global, el Horario de Verano significó
evitar la emisión a la atmósfera de 657 mil toneladas de dióxido
de carbono (principal gas de efecto invernadero).
Sin embargo, por primera vez desde 1996 los resultados obtenidos
con el Horario de Verano este año no mejoraron respecto a
los del año anterior. De hecho, el gobierno federal ha
reconocido que, por primera vez, el ahorro energético en 2011 no
mejoró y se coloca en niveles ligeramente por encima a los
obtenidos en los años de 1996 y 2001. Esto se explica por un
aumento en la demanda de energía eléctrica en las zonas norte y
sureste del país, pero también –en mi opinión- por una pérdida
en la efectividad de la medida y en la claridad de sus
objetivos. Según lo ha explicado el Instituto de Investigaciones
Eléctricas, de la Secretaría de Energía, del año 2001 a la fecha
el Horario de Verano ha tenido un impacto muy marginal en
comparación con otras acciones de eficiencia energética.
En estos diez años, el ahorro de energía por la aplicación del
Horario de Verano registró un crecimiento del 56 por
ciento (con serias disminuciones o retrocesos de la tendencia,
como en el 2011); pero campañas como la sustitución de focos
tradicionales por lámparas ahorradoras, el cambio de
refrigeradores o equipos de aire acondicionado con mejor
desempeño energético, han arrojado en su conjunto ahorros del
400 por ciento. A lo largo de estos 10 años, el Horario de
Verano ha pasado de significar el 8.2 por ciento del total
de ahorro energético, a sólo el 6.2 por ciento de energía
evitada. Es evidente entonces que necesitamos diversificar
nuestros esfuerzos en la materia.
Como lo comenté la semana pasada en este mismo espacio y con
motivo del Día Mundial del Ahorro de Energía, la demanda
y el consumo energéticos aumentarán en la medida en la que los
niveles de bienestar se extiendan a toda la población.
Consecuentemente, disposiciones como el Horario de Verano
–o el Daylight Savings- reducirán, como ya está
sucediendo, su efectividad para el ahorro energético. Es
necesario que gobierno y sociedad, empresas y medios de
comunicación, escuelas y centros de investigación, coordinemos
esfuerzos y busquemos fomentar el cambio de hábitos entre la
población para tener un uso más racional y eficiente de la
energía.
Si hoy, con medidas realmente modestas y a veces hasta pálidas
(como la sustitución de electrodomésticos), se han logrado
ahorros energéticos muy superiores a los logrados con el
Horario de Verano, muy seguramente nos sorprendería ver los
resultados obtenidos con una alianza por la eficiencia
energética. Yo estoy convencido de que la aplicación del
Horario de Verano sí sirve y que es positiva; sin embargo,
no debemos limitar nuestros esfuerzos al ahorro de energía por
concepto de iluminación. Tenemos que hacer más: elegir aparatos
electrónicos con mejor desempeño energético; optar por
transportes más eficientes o generar menos desechos en nuestros
hogares, escuelas y oficinas.
Invito a nuestro auditorio a informarse de las mejores formas de
hacer que nuestro consumo y gasto energético reduzcan.
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